La crisis migratoria se intensifica en el Canal de la Mancha

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La tensión entre Reino Unido y Francia sigue en aumento

En las últimas semanas, el tráfico de migrantes que buscan alcanzar las fronteras de Reino Unido desde Francia, atravesando el Canal de la Mancha, ha crecido de manera considerable. Aunque este problema no es una novedad, la situación ha empeorado radicalmente en agosto y septiembre, agudizando una crisis que está poniendo a prueba las relaciones entre los gobiernos de Londres y París.

Las cifras hablan por sí solas

Según datos del propio Ministerio del Interior británico, 14.000 personas han intentado cruzar el canal de la Mancha en lo que va de año, en embarcaciones cada vez más precarias. Esta cifra ya es superior a la registrada en todo el año 2020. Los picos más altos por días siguen aumentando, con un récord de 1.000 personas el lunes 6 de septiembre, que superó a los 828 de finales de agosto.

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Ante esta crecida en la oleada de migrantes, el gobierno británico ha adoptado un lenguaje mucho más agresivo contra Francia, país al que culpa de no cumplir con sus responsabilidades. Y es que la Ministra del Interior de Reino Unido, Priti Patel, así como el propio Boris Johnson, necesitan aplacar los ánimos del sector más conservador de su partido, que espera soluciones inmediatas a esta crisis. Además, es importante recordar que el proyecto del Brexit se asentó, entre otras muchas bases, en una promesa de control férreo de las fronteras. Esta idea, que ha sido especialmente cultivada por Patel desde que ocupara el cargo, coloca las cifras en contra de Downing Street a los ojos de sus votantes.

Mapa de las principales rutas de migrantes en el Canal de la Mancha. Fuente: Elaboración propia
Mapa de las principales rutas de migrantes en el Canal de la Mancha. | Elaboración propia

Reino Unido se blinda ante la inmigración

Para atajar su plan de control fronterizo, Reino Unido impulsó a principios de verano un proyecto de ley bajo el nombre de Nationality and Borders Bill. Esta reforma incluía un aumento en las sanciones penales por entrada irregular en el país, complicaba la estancia de los solicitantes de asilo dentro de las fronteras británicas, e incluso planteaba la posibilidad de trasladarlos a centros fuera de Reino Unido mientras se tramitaban sus peticiones. Aunque el proyecto no encontró apoyo suficiente en el Parlamento (ni siquiera entre las filas del partido conservador), una propuesta de estas características deja entrever que el gobierno de Johnson hará uso de todas las medidas a su alcance para blindarse contra la inmigración.

En las últimas semanas, y con este mismo propósito, Reino Unido ha comenzado a esgrimir la idea de las «devoluciones en caliente» en sus conversaciones con Francia. El pasado 9 de septiembre, la ministra Patel aseguró que quiere permitir que las fuerzas de seguridad británicas apliquen «una táctica de retroceso» sobre las embarcaciones de migrantes. Como su propio nombre indica, esta táctica implica que la Fuerza Fronteriza Británica se encargue de hacer retroceder a todos los barcos que transporten migrantes en el Canal de la Mancha, hasta devolverlos al área costera francesa. Una vez allí, serían las autoridades costeras francas las encargadas de decidir qué hacer con dichas embarcaciones y sus ocupantes.

Burocracia y falta de soluciones

La tensión entre ambas naciones alcanzó un nuevo pico cuando el pasado 8 de septiembre, Priti Patel aseguró, horas antes de reunirse con su homónimo francés en la cumbre sectorial del G7, que retiraría los fondos cedidos a Francia para el control de su frontera si la situación no mejoraba. Y es que ambos países acordaron a principios de año una partida de 60 millones de euros, por la que Francia se comprometía a reforzar la seguridad y el control en sus costas en el canal. “Se trataba de pagar por un resultado, y no estamos viendo ese resultado. El dinero era condicional”, declaró la ministra británica sobre esta cuestión.

Desde Francia, las reacciones no tardaron en llegar. El ministro del Interior francés, Gérald Darmanin, aseguró en un tweet que Francia no caería en ningún tipo de chantaje financiero; y que ante todo respetaría el derecho marítimo. En esta misma línea, y ante las acusaciones del gobierno británico, el diputado por Calais, Pierre-Henri Dumont, declaró que “es imposible tener policías cada 100 metros debido a la longitud de la costa”, y que por este mismo problema, nada podía detener a todas las embarcaciones de migrantes.

 

Desde las organizaciones benéficas acusan al gobierno británico de no tener un enfoque realista de la situación y plantear soluciones alejadas de la realidad. En palabras de Tim Naor Hilton, director de la organización Refugee Action, para BBC, «el gobierno debe proporcionar más rutas seguras, como planes de reunión familiar, visas humanitarias y un compromiso a largo plazo para reasentar a 10.000 refugiados al año«. 

Varias de estas asociaciones, que trabajan de primera mano con los migrantes, como Amnistía Internacional o la Royal National Lifeboat Institution, han animado a los dirigentes de ambas naciones a gastar tiempo y recursos en promover rutas seguras que no pongan en peligro las vidas de inocentes, en vez de en dificultar su llegada. «La mayoría de la gente en el Reino Unido cree que deberíamos ofrecer refugio a quienes lo necesitan, y hemos visto un cambio palpable en la opinión pública desde la tragedia en Afganistán», añadió Hilton.

 

 

 

 

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