El “asian hate”: ¿el verdadero virus es el racismo?

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Los manifestantes que sostenían pancartas que leían "el odio es un virus" y "alto con el odio asiático" se congregan en Washington Square Park | Fuente: BBC

La pandemia Covid-19, que apareció en la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei en China, a principios de diciembre de 2019, ha provocado un aumento de los incidentes vinculados al miedo a contraer el virus, a la sospecha, o incluso a la hostilidad, en primer lugar hacia personas de origen asiático, luego de otros orígenes tras la aparición de nuevos focos infecciosos. De ese modo, las respuestas políticas relacionadas con Covid-19 han afectado de manera desproporcionada a las personas de color y a los migrantes: personas que están sobrerrepresentadas en grupos socioeconómicos más bajos, que tienen acceso limitado a la atención médica o que trabajan en trabajos precarios, lo que se ha analizado como un posible aumento de la xenofobia.

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Ahondando en este tema, cabe resaltar que el racismo en tiempos de emergencia mundial no es del todo nuevo, como lo han demostrado las pandemias anteriores a lo largo de la historia. De hecho, algunas pandemias se han asociado con el odio y la violencia contra grupos minoritarios (tales como por motivos de etnia, religión, migración y sexualidad). Por ejemplo, la epidemia de peste de 1900, que se cree que se originó en el barrio chino de San Francisco, se ha denominado «enfermedad oriental, peculiar de los consumidores de arroz» por el entonces cirujano general de los Estados Unidos. La respuesta ha sido el racismo generalizado y la detención arbitraria, durante meses, de casi un cuarto de millón de inmigrantes asiáticos. También se ha entablado un paralelo entre la gripe española de 1918 y la epidemia de COVID-19, puesto que ambos eventos ocurrieron en un contexto de prejuicios raciales y racismo sistémico similares.

Otra relación entre COVID-19 y el racismo se manifiesta en el efecto sobre el surgimiento del nacionalismo y el populismo, y sus efectos en las relaciones raciales percibidas durante una pandemia. El nacionalismo excluyente y el racismo suelen estar vinculados. Históricamente, la primera mitad del siglo XX fue una época de creciente nacionalismo en todo el mundo. Cuando estalló la peste bubónica, los sentimientos antiinmigrantes se intensificaron en muchos países como Estados Unidos, Sudáfrica, Argentina y Australia. En los Estados Unidos, este es un momento en que el racismo contra los negros alcanzó su punto máximo con la segregación. Asimismo, la epidemia de gripe española de 1918 generó odio y violencia contra los afroamericanos. En Europa, la epidemia de tifus, que causó muchas muertes en el continente, se utilizó para justificar la persecución y el asesinato, y estuvo implicada en los genocidios, en la masacre de judíos durante el Holocausto y en la masacre de armenios.

La enfermedad es un rasgo estigmatizado común entre las personas que buscan evitar ser portadores sospechosos para proteger su propia salud, como fue el caso durante la epidemia de SARS a principios de la década de 2000. Muchas personas con COVID-19 permanecen asintomáticas y propagan el virus sin su conocimiento. Como resultado, algunas personas recurren a otros rasgos no relacionados con la salud en un intento de identificar posibles portadores.

Una de las tendencias más pronunciadas durante la pandemia de Covid-19 ha sido el aumento de los prejuicios contra las personas de ascendencia asiática, que pueden derivarse del racismo sistémico y están arraigados en estereotipos seculares. Los sentimientos del pasado han resurgido con respecto a las malas condiciones sanitarias y la suciedad atribuida al pueblo y las regiones chinas. Este estereotipo se atribuye a las ciudades grandes y superpobladas de China y los correspondientes barrios chinos de alta densidad en otros países. También circularon otros estigmas sobre «alimentos y hábitos extraños» en estas áreas.  Se ha denunciado la idea politizada de un «virus chino» que produce la ilusión de un solo punto de origen, así como la ilusión de responsabilidad local aislada, habiendo ofrecido el mercado de Huanan en Wuhan a los periodistas internacionales la parte de un evento zoonótico de fantasía. donde se cree que un virus de murciélago latente en un animal «salvaje» se ha propagado a los humanos debido al prejuicio de que todos los chinos comen tales cosas.

La discriminación sistematizada ha llegado más allá de una segregación, llegando a tal punto que en varios puntos del Norte Global, se han cometido presuntos crímenes de odio: En Estados Unidos, una serie de tiroteos que ocurrieron en tres balnearios de Atlanta en los que murieron ocho personas, seis de las cuales eran mujeres asiáticas, tuvo como consecuencia que la alarma ante estos actos atroces discriminatorios en sociedad civil se activara: a raíz de ello, nació el movimiento “Stop Asian Hate”, el cual engloba varias manifestaciones contra la violencia asiática que se llevaron a cabo en aquel país en 2021 en respuesta al racismo contra los asiático-americanos relacionado con la pandemia de COVID-19.

Lamentablemente, estas atrocidades no han ocurrido únicamente en territorio estadounidense: el año pasado, se denunciaron a la policía más delitos de odio contra los asiáticos en Vancouver, Canadá, una ciudad de 700.000 habitantes, que en las 10 ciudades más pobladas de Estados Unidos juntas. El 26 de enero de 2020, dos de los periódicos de mayor circulación de Australia publicaron titulares provocativos. El titular del Herald Sun de Melbourne decía: «Virus pandamonium chino», un error ortográfico de «pandemonium» que alude a los pandas nativos de China, mientras que el titular del Daily Telegraph de Sydney decía «Los niños chinos se quedan en casa». En Bélgica, una mujer belga de origen chino fue llamada «coronavirus», amenazada y escupida por cinco jóvenes en Schaerbeek. En Munich, Alemania, una mujer alemana de ascendencia china fue agredida por un vecino, quien la roció con desinfectante, le gritó «Corona» y la amenazó con cortarle la cabeza. Éstos son algunos de muchos ejemplos de actos de odio contra la población asiática en tanto países desarrollados, como en vía de desarrollo.

Un monumento a las víctimas de una matanza en Atlanta, el martes por la noche, que cobró la vida de ocho personas, seis de las cuales eran mujeres de ascendencia asiática. Fuente: The New Yorker. Fotografía por Megan Varner.

Sin embargo, a diferencia de pandemias anteriores a lo largo de la historia, esta respuesta racista como fenómeno social supone una problemática más preocupante aún. En un mundo globalizado en donde la nacionalidad y la identidad ya no existen en función del fenotipo, las instituciones democráticas se ven debilitadas ante el alza de un sentimiento colectivo de odio en contra de una minoría que, si bien puede verse diferente, inherentemente goza de los mismos derechos que todos los demás habitantes de cualquier país democrático.

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