A los españoles políticos españoles

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Isabel Ayuso y Rocío Monasterio juntas

Si al final me muero yo, quiero hacerlo en un bar

Leí hace poco un artículo sobre un estudio finlandés que revelaba cómo el estrés puede llegar a reducir casi 3 años nuestra esperanza de vida. Les digo esto porque, con todo lo que está ocurriendo en Madrid durante la campaña, en mitad de una pandemia, con todos esos debates, con esas amenazas de muerte, con esos mítines que acaban con decenas y decenas de heridos… ¿Quién no está un poco estresado?

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De este modo, como últimamente abundan las cartas con cuchillos ensangrentados y proyectiles, en vez de criticar a los mayores responsables de lo visto este fin de semana, voy a escribir una carta para darles las gracias a los políticos de verdad, que no son políticos sino españoles, o bueno, son políticos también, pero políticos españoles.

En fin, voy a darles las gracias a los españoles políticos españoles, para calmar los ánimos. Después de todo… ¿siempre hay que creer lo que dicen los finlandeses, no?

Así pues, comencemos:

Queridos españoles políticos españoles,

Me gustaría mucho agradeceros todo lo que habéis hecho estos últimos años, y más en concreto, a lo largo de este fin de semana. Gracias, de todo corazón, porque últimamente los anuncios de Telecinco duran demasiado tiempo, y con lo entretenido que está el Sálvame hoy en día, se me hace demasiado larga la espera.

Pero con vosotros en el Congreso todo ha cambiado: ahora, cuando comienza la publicidad, solo tengo que ponerme el vídeo del debate de la SER de este sábado y así continuar con la diversión.

Dura bastante (aunque el comunista, bolchevique, estalinista-trotskista, bolivariano y rojo mate satinado Pablo Iglesias solo estuvo unos minutos, no sé muy bien por qué), así que me habéis resuelto los anuncios de la semana entera. Por primera vez, y solo por vuestra incansable labor para con los ciudadanos, siento que la política sirve para algo.

Me gustaría darle las gracias, especialmente, a nuestra siempre risueña, siempre juguetona, presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. No entiendo, de verdad, cómo es que cuando usted camina por la calle la gente no llora de emoción.

Probablemente no se presentó al debate de la SER para evitar que sus contrincantes políticos derramaran alguna comprometedora lágrima. Yo muchas veces lo hago, de verdad de la buena. Es pensar en su gestión de la pandemia y sentir que goza usted de una inteligencia diferente a la del resto de los mortales. Por suerte, pudimos disfrutar de su intelecto en Twitter poco después.

Qué más nos da a los madrileños que en el resto de España se estén tomando rigurosas medidas contra el coronavirus, pese a lastrar la economía de muchos comercios, para salvar el mayor número posible de vidas. Qué más nos da que Madrid tenga el mayor porcentaje de positivos y el mayor porcentaje de muertos en residencias.

Yo comprendo sus medidas, créame, porque si al final me muero yo, quiero hacerlo en un bar. En la terraza, a ser posible. Además, de ser así quiero que me entierren en un buen cementerio, con un precioso ataúd rodeado de inmarcesibles flores. No importa cuanto cueste, gracias a usted ya no hay que preocuparse por el dinero.

Sin embargo, si a alguien es obligatorio darle las gracias, ese alguien no puede ser sino la siempre risueña, siempre juguetona, candidata a la presidencia por Vox, Rocío Monasterio. ¿Cómo explicarme? No me gustaría sonar demasiado cursi…

Usted es comparable a la experiencia de mascar chicle. Ya sabrá usted que los chicles no hay que tragarlos, porque se pegan al estómago y dificultan la digestión. Sin embargo, existe cierto impulso inconsciente, cierto acto de origen quizás prehistórico, que hace que muchos se lo acaben tragando. Usted ejemplifica a la perfección este fenómeno, y doy gracias por ello. Estoy harto de caminar por las calles y ver continuamente chicles por el arcén (¿faltarán más papeleras?).

Además, encuentro indignante cómo tratan a su formación política. Parece ser que muchos españoles (los menos españoles) todavía no se han dado cuenta de que lo que están intentando ustedes es devolver a España a tiempos mejores. Tiempos en los que no había chicles por el suelo. Tiempos en los que las balas, en vez de enviarse por correspondencia, se utilizaban para acabar con el inminente peligro de la superpoblación mundial. Tampoco son capaces de ver que usted no es una simple arquitecta porque, en realidad, no diseña edificios, sino sueños.

Poco más me queda por decir, excepto el reiterar mis agradecimientos a todos aquellos españoles políticos españoles, desearles lo mejor y animar a todo el mundo a que lea más periódicos, escuche más la radio y vea más telenoticias. No vaya ser que, por error, algún inocente y despistado madrileño acabe votando, el próximo 4 de mayo, a alguno de los (¿las?) responsables de que este fin de semana, en Madrid, se diera el espectáculo político más triste, vergonzoso y espeluznante que se ha visto en las últimas décadas.

Y por cierto, abajo el metro y arriba España, por Dios.

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2 Comentarios

  1. Genial artículo. A ver si se acaba ya el sálvame, la publicidad, y nos ponemos a hacer política de la de verdad.

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