‘Yerma’: la insaciable sed moral de complacer

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El elenco de 'Yerma' tras su última representación el 22 de enero en el madrileño Teatro María Guerrero, sede del Centro Dramático Nacional | Fuente: Jorge Ferreño (El Generacional)
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Rodeada de un sólido elenco, una desgarradora María Hervás se entrega en cuerpo y alma al texto lorquiano, en su última revisión a cargo de Juan Carlos Martel

Pieza intermedia de la que hoy denominan ‘trilogía lorquiana’, Yerma (1934) fue el resultado de la voluntad de Federico García Lorca (1898-1936) por reinterpretar la tragedia griega, sin despojarla, eso sí, del inevitable y desgraciado destino de sus protagonistas. Mujeres sedientas y marchitas, como Yerma, privadas por la moral de la más mínima dignidad.

En esta ocasión, ha sido el catalán Juan Carlos Martel Bayod, director de la Fundació Teatre Lliure de Barcelona, el encargado de «volver a traer al presente» la complejísima obra que es Yerma. En sus palabras, «un sueño -o más bien una pesadilla-» de la que no se puede salir.

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El dolor moral de ser mujer

Yerma es una mujer esclava de la moral. Una moral que deshumaniza su ser, haciendo que pierda la cordura y recordándole día y noche que su única función como mujer del campo es la de dar a luz a una nueva criatura.

«Estos dos manantiales que yo tengo de leche tibia, son en la espesura de mi carne, dos pulsos de caballo, que hacen latir la rama de mi angustia»

Yerma no comprende para qué cuenta entonces con «dos manantiales de leche tibia» si no son para dar de beber a un hijo. Un hijo por el que ha de sufrir, aunque éste por serlo sienta pesar; por el que ha de derramar sangre que, en su defecto, se volverá veneno.

«Tener un hijo no es tener un ramo de rosas. Hemos de sufrir para verlos crecer. Yo pienso que se nos va la mitad de nuestra sangre. Pero esto es bueno, sano, hermoso. Cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos, y cuando no los tienen se les vuelve veneno, como me va a pasar a mí»

En definitiva, una mujer que sufre por la idea de ser mujer. Se siente incomprendida, inservible si no es para lo que dicta la moral y el qué dirán. «Palabras y medios gestos» que niegan la insaciable sed que conduce a la mujer al más trágico destino: acabar con su esperanza de ser lo que se le ha encomendado.

«Quiero beber agua y no hay vaso ni agua»

Una producción del Teatre Lliure de Barcelona

La obra ha sido producida bajo la dirección de Martel en el Teatre Lliure de Barcelona, donde fue estrenada y representada durante casi dos meses, entre el 18 de noviembre y el 12 de diciembre de 2022. Joan Amargós (Juan), María Hervás (Yerma), David Menéndez (Víctor), Bàrbara Mestanza (Hembra), Marta Ossó (María), Isabel Rocatti (Vieja) y Yolanda Sey (Muchacha) han conformado el elenco. Frederic Amat, ha sido el encargado del espacio escénico, una estructura circular mecanizada; Maria Domènech, de la iluminación; Raül Refree, de la música original, y sonido junto a Roc Mateu.

Últimas funciones en Madrid

Tras varias decenas de funciones en Barcelona, la obra llegó el pasado día 13 de enero al Teatro María Guerrero de Madrid, sede del Centro Dramático Nacional (CDN).

De la Sala Grande de este Teatro se despedía ayer el elenco, entre los vívidos aplausos de un público visiblemente emocionado. Y es que menos de una semana de representaciones le han bastado a la producción de Martel para agotar todas las entradas en el escenario madrileño.

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