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Santiago Sánchez Cogedor, desde Alcalá de Henares a Qatar andando

Santiago Sánchez Cogedor, camino a Qatar. | Fuente: Instagram Santiago Sánchez Cogedor

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Santiago Sánchez recorrerá 15 países y más de 7.000 kilómetros

Es aficionado del Real Madrid y le gusta viajar. El fútbol le ha servido de excusa para sus viajes, aunque todo comenzó con un sueño: salir y conocer el mundo. En 2019, Santiago Sánchez fue desde Alcalá de Henares a Arabia Saudí en bicicleta y en el viaje de vuelta, vivió cinco meses en un campo de refugiados. El 8 de enero de 2022 irá andando desde Alcalá de Henares a Qatar para motivar a otras personas.

La historia de Santiago Sánchez Cogedor merece ser leída y escuchada. Santiago se define a sí mismo como “un loco que hace caso a su corazón y a su instinto”. Hace esas cosas que no se enseñan en el colegio, pero que aprendes cuando sales de tu lugar de confort y viajas. No tiene miedo al resultado final porque como él mismo dice: “Si haces algo de corazón y pensándolo, es muy difícil que hagas algo mal”.

Muchas veces le han llamado loco y pocas personas le han apoyado. “Me pusieron tantos no y tantas barreras verbales que me formaron murallas. Gracias a no escucharlas he llegado a conseguir mis sueños y a alcanzar mis metas”, afirma. Cuando alguien le dice que no, él lo tiene muy claro: “Cuando me dicen esos no, yo los escucho, pero al final, decido yo”. No le gusta que le den consejos, ni tampoco darlos. Simplemente le gusta gastar su tiempo en lo que de verdad quiere y expresar su lado aventurero.

“Me pusieron tantos no y tantas barreras verbales que me formaron murallas. Gracias a no escucharlas he llegado a conseguir mis sueños y a alcanzar mis metas”

Santiago es aficionado del Real Madrid y le gusta viajar. Junto con su amigo Maravilla Martínez, el boxeador, ha recorrido muchos lugares de Estados Unidos. Muchas veces el fútbol le ha servido como excusa para ir a los rincones más austeros. “Fui a Brasil, a un orfanato de voluntario. Luego me recorrí toda Sudamérica durmiendo en iglesias, en estaciones de bomberos…”, a pesar de que su lado viajero comenzará en 2018, allí vivió cosas que siempre recordará. “En el orfanato vi cosas que me cambiaron la mente, me di cuenta de que tenía que valorar cualquier cosa por pequeña que fuera”, declara.

Fue en el viaje de vuelta cuando todo comenzó con un sueño: “Me quedé dormido. Mi sueño era salir, conocer el mundo, que no me lo cuenten ni verlo en la tele”. En ese año se despertó algo en él. En 2019 decidió que quería hacer una “locura”, ir desde Alcalá de Henares hasta Arabia Saudí en bicicleta para ver la Supercopa de España: “Me apetecía hacer un viaje en bicicleta. Quería ser el de las fotos, emocionar con mis gestos y mis actos a mis amigos”. El motivo por el que decidió hacerlo en bicicleta lo tiene claro: “Era sostenible, no contaminaba, vas a una velocidad en la cual puedes disfrutar”.

El partido era su excusa, porque lo verdaderamente importante estaba en el camino y lo que se llevó del viaje: “Me llevé los corazones que llené. Un aprendizaje continuo, noches de soledad, días en los que tuve que perderme para encontrarme conmigo mismo. Aprendí a que se puede vivir con poco”. El Real Madrid ganó aquella Supercopa, aunque el camino de vuelta le tenía reservada una sorpresa aún mayor: “Escuché noticias de un virus muy malo. Estaba en Turquía, el visado se me caducaba y mi corazón y mi instinto me dijeron que me cruzara, que me cambiara de país”.

Santiago Sánchez Cogedor junto con la familia del campo de refugiados. | Fuente: Instagram Santiago Sánchez Cogedor

Santiago cruzó hasta Grecia en barco, entró en el puerto de El Pireo y allí se encontró con un chico argentino, que ya había conocido al principio de su viaje: “Empezamos a pedalear hacia el norte y estuvimos 17 o 20 días acampando, plantamos un árbol, una aventura”. Entonces, les llegó la noticia de que el coronavirus se iba haciendo cada vez más fuerte hasta que llegó el punto que bloquearon el país de Grecia y decidieron ocultarse. “Terminé en un apartamento, pero era muy caro y se me estaba quedando sin dinero. Metí todas las cosas en la bici de nuevo y me puse a pedalear hacia el norte. Allí me volví a encontrar con el chico argentino”, afirma.

