Antoine y una vuelta innecesaria

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Fuente: Wikipedia Commons

Antoine Griezmann regresa al Atlético de Madrid dos años después de su polémica salida.

Sentimientos encontrados

Nadie se lo esperaba. Cuando el pasado martes, último día de mercado, se empezó a rumorear la muy posible vuelta de Antoine Griezmann, los atléticos se encontraron de repente, ante una guerra de sentimientos difícil de gestionar.

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Todavía es muy reciente la manera en la que el francés abandonó el Wanda Metropolitano. Por la puerta de atrás, con un vídeo cutre, preparado en cinco minutos y después de reírse de todos los aficionados atléticos, Antoine anunciaba su salida al Barcelona.

Más allá del contenido, que todo el mundo puede llegar a entender en un momento determinado, si por algo se caracteriza la afición atlética es por las formas. Y sino que se lo digan al Kun Agüero. Ese día Griezmann pasó de ser el ídolo absoluto al villano más despreciado y su tan bonita historia, quedó manchada, olvidada y al mismo tiempo eclipsada por la llegada de un niño portugués de diecinueve años que en el campo no deja indiferente a nadie.

A nivel puramente futbolístico, su rendimiento como atlético fue incuestionable y muy difícil de repetir en un futuro próximo. Pero la realidad es que llega a un equipo que ha logrado ser campeón de Liga sin él y practicando un fútbol mucho más ofensivo, goleador, directo y convincente que en todos sus años de rojiblanco.

“Su tan bonita historia, quedó manchada, olvidada y al mismo tiempo eclipsada por la llegada de un niño portugués de diecinueve años que en el campo no deja indiferente a nadie”

Fuente: Creative Commons

Innecesario, realmente innecesario

Ante esta guerra desatada, creo que la palabra más adecuada es “innecesario”. No hacía falta generar esta guerra civil en la afición, el equipo no demandaba la contratación de un jugador como él y menos, si el coste de oportunidad era la salida de un canterano como Saúl y servir de muralla de hierro para João Félix. Demasiado dolor en el estómago para tan insípida recompensa.

Nadie cuestiona que el Cholo tenga motivos para pedir la vuelta del que ha sido su jugador franquicia y ninguno pone en cuestión que la gestión económica (quién lo iba a decir hace unos años) de Gil Marín ha sido realmente brillante, pero hay ocasiones en las que, para dar segundas oportunidades, no solo bastan los sentimientos.

Hace falta voluntad, arrepentimiento, formalidad y respeto por la institución. Antoine nunca lo tuvo, más bien al contrario, utilizó su posición y al club para llegar a donde siempre quiso llegar porque bajo el lema de “quiero ganar más títulos” todo vale.

Hay ocasiones en las que, para dar segundas oportunidades, no solo bastan los sentimientos

Así no funciona el Atlético de Madrid. Porque si hay algo por lo que los rojiblancos se diferencian del resto del mundo es precisamente por el sentimiento, por la pasión, por el amor a unos colores que no se negocian, por no pisar el escudo grabado en el césped, por morir en el campo cada vez que te pones la camiseta a rayas rojiblancas o por esa grada que hace temblar todo el estadio con sus gritos y cantos.

Y eso, el señor Gil Marín lo ha subestimado. Lo ha colocado por debajo de lo deportivo, por debajo incluso de la repercusión económica que Antoine puede generar volviendo al Wanda como local. Algo cuanto menos cuestionable.

Pero ahora solo depende de él, de sus declaraciones, de su actitud y sobre todo de sus goles. Van a ser unas semanas muy duras para Antoine, nadie se lo va a poner fácil. La pitada que se espera en su primer partido no va a ser sencilla de aguantar.

La gente no olvida, pero puede llegar a perdonar. Solo él va a poder convertir una vuelta innecesaria en una vuelta heroica.

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