El racismo en el deporte, una pandemia sin vacuna

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El desprecio racista sigue sucediéndose en los campos de fútbol y, ante la pasividad de las autoridades, muchos jugadores encuentran como única solución la suspensión de los partidos en los que ocurra

Le voy a pedir un pequeño ejercicio de imaginación. Imagine que una mujer maltratada por su pareja, recibe como consejo de una amiga que aguante, que es su papel. Hoy, en el año 2021, resulta un tanto difícil pensarlo –aunque, por desgracia, no imposible-. Pues bien, de esta manera ilustra Sitapha Savané (exjugador senegalo-español de la Liga ACB de baloncesto) el racismo en el deporte. Jugadores objeto de insultos racistas son instados por sus compañeros a hacer oídos sordos.

En el programa de Gonzo, Salvados, Savané e Iñaki Williams (jugador del Athletic Club de ascendencia ghanesa) hablan sobre la xenofobia, no solo en sus respectivas disciplinas deportivas, sino en su día a día. El paralelismo lo realizan con Samuel Eto’o, quien sufrió en los terrenos de juego numerosos insultos racistas. La respuesta de sus compañeros fue convencerle de que siguiese jugando sin hacer caso al desprecio racista que sufría.
Williams fue, en enero de 2020, uno de los últimos casos al más alto nivel deportivo. Recibió, por parte de un sector de la grada del RCD Espanyol, gritos de “uh, uh, uh”, dándole a entender que le consideraban un mono. Un comportamiento a todas luces despreciable. El bilbaíno, dice en la entrevista, que sus compañeros, en caso de repetirse, abandonarán el terreno de juego en señal de protesta.

Esto último fue lo que sucedió en diciembre en un partido de Champions que enfrentaba al Paris Saint Germain frente al Istanbul Basaksehir. El cuarto árbitro del encuentro, indicándole al colegiado principal a quién debía amonestar con tarjeta amarilla, se refirió a Webó como “el negro de ahí”. Esto produjo una importante protesta que terminó con ambos equipos abandonando el partido, que se reanudó al día siguiente.

Neymar Jr. contra el racismo
Neymar, jugador del PSG, con una camiseta en contra del racismo | Fuente: SkySports

Otro caso reciente, en noviembre, lo protagonizó el jugador de Manchester United, Edinson Cavani. El uruguayo respondió en Instagram a la felicitación de un amigo cercano con un “gracias, negrito”. Quizá este sea el caso más controvertido. En su país natal, llamar “negrito” a alguien no es más que un apelativo cariñoso, como defendió en un comunicado la Asociación de Futbolistas del Uruguay. Para la Federación Inglesa (FA) se trató de un grave insulto racista. El problema se saldó con tres partidos de sanción para Cavani y una multa de nada menos que 110.000 euros.

¿El problema? La ausencia en el inglés del cariñoso término “negrito”. Cavani aceptó la sanción, no sin antes mostrarse en contra. ¿Hubo racismo de Cavani hacia su amigo o de la FA hacia la cultura uruguaya? Le dejo elegir a usted, aunque yo me decanto por la falta de entendimiento y, sobre todo, de comprensión.

Precisamente, en la Premier League, desde que comenzó el movimiento Black Lives Matter, jugadores, entrenadores y árbitros clavan una rodilla en el suelo durante unos segundos antes del pitido inicial. Un intento más por desterrar al racismo del deporte.

En definitiva, nos encontramos con múltiples casos conocidos e innumerables que no lo son. Y solo hablamos del deporte. Puede que estemos ante un problema tan pandémico como otros de los que se habla más. Una enfermedad cuya vacuna no se busca. Una venda en los ojos con la palabra educación tachada de principio a fin. Una presión asfixiante que cuesta vidas. Un sufrimiento que quien escribe estas palabras, cuya piel es blanca, es incapaz, si quiera, de llegar a imaginar.

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