La policía retuvo al chico argentino, mientras Santiago decidió quedarse en las montañas: “Pasó un chico griego, y me dijo que me hospedaba. Me fui a su casa, él tenía un bebé, me hizo las copias de las llaves y yo era uno más en el pueblo”. Policastro (Grecia) era un lugar muy caliente de cara al refugiado y otra vez, el corazón y el instinto de Santiago, le hicieron tomar una decisión que cambiaría su vida: acercarse a un campo de refugiados. “Cuando me acerco veo a unos chicos, nos saludamos en árabe y terminé con una sonrisa. Hacen un gesto de si podían coger mi bicicleta, y les digo que sí”, declara.

Al rato, ese chico volvió súper agradecido de que alguien de Europa les prestara atención y le sugirió algo que Santiago nunca olvidará: “Me dijo que me invitaba a tomar el té. Me encogí de hombros y dije que vale. Ese té me costó cinco meses de mi vida”. El té era en un container donde vivía una familia. Santiago entró al campo de refugiados por un agujero que había en la valla y allí estuvo viviendo durante cinco meses. A la pregunta de porqué se quedó tanto tiempo, él lo tiene claro: “¿Por qué no?” Empezó a organizar torneos de fútbol, a darles clases de boxeo. “Fue un antes y un después en mi forma de ver la vida, en mi forma de valorar y de hacer las cosas”, expresa.

Cada vez que echa la vista atrás se le arruga el alma. El niño que le acogió tenía 14, 15 años porque no sabía exactamente qué día había nacido, a su padre le mataron los talibanes. “La niña pequeña, Banasfshe, me decía llorando porqué no querían jugar con ella los niños griegos, que por qué ella no podía estudiar o tener una vida digna, que quería ser médico, que quería sonreír y ayudar a otras personas como yo”, afirma. Hay otra frase que también se le quedó grabada: “Banasfshe me decía que en España los aviones traen turistas, pero en su país los aviones tiran bombas”. Esa era su realidad, su historia. Santiago se sintió un refugiado más. En su despedida le dieron las gracias por el tiempo que había pasado con ellos y porque les había hecho sentir dignos.

“La niña pequeña, Banasfshe, me decía llorando por qué no podía tener una vida digna, que quería ser médico, quería sonreír y ayudar a otras personas como yo”

Ahora, Santiago se enfrenta a una nueva “locura”, el 8 de enero comenzará su viaje. Irá desde Alcalá de Henares a Qatar caminando, 15 países y más de 7.000 kilómetros le esperan. “Cuando lleguemos a los sesenta, cuando nos miremos al espejo y echemos la vista atrás diremos, ¿qué he hecho con mi vida? ¿Por qué no lo intenté?”, afirma. Santiago tiene clara su respuesta: “Porque el día de mañana poder decir «lo logré» o «no lo logré», pero al menos lo intenté”.

Tiene muy claro cuál es el objetivo de su viaje: “Para motivar e inspirar a personas, para llegar a muchos corazones, a más familias, para demostrar que las barreras y las fronteras más grandes están en la mente”. Su camino tendrá un fin solidario: “La naturaleza es mi habitación y el alquiler que yo pago será recoger esos plásticos, esos residuos”. Además, volverá a hacer felices a los más pequeños: “Llevo una nariz de payaso en el carro, iré a orfanatos y a fundaciones. Se trata de sumar y de avanzar a mi alrededor”.

Santiago Sánchez Cogedor buscará hacer sonreír a los niños. | Fuente: Instagram Santiago Sánchez Cogedor

Después de llegar a Qatar, de ver el Mundial, y ojalá celebrar que España es de nuevo campeona del mundo, comenzará su viaje de vuelta. Santiago volverá sobre sus pasos y su idea es ir plantando árboles por los sitios por donde haya pasado. “Voy a plantar más árboles que días estaré fuera de mi país”, declara.

De sus viajes se ha llevado muchas cosas. Aunque si se tuviera que quedar con una, lo tiene muy claro: “Lo más importante que aprendí es lo que desaprendí. Tener y acumular cosas materiales no es lo más importante y a superarte a ti mismo sin pisar ni envidiar a nadie”. Antes de acabar la entrevista le pedí a un último consejo. A pesar de que a él no le gusta darlos se atrevió con uno: “El consejo que puedo dar a alguien es que escuche a su corazón, que persiga sus sueños, que la vida se escapa y que mañana puede ser tarde”.

Él a cambio me pidió un favor, que plasmara la charla según me había llegado al corazón y que continuara con la cadena de favores: “Con que una sola persona pille lo que estoy contando, es suficiente”. Su conclusión es clara: “He tenido mucho baches, muchas murallas verbales, pero gracias a esos no hoy puedo decir que llegué a la cima y que clavé bandera”.

Gracias Santiago y buen viaje.

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