El impacto de las redes sociales en la política

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Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Desde su creación en 2006, Twitter no ha dejado de crecer hasta consolidarse en la actualidad con más de 300 millones de usuarios. Junto con el resto de redes sociales su impacto en la sociedad ha sido colosal, y la política no es una excepción. Este impacto no lleva sino a preguntarnos acerca de las consecuencias de este cambio en la democracia, ¿es positivo el uso de las redes sociales para la democracia?, ¿suponen un cambio en el escenario político o solo fomentan las dinámicas preexistentes? Hablaremos de la pérdida del rol del periodista, de la influencia de las redes en la comunicación a través de bots o las cámaras de eco. 

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Las redes sociales tienen unas características que las diferencian de los medios de comunicación tradicionales y por las cuales han cambiado el modelo de información. En primer lugar, permiten el acceso a la información las 24 horas del día: según el Informe de Juventud en España de 2020, los jóvenes se informan más a través de las redes sociales que a través de los medios tradicionales. 

Otra muestra de ello es la investigación, #Política, realizada por la agencia de investigación El Departamento y comisionada por Twitter España, según la cual “siete de cada diez usuarios reconoce que Twitter le permite conocer de primera mano, y antes que ningún otro medio, decisiones o declaraciones de los políticos, y ofrece la posibilidad de seguir en directo y en tiempo real momentos políticos clave.”

Además, no podemos eludir el hecho de que las redes sociales están controladas por empresas privadas. Es más, estas entidades tienden a la monopolización al fagocitar unas a otras. Así, la información pasa a estar regida por las normas del mercado y son los datos de los usuarios la moneda de cambio para el acceso a la misma.

Todas estas características suponen un cambio de paradigma en el modelo de comunicación y repercuten en los políticos. En estos últimos meses hemos visto dos casos paradigmáticos: el pasado 11 de abril, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau dejaba Twitter para centrarse en hacer buena política, “para alejarse de la confrontación estéril”. Además, en enero Twitter anunció el bloqueo de la cuenta Donald Trump, una de las principales herramientas comunicativas del ex presidente, alegando que este alentaba la violencia. 

Fuente: Twitter

Pérdida del rol del periodista

En tercer lugar, esta nueva forma de acceso a información debilita el rol que tradicionalmente han llevado a cabo los periodistas: filtrar la información, contrastarla o dirigir la atención pública a determinados elementos. Así, dado que los usuarios tienen un acceso más directo a la información hay una pérdida de autoridad de la figura del periodista. Esto, sumado a la amplia difusión de fake news (que ha aumentado a pesar de las medidas tomadas por la aplicación) ha dado lugar a la desconfianza de la población. 

Por otro lado, las redes sociales al hibridarse con otros medios de comunicación y ganarles terreno han permitido que el control de la agenda política se democratice; es decir, han permitido que la población a través de sus teléfonos móviles participe en la conversación pública y determine qué le interesa, quizá mediante un trending topic, trayendo a colación temas que previamente pasarían desapercibidos. 

Bots en el debate político

Otra de las dificultades que presenta el uso de las redes sociales es la creciente aparición de bots. Los bots son aquellas cuentas que están automatizadas. Pueden ser muy eficaces, sin embargo normalmente la referencia a ellos remite a su uso con fines maliciosos; desde tácticas de spam hasta la manipulación de conversaciones públicas. Así, el objetivo de los partidos políticos al usarlos es amplificar una opinión política, aumentar la influencia o controlar la agenda política. Es precisamente uno de los argumentos de Colau para dejar Twitter: “perfiles falsos y anónimos que intoxican e incitan al odio, muchos de ellos incluso comprados con dinero por la extrema derecha”.

En definitiva, este tipo de prácticas que han surgido con las redes sociales como medios de comunicación pueden ser peligrosas al modelar la conversación pública. Aunque son difíciles de detectar, sí que se puede estar atento a comportamientos sospechosos, como cuando en 2014 Rajoy aumentó en un solo día 60 mil seguidores; o cuando la cuenta de Pedro Sánchez ganó 80 mil en 2015. 

Cámaras de eco

Las cámaras de eco son un proceso por el cual reforzamos nuestras opiniones siguiendo perfiles cuya visión se parece a la nuestra, o mediante el funcionamiento del algoritmo, que recomendará aquellas cuentas que sean de interés para el usuario; es decir una exposición selectiva y parcial a la información. Así, se produce un respaldo de las opiniones personales. Este fenómeno es el mismo que antes de la existencia de las redes llevaba a alguien a comprar El País en lugar de El Mundo, o viceversa. Sin embargo las redes amplifican las cámaras de eco con la posibilidad de acallar cualquier voz que difiera de nuestras opiniones.

Pablo Simón, en la charla titulada Redes sociales y democracia, un arma de doble filo que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes el pasado fin de semana; resumió en una frase que considero muy acertada las cámaras de eco: “estamos a un click de nuestros prejuicios”. Muchos expertos sostienen que por este motivo la polarización está más presente en las redes sociales. 

Las redes y la movilización ciudadana

Por no acabar con mal sabor de boca, cabe decir en favor de las redes que abaratan los costes de participación política, por lo que promueven la participación política. Sin ellas no hubiesen sido posibles movimientos tan importantes como lo fue el 15M; el #MeToo en 2017; o el #BlackLivesMatter el pasado año entre muchos otros. 

En conclusión, las características de las redes sociales han cambiado de forma acelerada la manera de acceder a la información así como la arena de discusión política.  Sin embargo, no podemos olvidar que las redes no son más que una herramienta, que como todas las demás, tiene consecuencias según la forma en la que sea utilizada. 

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