Golden State Warriors se proclama campeón de la NBA con un Stephen Curry de leyenda

0
76
Los Warriors, campeones de la NBA

El base lideró a los de San Francisco para batir por 4-2 a los Boston Celtics y lograr su cuarto anillo desde 2015. Además, Curry logró su primer MVP de las finales, galardón que no había logrado en sus 3 campeonatos anteriores

Golden State Warriors venció la pasada madrugada 90-103 en el sexto partido de las finales en el TD Garden de Boston para proclamarse campeones de la NBA por séptima vez en su historia. Los Warriors se mostraron claramente superiores a partir del cuarto partido y tras verse 1-2 abajo, vencieron tres partidos consecutivos para lograr el anillo.

Publicidad

Han sido unas finales de intercambio de golpes en las que se ha acabado imponiendo quien ha tenido fuerzas para seguir respondiendo. Los Warriors han ganado por experiencia, por mantener la compostura cuando les vinieron mal dadas y por manejar más cantidad de recursos que los Celtics, pero también porque tuvieron más gasolina en el tanque. Han demostrado mayor frescura de piernas y de ideas, especialmente en el quinto y en el sexto partido, y eso sumado a su superioridad como equipo en líneas generales ha sido demasiado para unos Celtics que pagaron haber jugado 7 partidos en las dos eliminatorias anteriores.

Golden State Warriors, maestros de los playoffs

Cuando llega la post temporada, el paradigma de la NBA cambia. A los mejores equipos no les basta con el talento y con funcionar como equipo, como ocurre en temporada regular. Necesitan encontrar maneras de exprimir los errores del rival y ser capaces de ocultar sus debilidades,  porque en enfrentamientos a 7 partidos los equipos se estudian y se conocen hasta el extremo. Y en estas finales los Warriors han dado una clase magistral. Pura maestría.

Cuando los Celtics se llevaron el primer partido en San Francisco, con un último cuarto casi perfecto para robar una victoria que los Warriors parecían tener en la mano, respondieron con una paliza en el segundo partido, en el que por momentos rozaron los 30 puntos de ventaja. Y cuando se vieron 1-2 abajo en la eliminatoria, perdiendo en el último cuarto en la cancha de los Celtics, con 18.000 personas encendidas en las gradas y Boston a pocos minutos de poner el 1-3 y encarrilar la eliminatoria, el equipo de Steve Kerr reaccionó con un parcial de 17-3 para poner la serie 2-2 y no volver a ceder ni un solo centímetro más. Tras esa victoria, los Warriors evitaron viejos vicios y defectos, y ganaron con superioridad el quinto partido y el sexto para coronarse campeones una vez más. No sin sufrimiento, con oficio, pero demostrando ser mejor equipo.

En esos diez días de subidas y bajadas, de cambios de tendencia y favoritismo, de aparición de héroes inesperados y de estrellas por debajo del nivel que se esperaba, de tensión y de todo o nada, los Warriors encontraron siempre una vía para mantenerse a flote. Un día fue la explosión en el triple de Jordan Poole, otro el recuerdo de Stephen Curry de que estamos ante una figura histórica de la liga. A ratos fueron los rebotes de Kevon Looney, invitado sorpresa a la fiesta de los protagonistas. En otros, Andrew Wiggins callaba la boca de aquellos que se rieron cuando fue elegido All-Star, siendo un martillo en ataque y una pesadilla en defensa.

La victoria de los Warriors no se entiende sin la actuación del alero en ambos lados de la cancha, que tras estos playoffs le da la vuelta a una narrativa que empezaba a tildarlo de bluff, de decepción absoluta. Wiggins, que fue número 1 del draft, pasó con más pena que gloria sus primeros años en la liga en Minnesota, donde dejaba pistas de lo que podía llegar a ser, pero que siempre estuvo tremendamente lastrado por su irregularidad, su aparente apatía y un entorno poco favorable.

Hoy, sin llegar a cumplir del todo con lo que se puede esperar de un nº1 del Draft, es una parte clave de un equipo histórico de la liga, y ha dejado su sello en su dinastía con unos Playoffs, y especialmente unas Finales, que podrían haber tenido un signo muy diferente sin su presencia. Ha logrado que sus virtudes en ataque brillen como nunca, especialmente iluminado en el tiro, y ha aportado de manera decisiva en aspectos en los que hace años era impensable considerarle un factor positivo para el equipo, como lo son la defensa y el rebote.

Mientras tanto, por el camino, también encontraron la manera de tapar los evidentes problemas de Draymond Green en el tiro, ajustaron una defensa exterior por momentos muy endeble, recuperaron una gran versión de Poole desde el banquillo y fueron hallando el camino para que Stephen Curry tuviese el (poco) espacio y tiempo que habitualmente necesita para ejecutar.

Todo esto no debería hacer más que poner focos sobre Steve Kerr, un entrenador que ha logrado su 4º anillo como entrenador y que ha devuelto a los Warriors el status que muchos daban por perdido cuando Kevin Durant abandonó el proyecto y se marchó rumbo a Brooklyn. Su palmarés como entrenador empieza a hacer justicia a su labor, la de gestionar un vestuario poblado de estrellas, con los potenciales problemas de egos que conlleva, y llevar a la práctica un baloncesto tan vistoso como efectivo, coral, hipnotizante para la defensa rival y desesperante para su ataque. Kerr ha dirigido a grandísimos equipos estos 10 años en los Warriors, pero esos equipos, tan talentosos como han sido, han tenido como artífice a una mente privilegiada para la pizarra y el juego, pero también para el trato humano.

