Los universitarios de la pandemia: más de un año sin clase presencial

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Imagina ser un estudiante e ir a clase en pandemia. Por desgracia, son miles los universitarios que ni siquiera pisan el campus por la COVID-19.

Esa es la triste realidad que viven miles de universitarios en nuestro país a causa de la pandemia. Por la COVID-19, no se les priva solo del derecho a hacer vida normal, sino que se les omite la oportunidad de compartir historias en clase, que no van más allá de la pantalla de una deshumanizada, sobria e insípida reunión de Teams.

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Todos ellos parecen los grandes olvidados del sistema educativo, de los rectorados y las universidades, pero son más de los que se creen. En nuestro país hay miles de estudiantes que llevan sin dar clase presencial más de un año. Desde entonces, se han tenido que conformar con escapatorias chapuceras y poco éticas del profesorado el segundo cuatrimestre del año pasado, e interminables clases por streaming sin apenas contacto con otros seres humanos durante el primer cuatrimestre y comienzo del siguiente en el curso actual. Para algunos parece ser suficiente o semejante una clase online a una presencial. Pero, ¿acaso está es la educación que se quiere dar a los profesionales del futuro?

El desastre de la pandemia

Joven poniéndose una mascarilla | Fuente: ciudaddemendoza.gob.ar

El argumento de muchas universidades sobre todo esto, es priorizar la salud de sus estudiantes utilizando un método “igual de eficaz” de enseñanza a través de internet. La expresión “igual de eficaz” es cuánto más subjetiva, sin duda más digna de apreciación por parte del estudiantado que la sufre que del organismo que la impone. Es por ello, que muchas de las voces del conjunto del alumnado han resonado bien fuerte en el buzón de quejas de las Universidades, solicitando un cambio de sistema que garantice una calidad digna de la enseñanza, infinitamente mejor a la modalidad actual.

Desde el exterior puede parecer que el estudiante se queja por todo, que le da igual la pandemia al no formar parte de un colectivo de riesgo, pero la situación es cuánto menos denunciable y vergonzosa. El 11 de marzo de 2020 se decretaba el cierre de todas las Universidades en la Comunidad de Madrid, pero para ilustrar mejor el ejemplo pongamos el supuesto de un estudiante de primer año de carrera en una de las facultades que siguen con modalidad online más de un año después.

Cronología de los universitarios a distancia

Esta persona del ejemplo vio como más de la mitad del segundo cuatrimestre de su primer año en la Universidad se veía forzado a “hacer” online. El uso de las comillas es de vital importancia, ya que la forma, sin duda alguna, no fue ni mucho menos la mejor. Ni el profesorado ni las universidades parecían tener los recursos ni las ganas de sacar la inesperada y sinuosa situación adelante.

Chica siguiendo una clase online a través de su ordenador | Fuente: static.guim.co.uk

Algunos profesores rápidamente optaron por plataformas como Zoom, Teams o Blackboard para intentar continuar sus clases, pero la gran mayoría, por desgracia, se desentendieron de todo y como mucho dieron apuntes y temario a los estudiantes, para que estos se lo preparan por su cuenta. A eso se le llama autoaprendizaje, «opositar» y sufrir los estragos de que los profesores vivan del cuento. ¿Dónde quedó su vocación por enseñar? Menos mal que algunos, como se ha dicho, no fueron así.

Después de un final de segundo cuatrimestre complicado, los exámenes se realizarían online. Al igual que en la primera situación, algunos profesores se preocuparon porque sus alumnos se hubieran preparado lo suficiente el temario para hacer un examen que aprobara a aquellos que de verdad se lo merecían, pero fueron muchos los que abrieron la puerta del peaje y dejaron que fuera de entrada gratuita.

Una Universidad sin relaciones sociales

Un chico y una chica estudiando juntos sentados en el césped del campus | Fuente: Wikimedia

El comienzo de su segundo año en la Universidad, septiembre de 2020, fue similar al final con una pequeña mejora. Es verdad que fueron muchas las carreras y facultades que optaron por un modelo mixto: una semana al mes presencial, una semana presencial y otra no, y modelos similares. Sin embargo, sin motivo aparente, más allá del “porque sí”, algunas carreras se tuvieron que conformar con un modelo de enseñanza 100% online, en las que las clases, al menos, deberían de ser síncronas (horario de clase) o asíncronas (fuera del horario de clase), pero que se impartieran eran obligatorias.

¿Y qué es lo malo de dar clase online? Se preguntaran algunos, muy simple, se pierde toda la esencia de la Universidad: conocer a gente de otras carreras, hacer amigos, compartir historias, estudiar en la biblioteca, quedarse después de las clases a tomarse algo en el bar de enfrente del campus, llorar, reír, pasar el día a día con esas personas… Sin eso, la Universidad no es más que un sitio en el que vas a dar clase y te vuelves a casa. En la Universidad online ni siquiera eso, no vuelves a tu casa porque ya estás en ella. No hablas con nadie, no te relacionas con nadie, todas esas competencias que se aprenden fuera de la clase se pierden, pasa al olvido lo mejor que tiene la Universidad, ese enriquecedor entorno universitario.

La vida sigue igual mientras el resto avanza

Empezando este segundo año de carrera de forma 100% online, los alumnos siguen soportando las clases twitch, en donde lo único que hacen es sentarse delante del ordenador y ver como su desde ahora youtuber favorito les da una clase de al menos 90 minutos. Después de cuatro meses de formación online, sin embargo, los exámenes serán presenciales para nuestro estudiante del ejemplo y sus compañeros. El argumento inicial de “priorizar la salud de los estudiantes” se acaba cuando hay que examinarles, dando igual si son de riesgo o no, o si conviven con personas de riesgo. Es obvio que no se puede abrir de nuevo el peaje y aprobar porque sí como el primer año, pero tampoco que se tenga a la gente en casa durante tanto tiempo y se la lleve de repente al campus.

Sea como fuere, después de los exámenes presenciales, que constituyeron la primera vez que nuestro estudiante pisaba el campus en 11 meses, a este le seguiría tocando dar clase online hasta los próximos exámenes de mayo, que previsiblemente también serían presenciales.

Un año y un mes después, la vida ha seguido, la pandemia también, y este estudiante, y todos los que son como él, ha visto como el 75% de sus dos años de estudios universitarios los ha hecho sin pisar el campus, sin relacionarse con sus compañeros, sin conocer a sus profesores en persona, sin salir de casa para dar clase… Dos años, en los que a muchos les han aprobado sin merecérselo en exámenes online, que han pasado de primero, y probablemente de segundo, sin ni siquiera asistir a las clases o simplemente escuchándolas de fondo.

Universitarios que no han ido a la Universidad

Si esto no cambia, España va a tener a profesionales que no han ido a la Universidad. Gente con grados y carreras que han hecho cursos online de cuatro años de los que no ha sacado ni formación ni amistad, solo perjuicio sin beneficio. Deseando llegar durante tantos años a la Universidad, para no poder vivir la experiencia. Estos son los Universitarios de la pandemia.

 

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