EL GENERACIONAL

Greta Thunberg: ¿Una herramienta política o un ídolo generacional?

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La joven activista climática que desde agosto de 2018 salió a la calle a protestar por la inacción de los gobiernos contra la emergencia climática no para de acumular titulares sobre ella y su lucha

Michael Jackson, Mahatma Gandhi, Leo Messi, Madonna o incluso Abraham Lincoln son y han sido modelos a admirar por gran parte de la población mundial. Estos ídolos generacionales cumplen un papel muy importante en la sociedad. Tal y como Luckmann exponía en sus teorías, los mass media tienen un papel clave en la creación de la realidad, y en muchos casos se valen de los iconos para ello. Aunque de momento la realidad que nos atañe es la de Greta Thunberg.

¿Por qué tanto odio hacia Greta Thunberg?

Es de manifiesto que Greta se ha convertido en el nuevo ídolo generacional de los más jóvenes. Esta adolescente se ha transformado en todo un icono a favor de la lucha contra la emergencia climática y ha coprotagonizado numerosas noticias junto a los más grandes líderes mundiales.

Seguramente ya tengas una opinión acerca de ella. De hecho, es muy probable que hayas visto como se la trata de títere o niña pequeña. Pero ¿por qué incomoda tanto Greta Thunberg?

¿Es porque una niña que roza la mayoría de edad le saca los colores a los grandes mandatarios del planeta? En estos tiempos, la brecha generacional es muy evidente. Queramos o no, Greta es la voz de los jóvenes, y estos jóvenes demandan un cambio de rumbo, una transformación del modelo actual hacia la sostenibilidad. Esta demanda muestra tácitamente una evidente desidia, negligencia y apatía respecto a las recomendaciones de los expertos por parte de los gobernantes.

¿Acaso les molesta que una estudiante de secundaria se haya colado a sus cumbres y reuniones para decirles las verdades a la cara? ¿O quizás que no puedan desprestigiarla porque lo ha hecho sin quemar ningún contenedor o sin ningún cóctel molotov en la mano? En mi opinión, esta incomodidad general por un cambio de status quo no es más que una muestra de miedo, lo que desemboca en rechazo. No estamos preparados para cambiar o simplemente nos da miedo. De esta forma rechazamos la cabeza visible del cambio e intentamos con burdas acusaciones sin fundamento tirar por tierra su tesis.

Intereses corruptos

Thunberg es activista climática, uno de los muchos tipos de activismo que hay. Aboga por una transición ecológica sostenible. No pretende convertirse en ningún tipo de deidad verde. Pero lo peor es que tampoco hay ningún lobby ni empresa detrás para intentar que lo sea. De hecho, son las empresas (cuyo objetivo es ganar dinero) las que están empezando a gastar mucho para amoldarse a este nuevo modelo de sostenibilidad, invirtiendo así bastante patrimonio que podrían ahorrar si el modelo actual siguiera su curso.

Fuente: Anders Hellberg

En muchas ocasiones escucho que Greta Thunberg es un títere que obedece a “unos poderosos” (de los que nunca se especifica que tipo de poder poseen) que quieren imponer “agendas marxistas” o “dictaduras verdes”.  Estos poderosos usarían como pretexto enriquecer a empresas que realmente no son verdes o son ONGs que odian la cultura occidental. Muchas veces, sin quererlo, me entra la risa y me repito que debo tomarme estas sentencias como lo que son: zafios argumentos de gente que rechaza evidencias sin ningún fundamento ni conocimiento sobre lo que es sostenibilidad, clima o ecología.

Otro de los argumentos más extendidos es el de los padres. Escucho muy a menudo que los padres de Greta Thunberg comenzaron este proyecto utilizando a su hija para así enriquecerse y ganarse la vida de esta forma. O que solo buscan fama y focos. Dejando a un lado lo absurdo de estas acusaciones, me fascina como la gente inconscientemente repite argumentos que ni siquiera entiende, que se caen googleando un par de nombres. Ni siquiera creo que sea necesario entrar a rebatir argumentos, que siempre cambian y cada vez son más chabacanos y toscos porque no son más que eso: argumentos que se repiten y juegan al «teléfono escacharrado».

Yo no entro en si la transición ecológica es económicamente viable o no, aunque ya haya bastantes papers que demuestran que no supone un esfuerzo económico tan colosal como nos lo pintan. El panel de científicos más prestigiosos del mundo advierte que nosotros, la especie humana, estamos causando una emergencia climática y que la joven que se ha echado a las espaldas la responsabilidad de comunicarlo no tiene la culpa. Los ataques hacia Thunberg, una activista climática más, no son otra cosa que miedo y repudio, ataques sin fundamento que solo demuestran dos cosas: desconocimiento sobre el problema y temor hacia un cambio.

Fuente: Infobae

La voz de una generación que no es escuchada

Es cuanto menos curioso cómo pensamos. Hay una niña de 16, 17 o 18 años poniéndole en las narices a nuestros líderes los datos científicos y empíricos que dicen que, o cambiamos nuestra forma de producir, consumir y desechar o las consecuencias serán devastadoras y lo único que se nos ocurre es utilizar el arma ad hominem e inventar conspiraciones pseudoecologistas.

En vez de ponernos a leer lo que ella intenta decirnos y a leer los datos e investigaciones, nos ponemos a repetir argumentos vacíos. Ella misma lo dice: yo no debería estar aquí. Su adolescencia ha sido robada. ¿Es que son los jóvenes de 18 años los que deben advertir a los gobernantes que inviertan tiempo en estudiar un problema que nos compete a todos?

Una generación que ha crecido en paz, formada, educada y con ganas de vivir en un mundo aún mejor está intentando advertir a la vuestra, que nos gobierna, que debe producirse una transformación. Es probable que vosotros, nuestros padres y abuelos, hayáis vivido guerras, pero como sigamos así vuestros nietos vivirán mucho más que una guerra.

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