El último banana shot

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Fuente: Flickr.com

Rafa Nadal pierde ante Djokovic después de tres horas de dura batalla

Ganar. Es curioso como una palabra tan simple de pronunciar y de escribir es al mismo tiempo lo más complicado en el deporte y más, si hablamos de tenis donde la cabeza y el cuerpo deben estar perfectamente unidos y funcionar al unísono si se quiere competir de verdad.

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Por eso resulta tan increíble para cualquier espectador ver a Rafael Nadal Parera. “Un día nos tiene que explicar Rafa que tiene en esa cabeza” decía Alex Corretja, y es que, aunque parezca una frase graciosa o un titular periodístico, en este contexto cobra un protagonismo absolutamente imprescindible para intentar algún día comprender, aunque sea de manera muy básica, cómo funciona la cabeza del tenista con la mentalidad más ganadora y fuerte de la historia de este deporte.

“Un día nos tiene que explicar Rafa qué tiene en esa cabeza”

Cuando llega Roland Garros, todas las miradas se centran de nuevo en él, del que ya posee una estatua en las instalaciones del prestigioso torneo parisino. Ni siquiera han esperado a que se retirase para rendirse ante tal bestialidad. Y es que 13 copas de los Mosqueteros no son precisamente pocas. Nos llega incluso a causar gracia oír a los jueces de silla cansarse al relatar en francés durante la presentación de cada partido, todos y cada uno de los años en los que el mallorquín se ha tirado al suelo a llorar en esa pista de ladrillo.

Porque cada vez resulta más complicado adjetivar las hazañas de Nadal, parece incluso que cada cierto día del mes de junio los españoles sufrimos una especie de dejà vu desde hace 15 años observando las portadas de los diarios deportivos del día siguiente.

No importa que lo haya pasado mal durante el año, si lo vivido durante esa temporada con Nadal hasta ese momento no ha sido bueno, es borrado al instante de nuestra mente, y es que la experiencia nos dice que cada vez que Rafa pisa esa arcilla roja, los rivales se ven simplemente, obligados a claudicar. Sí, con cierta resignación y dando lo mejor de ellos mismos, pero sabiendo y siendo conscientes que ganar a este hombre en la Phillip Chartrie solo sería comparable a pisar la luna.

Esencia Nadal

“Rafa siempre encuentra la forma de escaparse y ganar los partidos”. Muchos no nos paramos a pensar el significado de esta frase pronunciada por Diego Schwarztman tras ser derrotado por el mallorquín otro año más. Desde un punto de vista tenístico, resulta absolutamente lapidaria. Sería precisamente en el partido disputado entre estos dos grandísimos tenistas cuando se presenció uno de los puntos del torneo.

Nadal sacando. Fuente: Clubcampamentos.info Yann Caradec.

“Con Rafa tienes que ganar el partido siete veces”

Esa pelota define a la perfección “la esencia Nadal”, la idea de devolver siempre una bola más, de no dar por perdido absolutamente nada hasta el último segundo, de dar lo mejor de sí mismo en cada punto. Esas ansias por ser mejor y derrotar a tu rival en cada torneo.

Esa filosofía tenística y de vida es la que lleva a Nadal a intuir la dirección y correr hacia esa esquina, que tantas veces le ha visto hacer lo mismo, para responder a un smash que la mayoría de nosotros, habría dado como inalcanzable.

Pero esta vez, en las semifinales, tocó ver la otra cara de la moneda. Esa que solo había tenido que ver dos veces en su carrera. La primera en 2009 contra un Soderling ya caído en el olvido y la segunda en 2015, también contra el gigante serbio.

Derrota de Rafa

Solo un Djokovic, en modo “seta gigante” del Mario Bros, ha conseguido vencer a nuestro protagonista en unas semifinales históricas. Eso sí, no después de tres horas de auténtica guerra tenística.

Nadal se marchó de París con una ovación sin precedentes por parte del público. Todos los españoles nos fuimos a dormir apenados y tristes, pero también con la sensación de estar absolutamente representados y orgullosos por lo que nuestro ídolo había hecho en esa pista.

“Solo un Djokovic en modo “seta gigante” ha conseguido vencerle en unas semifinales históricas”

No sé cuánto tiempo durará este sueño de verle ganar, no sé la gasolina que le quedará a Rafa para continuar siendo el mejor de todos los tiempos. No puedo adivinar el futuro, pero sí se que hasta el último día, disfrutaré viendo ese último “banana shot”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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