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¿Una vacuna para blancos?

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Mientras países desarrollados como EEUU, Canadá, Reino Unido y varios dentro de la Unión Europea se alegran por el comienzo de la misión de inmunización contra la COVID-19 en sus territorios, millones de habitantes del así llamado “Sur Global” estamos sumidos no sólo en una crisis sanitaria que no da tregua, sino también en la incertidumbre en cuanto a la adquisición y acceso a la vacuna contra la enfermedad.

Sin duda alguna, la falta de inversión investigación en los países cercanos al Ecuador es una de las razones por las cuales no hay una vacuna que se haya desarrollado ahí. Pero, ¿tenemos toda la culpa que nuestro presupuesto no alcance para apostarle a la ciencia? Para responder a esta pregunta, basta con echarle un vistazo a la historia colonial: durante siglos, las potencias colonizadoras en Europa saquearon el sur global para enriquecerse, lo cual provocó que los Estado-nación que emergieron luego de los procesos de independencia en cada una de las regiones se encontraran con una tierra saqueada y una población esclavizada, la cual durante los años de invasión fue privada de una educación, nutrición y acceso a servicios básicos dignos.

Hoy en día, los índices en desarrollo humano lo dejan claro: los países con un pasado de explotación (incluyendo el neoimperalismo estadounidense el cual operó, o sigue operando, bajo una lógica colonial) cuentan con mejores niveles de vida, y su riqueza acumulada les ha permitido ser líderes en el impulso de la tecnología, la ciencia y la medicina. Por lo tanto, no es sorpresivo que alguno de estos haya logrado salir victorioso en el desarrollo de la vacuna contra el virus que tiene al mundo de cabeza; ésta, indudablemente salvará miles de vidas en países ricos a partir del 2021, pero los países pobres o de mediano ingreso seguirán sufriendo las consecuencias de incluso ahora depender de las potencias globales.

Lo peor del caso es que las actuales potencias que han logrado este tipo de avances, e jactan de promover los derechos humanos en sus propias tierras y en el resto del mundo, pero en la praxis siguen perpetuando prácticas que velan únicamente por su beneficio y su crecimiento económico. Tal es el caso de la última movida del Reino Unido y otros aliados acaudalados en cuanto a la patente de la vacuna: algunas naciones del Sur Global, liderados por Sudáfrica e India, han solicitado una suspensión de las reglas de patentes de la Organización Mundial del Comercio para permitirles fabricar o importar versiones genéricas asequibles de la vacuna COVID-19. Sorprendentemente, Gran Bretaña y otros países ricos se han negado. Esta decisión podría suponer una sentencia de muerte para cientos de miles de personas. Todo para permitir que las corporaciones farmacéuticas se beneficien, en medio de una pandemia, de vacunas que se han desarrollado en su mayoría con fondos públicos. ¿Bajo cuál lógica, en un occidente globalizado en donde se presume proteger la vida y los derechos humanos, se pretende negar el acceso a ciencia a países con escasos fondos públicos para que ayuden a evitar muertes dentro y fuera de sus fronteras?

Lamentablemente, los países ricos que tradicionalmente se han dedicado a crecer a costillas de otros, están eligiendo seguir enriqueciéndose en lugar de velar por la vida. Lo más triste aú es que los pronósticos dentro de varios de los países del Sur Global indican que este raciocinio poco ético se replicará: tradicionalmente, en estos países, un sistema de salud robusto que atienda las necesidades de la población -con o sin pandemia- es prácticamente inexistente. Para lograr salvar sus vidas, muchas personas deben acudir a servicios de salud privados, los cuales cuestan mucho dinero. Congruente con eso, hay que recordar, ¿en manos de quién está el dinero en los países con un pasado colonial? Sin lugar a dudas, desde EEUU, pasando por México, Guatemala y muchos rincones de Latinoamérica, la población blanca es la que mayores ingresos tiene. Mientras los mestizos o blancos quizá alcancemos a poder costearnos una vacuna en el sector privado en el caso que nuestros gobiernos sean incapaces de negociar la adquisición de dosis para todas y todos, las personas de color seguirán sufriendo las secuelas de una pesadilla llamada colonización que ha instaurado un sistema económico global insostenible que nos está llevando con toda velocidad hacia una nueva pandemia.

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