Masonería, socialcomunismo y antisemitismo en el XXI

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Antes de empezar me gustaría, si es posible, dejar claros dos puntos que me parecen imprescindibles en la medida en que este artículo es, de una u otra forma, una especie de pregunta retórica sobre estos temas que perturban mi mente. La primera de estas cuestiones, que entroncaré a continuación con la segunda, es que si alguno de estos conceptos pueden, de alguna forma conspiranoide, hacer pensar que me meto en algún lío por el que una serie de grupos secretos decidan silenciarme mediante métodos de película de Hollywood, que mis allegados sepan dónde empezar a buscar si mañana desaparezco. Por consiguiente y en segundo término, si alguna logia secreta se siente amenazada que sepa que, de verdad, es un artículo en que expongo literalmente cosas que no entiendo. Así que, por favor, tranquilidad, que estoy a tope con todos.

Empecemos por el principio: los masones. ¿Alguna vez habéis estado de noche con vuestros amigos hasta altas horas de la madrugada y, en un momento concreto de la velada, a algún iluminado se le ha ocurrido que sería buena idea crearos un grupo, un canal de Youtube, o algo por el estilo, en el que hicierais algo distintivo que creíais que al resto de la Humanidad le podía interesar? La masonería suena a algo así, parecido. Un grupo de señores que son muy colegas y quedan para hacer rituales medievales con extrañas togas, mucho oro, y chistes secretos que solo ellos entienden. ¿Os acordáis de Jackass? Pues es lo más parecido que he encontrado en Internet a esos yankis borrachos, salvo que sin atarse anzuelos en los carrillos de la boca y tirarse al mar a nadar con tiburones; o ponerse sanguijuelas en los ojos. Guardan las distancias, sí; pero los masones comenzaron, según he leído por ahí, a raíz de una conversación de madrugada en una taberna inglesa por un grupo de amigos, así que algo de alcohol tiene que haber por medio.

Fotograma de la serie los Simpson | Fuente: IGN

No obstante, tampoco tengo intención de faltar a la ilustrísima Gran Logia de España, sino que quisiera ahondar en un aspecto muy relacionado con este caso, y es el de la automática disposición conspiranoica de los sectores conservadores de este país a asumir que las medidas de nuestro gobierno son de índole masónica. Durante el homenaje de Estado a las víctimas de la Covid-19, Iván Espinosa de los Monteros (VOX) compartió en su Twitter el post de un muchacho anónimo que comparaba la disposición circular de los asistentes con símbolos masónicos (parece ser que esta gente se reúne y forma círculos). Por esta lógica, se desprende que cuando los niños juegan al corro de la patata, se debe a que están haciendo un rito iniciático a la Logia. Hay vídeos grabados en las reuniones secretas de estos señores (porque solo permiten señores) y la verdad es que parecen de todo menos gente peligrosa o con un control sectario de las decisiones políticas que afectan a la sociedad. De hecho, entrar no parece muy difícil. Tienen una página web; puedes registrarte. Algo raro para una asociación que se dice secreta, pero tampoco hay que ponerse exquisito con estos pobres hombres.

Comparativas entre el homenaje a las víctimas de la Covid-19 y símbolos masónicos | Fuente: @alonso_dm en TWITTER

No obstante, hay algo que entiendo aun menos que a los masones y la supuesta conspiración en torno a su figura, y es el concepto de socialcomunismo. Lo he buscado, y es que a priori no hay ninguna definición oficial. Un término que se escucha todos los días en el telediario, pero que nadie sabe definir. Lo único que sé es que es un adjetivo que caracteriza las medidas del gobierno de coalición de España desde los sectores más derechistas de la sociedad, y que según vamos acercándonos más y más a los límites del espectro ultraconservador, va aplicándose a todo lo que hay a la izquierda de quien lo suelta. A mí me han llegado a decir que La Razón, el periódico de Francisco Marhuenda, era socialcomunista y de izquierdas. Los afamados y ya nombrados en otro artículo, mis amigos los librepensadores, parecen catalogar que todo aquello que no se acerque a un supuesto anarcocapitalismo salvaje es, de facto, socialcomunista.

El Salario Mínimo Interprofesional (SMI), el Ingreso Mínimo Vital, la sanidad pública… Entiendo que cualquier medida que sea mínimamente progresista o que vaya en contra de una serie de valores históricamente defendidos, aunque vacíos de contenido objetivo, es SOCIALCOMUNISTA. Porque la ONU y los Derechos Humanos, supongo, que son idearios socialcomunistas cuya fuente oficial es, en realidad, el testamento que dejó Iosif Stalin antes de su muerte (pero es algo que, por supuesto, la conspiración judeomasónica nos ha ocultado).

Por último, y no menos importante, quisiera tratar de entender que está pasando en la cabeza de muchos personajes u organizaciones pro-Israel en el conflicto palestinoisraelí, cuando sugieren que cualquier crítica a estos es, de facto, antisemitismo. Recientemente, el periodista Antonio Maestre tuvo un encontronazo con una de estas organizaciones pro-Israel (ampliamente ligadas a la ultraderecha española) en donde se trató de hacer pasar sus críticas a estos como declaraciones antisemitas. Mientras que el primer y el segundo de los términos que admito sufrir como ambiguos o sinsentido dentro de nuestra sociedad los siento como un reducto cómico, esta última moda de desacreditar las críticas a Israel alegando que «es lo que harían los nazis», pese a que es lo más alejado a lo que hicieron los fascistas alemanes, me parece de lo más tóxico.

Ciudadano palestino en la Ciudad de Gaza | Fuente: Mustafa Hassona – Agencia Anadolu

Es, de hecho, la ferviente aseveración de estos calificativos lo que sugiere la real pasividad que han adoptado los estados de Occidente frente al conflicto del Medio Oriente y las masacres a las que cada día se somete al pueblo palestino. En el fondo, es lo que simplifica la realidad de este mundo en muchas cuestiones, como recientemente también ha pasado en Alto Karabaj con el conflicto armenioazerí, y es que los Derechos Humanos se convierten en papel mojado cuando los intereses económicos de unos pocos son los que están en juego.

Y creo que, con eso, ya estaría. Tan solo estaría bien que dejasemos, como sociedad, de dar valor a locos con extraños atuendos, colgantes de oro y sombreros de papel de aluminio. Estaría bien que dejasemos, como pequeñas ratas de laboratorio, de dejarnos manipular por mentiras y falsos calificativos que retrotraen a tiempos pasados y que se usan tan solo para meternos miedo frente a aquello que, de alguna manera, puede ser vital para quienes están peor que nosotros en un mundo desigual. Y sí, también estaría bien despertar ante los horrores que ilegítimos estados llevan a cabo cada día contra seres que bien podríamos ser nosotros, cuya distancia con ellos es tan pequeña como lo es un mar en el siglo XXI.

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