Petardos (los que explotan y los que los hacen explotar)

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Pirotecnia
Fuente | iStock.com
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Aún se oye el eco de los petardos. Resuenan en las calles, dejan pólvora en el aire. La costumbre pirotécnica que acompaña a la Navidad se expande temporalmente cada año, superando incluso el periodo de fiestas.

Muchos no se paran a pensar las consecuencias negativas de esta práctica, que simplemente consiste en hacer ruido. A algunos les parecerá entretenido o divertido. A muchos simplemente nos molesta. Pero a otros les supone algo mucho más grave que un mal trago.

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Esto no es un artículo científico. No he estudiado las bases científicas de cómo esto afecta no solo a muchas personas, sino también a muchos animales. Pero cada vez son más los que comparten sus historias o las de sus seres queridos. Muchas personas del espectro autista hacen por refugiarse en sus casas, con sus auriculares o con tapones de oídos. También lo hacen personas con alta sensibilidad (PAS) o con alguna discapacidad. Incluso las personas mayores o los bebés. Pero escapar el ruido de una ‘traca’ no es sencillo. Muchas aves mueren en un intento de huir de algo que ni siquiera entienden. Y muchos perros se limitan a meterse debajo de la cama temblando, esperando a que pase.

Así es como por primera vez me planteé la nocividad de los petardos, de los fuegos artificiales y de cualquier tipo de pirotecnia. La nocividad de cara a los seres vivos, porque imagino que también haya otro tipo de factores negativos acarreados por esta práctica.

Mi perro sufre por los petardos. No sufre al nivel de muchos otros, que se paralizan, tiemblan y en ocasiones incluso mueren por parada cardiaca. El mío se esconde, busca refugio. No entiende qué pasa, y nada de lo que le digamos le consuela ni reconforta. No puede salir a pasear tranquilo durante la época de las fiestas porque está pendiente de que uno de esos estridentes sonidos le sorprenda en cualquier momento. Y si conseguimos sacarle a rastras, basta un petardo lejano para que se ponga en alerta y comience a regresar a casa. Esto es muy peligroso porque si está suelto puede echar a correr sin que podamos controlarlo.

En algunos lugares ya se ha prohibido esta práctica. Pero en muchos otros no. Y solo nos queda la empatía. Ponernos en el lugar de aquellos que perciben un petardo como un bombardeo, como un ataque. Además, una cosa es tirar petardos puntualmente y por un motivo, que ya me parece algo estúpido y sin sentido. Pero ¿por qué alargar esta práctica durante días? ¿Por qué prolongar el sufrimiento de muchas personas y animales sin motivo alguno?

Muchos los tiran a plena conciencia, sabiendo que no hacen ningún bien (de hecho, quizás con la intención de hacer mal). ¿Por qué no los tiráis en la intimidad de vuestro hogar? A ver si eso os hace gracia y así nos dejáis al resto tranquilos.

Considero que los petardos son maltrato animal, porque hay animales que mueren a causa de su estridente sonido. Pero, más importante aún, provoca un malestar en muchas personas, muchos humanos. Entonces, ¿por qué se permite esto? Cada vez más personas se conciencian al respecto y más acciones comienzan a considerarse. Pero es un tema que debe seguir hablándose para que la gente lo entienda. Yo misma no me había planteado lo grave que puede llegar a ser. Basta verlo en alguien cercano. En tu propia mascota. Y entonces se hace evidente.

A aquellos que encuentran diversión en tirar petardos, tanto a los que no se han planteado su nocividad como los que los tiran plenamente conscientes de ella, os invito a pensar si realmente merece la pena.

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