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lunes, octubre 3, 2022

Hambre de verdad

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Me he despertado esta mañana iluminada por un artículo que leí hace años. No recordaba bien las palabras, pero sí su mensaje. Al principio no he hecho mucho caso a esa prolongación de sueño con la que me he despertado, ese débil recuerdo que creía pasajero como uno de los más de mil pensamientos que me recorren por dentro. Así que he intentado empezar con normalidad este domingo como uno más hasta que he sido impedida por mis gritos interiores en busca del título de ese artículo. He sentido, ya antes de desayunar, una necesidad imperiosa de volver a leer sus palabras. Me he despertado con hambre de verdad. 

No he tardado más de cinco minutos en encontrar el artículo, pues recordaba quién era la autora de esas palabras: Rosa Montero. Aviso a navegantes se llamaba. Se llama, porque existe y porque aunque se escribiera en enero de 2016 sus palabras hoy han tenido, al menos para mí, total vigencia. Empieza con una advertencia:

“ayer mismo me acosté teniendo 16 años y hoy me he despertado con más de sesenta».

Parece claro el mensaje: el tiempo vuela. La vida va a una velocidad trepidante de la que nos damos cuenta muy de vez en cuando, en momentos puntuales de pausa, y a los que quizá tampoco les hacemos mucho caso. Yo no tengo sesenta años, pero también siento que ayer tenía 16. En cierto modo, entiendo a lo que se refiere. Yo hoy me he despertado con 20 años, pero sé que quizás antes de mañana cumpla esos sesenta o setenta y pico que tiene Rosa Montero, si es que llego. 

Entiendo que en un chasquido este día que para mí ha empezado como os cuento, ya va a terminar mientras escribo estas líneas. Un día más que sucede a otro y que de repente nos dirige hacia la vejez, que Rosa Montero también menciona. Ese “terreno de vejez” al que todos, y sobre todo todas parecen temer. Vejez como etapa que precede a la muerte. 

Y yo siento tanta belleza en la vejez últimamente que me indigno al observar cómo el resto se niega a verla. Cómo la intentan evitar y alargar su natural llegada. Hoy me acuerdo también de Gioconda Belli, que en su poema Desafío a la vejez, me comprende. Ella dice:

“Cuando yo llegue a vieja – si es que llego- y me mire al espejo y me cuente las arrugas”

“Cuando pueda contar las marcas que han dejado las lágrimas y las preocupaciones”

“Cuando vea mi vida envuelta en venas azules, en profundas ojeras, y suelte blanca mi cabellera para dormirme temprano – como corresponde-…” 

Veo a mi alrededor a mujeres que han llegado a ese terreno de vejez y me fijo en su cabello blanquecino, puro, y en sus arrugas que parecen trazar los caminos que han andado hasta llegar con vida delante de mis ojos y me emociono al pensar lo afortunadas que son. Y lo afortunada que soy. Ellas por poder vivirlo y contar todo lo que han caminado hasta el hoy. Me emociona ver cómo su piel refleja con cicatrices, marcas y arrugas una vida que sigue, desde una perspectiva que les permite contar mucho. Y yo afortunada por poder escuchar y aprender y por darme cuenta de que me encantaría llegar a esa edad y mirarme en el espejo las arrugas mientras recuerdo mis risas y llantos.  

Volviendo al artículo de Rosa Montero, me quedo con el potente mensaje en el que hace énfasis:

“si yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, hubiera vivido de otra manera.”

Y esa manera, según ella misma desvela es sin tantos nervios, ya que ella confiesa que a veces ha vivido de

“forma tan atormentada o tan aturullada. Cuántas veces he vivido con el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte. Por no hablar de la cantidad de tiempo y de energía perdidos en tonterías, como, por ejemplo, en creerme fea a los 18 años (cuando estaba más guapa que nunca)”.

Sé que nadie sabe cómo vivir, pero la gente que ha estado más tiempo en este mundo nos puede advertir y decir conclusiones a las que seguramente nosotros lleguemos a cierta edad, con algo de ventaja. Está bien hacerse un spoiler y aprender del camino de otros. Los tropiezos de otros sí que nos pueden ayudar a no tropezar. Y los consejos y palabras de otros también calan en uno mismo. Todo depende de si queremos escuchar y tomar o por el contrario, ignorar. No somos tan distintos, y en lo simple, solemos estar de acuerdo. Dime que no te suena eso de tener el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte, a todos nos ha pasado alguna vez o nos pasa continuamente.

Yo hoy me he levantado con hambre de verdad y la verdad más grande que he encontrado en ese artículo es que “nunca seremos tan jóvenes como hoy” y la importancia de caminar siendo conscientes del camino y disfrutándolo al máximo, para pasado mañana, con 80 años o los que sean, poder decir que hemos vivido tal y como hemos querido. 

 

 

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