¿A qué planeta te fuiste Diego?

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Barrilete cósmico… ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés? ¡Para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina!… Argentina 2 – Inglaterra 0… Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0…«.

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Esta fue la narración de Víctor Hugo Morales. Con ella, Argentina se clasificó para las semifinales del Mundial 86, pero fue con esa narración con la que Maradona no solo entró en la historia del fútbol, sino que entró en la historia mundial como el jugador capaz de unir a todo un país, a una Argentina derrotada cuatro años antes en la guerra de las Malvinas ante Inglaterra. Una Argentina hundida. Y fue ese gol, esa cabalgada del 10, del capitán, ese zigzag, esa forma de conducir el balón lo que permitió que Argentina, su Argentina tuviera su revancha.

Gracias a un niño que nació en Villa Fiorito, un barrio humilde de Lanús sin luz, agua ni teléfono. Un niño que tenía un sueño: hacer lo que más le gustaba, jugar al fútbol y jugar un Mundial con Argentina. A los nueve años empezó a jugar en Los Cebollitas, y con quince fue contratado por Argentinos Juniors, su primer gran equipo. Un año después, ya debutaba en la selección nacional y con tan solo 20 años le fichó Boca. En ese momento, el pibe de oro empezó a enseñar al mundo quién era, empezó a jugar con ese don innato que solo tienen las leyendas. Pero, sobre todo, empezó a jugar con el corazón. Empezó a enamorar tanto a sus propios compañeros, haciéndoles mejor sobre el campo, como a rivales y aficionados respetándole, admirándole y queriendo ser como él.

Fuente: Infobae Aficionado de River y de Boca abrazados despidiendo a Maradona

Le admiraban porque hacía lo que nadie nunca nadie había hecho sobre un terreno de juego: divertirse jugando. Esa forma de jugar le llevó a dar el salto a Europa, al Barcelona. Allí, El Pelusa dejó jugadas inolvidables y, aunque ese no fue el mejor momento de su carrera, los aficionados del Barcelona siempre dirán que en su equipo estuvo Maradona. Dos años después y buscando conseguir llegar a ser el futbolista que un día se propuso, Maradona fichó por el Nápoles y fue en Italia donde el genio argentino fue verdaderamente él.

Pero el momento culmen de su carrera llegaría el verano del 86, ese fue el único mes en el que El Pelusa, según reconoció el mismo, entrenó a tope. Era su Mundial, lo quería ganar y lo ganó. Exhibición tras exhibición, el genio argentino embelesaba a todos con su forma de jugar, era un jugador que iba más allá de los terrenos de juego. Era lo más parecido a Dios que se ha visto en el fútbol, ese gol con la mano, esa mano de Dios que puso el 1-0 ante Inglaterra y que abrió el camino del genio, un camino que hizo historia en ese mismo partido con el mejor gol jamás visto en un Mundial, ese gol que fue capaz de unir a los de River y a los de Boca, a todo aquel que ese día, en ese momento, estaba frente al televisor, a todo aquel que ama el fútbol.

Fuente: Alejandro Ojeda La Mano de Dios

Tan solo necesitó dos partidos más para ser campeón, para levantar la Copa del Mundo y coronar de nuevo a Argentina en lo más alto. Se preparó y lo consiguió, era su sueño y lo cumplió. Llegó a lo más alto que todo jugador aspira a llegar, devolvió a Argentina donde se merecía y él sólo hizo que el Nápoles volviera a ganar un título 60 años después.

Pero Maradona no sería verdaderamente él mismo si no hubiera tenido errores, si no hubiera sido 15 meses suspendido por consumo de cocaína, si no hubiera jugado en el Sevilla con sobrepeso pero con una calidad que le sobraba, si no hubiera dado de nuevo positivo, esta vez por efedrina, y hubiera sido expulsado del Mundial del 94, como él dijo: “le cortaron las piernas”. Porque tampoco hubiera sido Diego si no hubiera vuelto a su casa, a Boca para retirarse en medio del descanso de un Boca- River sencillamente porque su equipo estaba jugando mal con él. Riquelme, otro 10, pero jamás de la talla de Maradona, le sustituyó.

“Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.  Eso dijo Diego y así hay que recordarle, como el jugador capaz de ser para muchos el mejor futbolista del mundo, el jugador que hizo soñar a los niños con ser futbolistas, con ser como él, pero sobre todo, aquel que fue más allá de su época y le consiguió dar alegría a la gente, y tal vez, como dice él, con eso basta. Con hacer feliz a la gente siendo tú mismo, con hacer lo que más te gusta sin importar nada.

¿A qué planeta te fuiste Diego? Es la pregunta que todos los aficionados al fútbol te hacemos ahora, porque tú nunca has sido de este planeta, fuiste una estrella que brilló con gran intensidad y que te fuiste apagando poco a poco hasta que una insuficiencia cardíaca, precisamente el corazón, lo que más te hizo brillar ahora, te hizo apagarte del todo.

Pero hoy otra vez, como en aquel Mundial del 86, has vuelto a unir a todo el mundo del fútbol, has vuelto a hacer que nos olvidemos de los colores para recordarte, como jugador de fútbol, como tú quisiste que lo hiciéramos. Y aunque todo homenaje es poco, este es el nuestro, desde El Generacional para ti, Don Diego, porque tú nos hiciste entender el fútbol como una vía para ser felices.

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