Sobre el devenir en tiempos de in-tolerancia

0
382

Fue Locke quien vino a conceptualizar por primera vez el término “tolerancia” que tan manidamente utilizamos en la actualidad y fue otro filósofo Popper quien jugó con el mismo plateando quiméricas dicotomías con el fin de reflexionar sobre las limitaciones de la permisividad social ante los excesos de algunos. ¿Podría una sociedad infinitamente tolerante conducirnos al totalitarismo?

Publicidad

Y es que una sociedad tolerante, un Estado tolerante se convierte en lugar, en espacio ideal para el pleno disfrute de uno de los principios intocables de la dignidad y esencia de las personas, “la libertad” y por ende de “expresión”; pues de esta manera convertimos nuestro espacio social en garante de la esencia humana frente al poder estamental y frente al poder de las mayorías. De ahí, que podríamos afirmar que la tolerancia se convierte en fundamento de todo Estado moderno democrático.

Sin embargo, no es menos cierto que para darse la misma es siempre necesario cierto grado de razón crítica y alerta cognitiva, y es que como vengo a sugerir, la tolerancia, o se cuida, se refuerza, se transmite, en definitiva, se educa o podríamos caer en la simple y sencilla destrucción de la misma. Creo recordar que fue Lukács quien definió el nazismo como la destrucción de la razón, lo que, y a pesar de poder ser tachado de exagerado o incluso de malagüero, no veo imposible, es más, estamos más cerca de ello de lo que podríamos pensar.

Sin ir más lejos en ocasiones la propia tolerancia, para según qué cosas puede ser signo inequívoco de la muerte de la democracia, lo que convengo como he venido a sugerir al principio es que al menos debemos hablar ya de post-democracia y como he anunciado la tolerancia mediática para que según qué cosas, vendría a corroborar mis prospectivas de que vamos a peor. Pues como digo cuando hace unos años (2017) 58 personas murieron y cerca de 550 fueron heridas en Las Vegas por un tirador, la Fox señalaba: “Este es el precio de la libertad!… Cabe mayor disparate, libertad de qué y para qué.

Es evidente que hablamos de libertad, libertad de comprar armas, libertad para modificarlas y conseguir mayor eficacia. Ese es sin duda el precio de la libertad. Incluso podríamos decir que la cuestión no es… armas sí o no, sino que sujetos como ese y tantos otros, son enfermos mentales y por ende es una cuestión de salud mental, debemos… ¿deberíamos ser tolerantes?  ¿seguir sin más cuestiones?

Un ultra-neo-liberalismo que sólo denota un devenir… un sujeto único capaz de servirse por sí mismo y donde todo lo demás incluso todos los demás pueden en determinados momentos ser medios a su disposición, el mejor puede y debe demostrarlos por su capacidad de imposición en el menor tiempo posible y al mayor número de gente (masa); en definitiva, sinónimo de la muerte de toda racionalidad política, la persuasión y la crítica y sin embargo mucho que ver con la frustración, la violencia, la depresión, el pánico y miedo. Sin ir más lejos un estudio realizado por Case-Deaton (2018) indicaba que los estadounidenses tienden a confiar menos en los demás que antes, y se encuentran más cómodos aislándose socialmente hablando y evitando posibilidad de nuevas amistades.   ¿Podría decirnos algo?

Sospecho que a estas alturas afirmar que la tolerancia nos conduce a una sociedad de sujetos intolerantes no es ni injustificable ni exagerado, sino más bien síntoma de un período donde una democracia erosionada, cada vez está, se encuentra más cerca de su disolución. Y esa máxima de Lukács de que el fascismo (nazismo) es la destrucción de la razón, más real que un mal presagio. Deberíamos estar preocupados al menos quienes pensábamos que la intolerancia del fascismo, nunca volvería al menos a verlo nosotros (Occidente). Vulgar simpleza la mía. Y el devenir no está escrito al menos del todo, pero sin embargo… ¿por qué nos empeñamos en parecer que no hay escapatoria?

Por José Turpín Saorín, antropologo.

 

Publicidad

Deja un comentario