Stephen Curry cierra el círculo

Todo lo explicado previamente carece de sentido, o pierde mucha parte de él, si como punta de lanza este equipo no tuviese a un jugador que podemos empezar a considerar como serio candidato al top 10 histórico de la liga.

Stephen Curry hace que su sola presencia en una cancha altere por completo el comportamiento de la defensa rival, que entra en pánico cada vez que cruza el centro del campo, con el balón controlado o sin él. Su amenaza exterior desde distancias irreales, su velocidad y habilidad para finalizar cerca del aro, sus movimientos sin balón y su visión de juego dan lugar seguramente al combo más letal que puede encontrar una persona que entre a una cancha de baloncesto. No hay solución buena contra él, solo un poco menos mala.

Ha llevado por encima de su límite a la mejor defensa de la liga, y no sorprende, porque es lo que lleva haciendo prácticamente una década. Anotó 43 puntos en el partido más delicado para ellos, en el cuarto partido, fuera de casa y 1-2 abajo, y cuando no estuvo tan acertado, su presencia, su amenaza y su gestión del juego dieron a sus compañeros el tiempo y el espacio que necesitaban para ejecutar y llevar la carga anotadora.

Con esta actuación logra finalmente su primer MVP de las finales, trofeo del que Durant en 2017 y 2018, e Iguodala en 2015 le apartaron cuando hubiera sido igualmente merecedor, y logra acallar así las pocas voces críticas que aún le señalaban por no tener este galardón. Es imposible saber cuantos años al máximo nivel nos quedan por ver de él, pero dos cosas quedan claras: que mientras esté a este nivel los Warriors pueden optar a todo, y que cuando se retire y echemos la vista atrás, con perspectiva, valoraremos aún más la carrera histórica, legendaria de un jugador único.

Los Celtics, hasta donde les llegaron las fuerzas…que no ha sido poco

La temporada de Boston Celtics seguramente merezca un artículo aparte, pero en lo que a estas finales se refiere, su papel se puede resumir en que cuando pudieron no supieron, y luego no tuvieron lo que hizo falta para responder cuando los Warriors cambiaron el ritmo.

Se pusieron por delante en dos ocasiones en la final siendo fieles a su identidad en este año 2022. En el primero, la defensa les sostuvo en el partido hasta que un último cuarto de tremenda inspiración en ataque les dio la victoria en el Game 1. En el tercero de vuelta en Boston, pasaron por encima de Golden State en intensidad y presencia física. Hicieron valer su tamaño, les masacraron en el rebote y su defensa, siempre presente pese a la derrota final, les volvió a poner por delante en el Game 3.

Y aunque los Warriors tuvieron que derrotarles dos veces más después, los Celtics empezaron a perder esta final en el ya comentado cuarto partido, cuando encararon los últimos minutos por delante en el marcador jugando en su cancha. Cierto es que esa ventaja era corta, alrededor de 5 puntos, pero en unas finales, contra un equipo de la experiencia y la calidad de los Warriors, dejar pasar esa oportunidad es un error que muy probablemente pagues caro. Un colapso en ataque mas propio de los Celtics de octubre que de los de mayo (1/8 en triples en esos últimos minutos) sepultaron sus opciones en el partido y en buena parte, en las Finales.

Tuvieron posibilidades en el quinto partido, en el que llegaron empatados al último cuarto, pero los Warriors volvieron a batirles con cierta holgura cuando más importaba. En el sexto y último, salvo un inicio prometedor y algún pequeño intento de remontada, apenas tuvieron opciones y cayeron con honores, pero con las manos vacías.

Honor a un equipo que supo redirigir una temporada avocada al fracaso bien entrado enero. A los Jays, a Tatum y a Brown, que pese a quedarse cortos en las Finales, lideraron a los Celtics en tres rondas durísimas para llegar al enfrentamiento final. Y por supuesto a Ime Udoka, entrenador novato que ha sabido llevar a este equipo donde se supone que debía estar. El núcleo duro que forman junto a Smart, Al Horford y Robert Williams ha sido lo que muchos aficionados pensaban que este equipo podía llegar a ser, aunque hayan llevado un camino peculiar. A excepción de Horford, hablamos de un núcleo joven, que a su ya rica experiencia en playoffs suma de cara al año que viene una experiencia en las Finales que seguro hará de ellos un mejor equipo.

Cualquier oportunidad que se pierde de ganar la NBA es dolorosa, especialmente para una franquicia tan laureada como los Celtics y en un contexto tan competitivo como el que hay a día de hoy en la liga. Es imposible saber si volverán o si esta ha sido la gran oportunidad de este proyecto, pero dejan en la retina de los aficionados una temporada para el recuerdo, con un trabajo por acabar, y la ilusión y la certeza de que sí, de que este equipo puede pelear por todo.

 

En el otro lado los Warriors continúan alimentando una leyenda que les sitúa ya como una de las mayores dinastías de esta liga. El legado que dejará este equipo en la historia de la NBA es aún difícil de medir, casi tan difícil cómo decir cuando dejarán de ser el mejor, o uno de los mejores equipos de la liga. Stephen Curry, a sus 34 años, ha firmado una de sus mejores postemporadas, sino la mejor, y el estado tanto anímico como físico que ha mostrado en estas Finales invita a pensar que aún le queda cuerda al máximo nivel. Si las lesiones les respetan, no ha sido ni mucho menos un último baile para Golden State Warriors.

Aquí finaliza la temporada 2021/2022 de la mejor liga del mundo. La semana que viene llega el Draft, y la semana siguiente se abre la agencia libre, pero no tendremos partidos de competición hasta octubre. Será largo el camino, pero volverá.

Publicidad | Advertisement

Deja un comentario