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La revolución industrial llega a los streams

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Los creadores se someten a unas condiciones que parecen de otro siglo

La falta de regulaciones laborales para los creadores de contenido hace que sus condiciones laborales se asemejen más a las de hace 200 años que a las de un trabajo promedio actual

Jornadas de más de 10 horas, ir a trabajar enfermos o sin acabar de recuperarse, nadie que vele por ellos si hay algún problema durante el trabajo, miedo a faltar un día y ser sustituidos, no tener vacaciones…

Esto es lo que aprendimos en clase cuando dimos las revoluciones industriales y a lo que se someten los que se denominan creadores de contenido en internet hoy en día, en especial los streamers.

Un poco de contexto 

La revolución industrial que nos incumbe es la que ocupó la segunda mitad del S. XIX y principios del XX y a la que conocemos como Segunda revolución. En ella las fábricas cobraron especial importancia y los obreros dedicaban, sin más remedio, casi toda su vida a ellas.

Por otra parte, el trabajo del streamer consiste en entretener a una audiencia en directo a través de sus pantallas en plataformas como Twitch o YouTube entre otras.   

Como casi todas las tendencias, esta también viene de EE.UU., donde el capitalismo que se fomentó en las revoluciones industriales se muestra en una de sus más plenas formas en el mundo. Para ganar dinero necesitas destacar y para destacar cada vez más, hay que llegar a extremos más peligrosos y llamativos. Esto que no es nada nuevo en el mundo del espectáculo, que en el caso del stream ha tomado un matiz muy similar al de las condiciones laborales de hace 200 años.  

Fábrica | Fuente: Pixabay

En la actualidad 

Ahora destacas, no solo por ser el mejor, si no por hacer las jornadas más largas, por dar la imagen del creador que siempre estará ahí para su audiencia. Esto primero se vio con el aumento de las horas de directo al día superando las 8 horas diarias y, en ocasiones, sin respetar los fines de semana. Todo esto hasta que GiantWaffle (un streamer estadounidense) decidió llegar al extremo de minimizar al máximo las horas de sueño y estar delante de la cámara durante 19 horas diarias a lo largo de todo un mes, lo que suma un total de 527 horas. Lo que recuerda al comienzo del consumo del famoso té inglés por parte de los obreros británicos para rendir el mayor número de horas posibles minimizando las horas de descanso.

Todo esto parecía lejano, tanto geográfica como temporalmente, mucha gente en 2019 ni si quiera conocía el concepto de “directo”. Pero llegó la pandemia y con ella la que dicen que es la cuarta revolución, la revolución de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). Esta se mostró en su máximo esplendor y se volvieron a apreciar ciertos detalles de épocas anteriores. La historia es cíclica y las regulaciones aparecen una vez que el ciclo ha vuelto a empezar y los problemas han reaparecido, por lo que haciendo el símil los streamers en la actualidad se encuentran casi tan indefensos como los obreros de las fábricas en el S.XIX y los directos de decenas de horas son las nuevas jornadas de 12 horas de trabajos mecánicos  

Logo de Twitch | Fuente: Pixabay

 

En España 

En España tenemos el caso como el de Folagor, entre muchos otros que han realizado los llamados Subatón, en los que cada vez que el creador recibe una donación o suscripción el tiempo del directo aumenta llegando a sumar directos de más de 130 horas. Pero ahora, por esa necesidad de destacar para que el algoritmo te siga manteniendo en tu puesto dos creadores (El Bleda y Vulvarde), han decidido batir estos récords haciendo un directo durante 700 horas, es decir todo el mes de julio: 30 días, 24 horas al día mostrando su vida, cómo cocinan y comen, cómo se entretienen e incluso cómo duermen. Lo que puede llevar a un cansancio psicológico y emocional enorme.  

Esto se hace porque las cifras hablan y lo hace muy bien: el número de visualizaciones aumenta, el de suscripciones aún más y el cariño y fidelidad del público también. Este último punto suele ser el más importante para los streamers, pues hay un miedo general que los mantiene alerta: si sus seguidores se conectan y ellos no están el usuario se irá a otro directo y si le gusta más no volverá al anterior.

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