Sofía Letona: «Nosotros no deberíamos existir, pero sin nosotros, la gente se muere»

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Pacientes durmiendo en suelo en un hospital temporal de COVID-19 en la Ciudad de Guatemala. | Fuente: elPeriódico
Hospital temporal para pacientes COVID-19 en Ciudad de Guatemala | Fuente: elPeriódico

Las obligaciones de un Estado son asegurar la seguridad, justicia y educación para sus ciudadanos. En tiempos de pandemia, el cumplimiento de éstas se deja entrever de manera muy fácil en las coyunturas nacionales. En este artículo, exploramos la despiadada realidad actual en el pequeño país centroamericano de Guatemala desde los ojos de la fundadora de una asociación de ayuda humanitaria que ha luchado por la vida de miles de personas.

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Para comenzar, he aquí algunos datos de lo que ocurre actualmente en aquel lugar cuyo nombre puede sonar exótico al oído de muchos: Guatemala es actualmente el sexto país del mundo con peores índices de malnutrición infantil. Los índices de malnutrición infantil alcanzan hasta el 80% en algunas áreas de la Guatemala rural, donde la mayor parte de la población es de origen maya. Este crudo contexto se vio agravado con la llegada de la COVID-19, en donde muchas personas que ya vivían en pobreza, cruzaron la línea hacia la pobreza extrema, miles de niños y niñas dejaron de poder asistir a la escuela, los hospitales colapsaron y, con el arribo del resquicio de esperanza que trajeron las vacunas, hoy en día contamos con que somos el penúltimo país en la región con menos dosis administradas a la población. Dentro de esta sombría situación, todos nos preguntamos: ¿y en dónde está el gobierno?

Conversando con Sofía Letona, una de las fundadoras de Antigua al Rescate, una asociación que nació luego de la erupción del Volcán de Fuego en 2018 que oficialmente dejó a al menos unas 500 personas calcinadas a muerte, ahondamos en la grave crisis que atraviesa la política de este país. Hace unas semanas, el país entero puso el grito en el cielo ante la circulación de imágenes de uno de los hospitales de COVID-19 en donde se observaba a los pacientes acostados en el suelo. Ante esto, la asociación logró recaudar fondos y coordinar la donación de varias decenas de colchonetas a diversos hospitales del país para que los enfermos pudieran recuperarse del virus de una manera digna.   

Gracias a su experiencia como activista y como agente de cambio en situaciones de crisis como catástrofes naturales, las caravanas migrantes que atraviesan el territorio nacional y la situación alarmante de la desnutrición infantil en el país, Letona nos cuenta que  “cuando te enfrentás a un monstruo corrupto (el gobierno) que tiene tentáculos en cada espacio de tu vida, tenés que tener algo de incidencia (…) tiene que ser la sociedad civil la que accione ante una crisis humanitaria, porque todo el mundo nada más está en el activismo virtual o físico, pero si no hay nadie que detenga el fuerte aunque sea un poquito, dejás a esta gente que está enferma y aterrorizada, sola”.

Además, ella comenta que ella sabe que ellos como asociación no deberían existir, pero si no estuvieran ahí, por ejemplo, la gente enferma de COVID, sin las colchonetas seguiría durmiendo en el suelo. En ese sentido, Letona menciona que a pesar de no recibir ni un centavo de sueldo por su labor, es “esa poca humanidad que tiene que venir de nosotros” y que “en cada conflicto tiene que haber un elemento humano que te recuerde que hay que tener empatía a los demás”.

Ante la frustración que le puede causar pagar impuestos y aún así no recibir nada a cambio, ella opina que “la mejor forma de dar batalla no es resistir sino accionar y ayudar un ser humano por amor”. Ahondando en eso, en cuanto a lo que ella espera que cambie dentro de la sociedad civil, ella ve esperanza en que ahora “con el COVID pasó algo maravilloso, y es que nos dimos cuenta de que hay cosas que nos tocan a todos. Hasta que no sean tus muertos no te vas a dar cuenta. Y hay cosas que nos afectan a todos sin importar quiénes somos o qué tengamos”. Así, ella invita a los jóvenes a darse cuenta que son los gobernantes que el pueblo puso en el poder los que nos dejaron solos en la pandemia, y que eso es prueba suficiente para decir “ya basta” y que debemos involucrarnos, dejar de ser indiferentes, educarnos y darnos cuenta qué tipo de país queremos y votar acorde a eso, y que sobre todo, no podemos dejar de tener humanidad y en la medida de lo posible, si tenemos el privilegio de que nos sobre algo, dar un poco al prójimo para que la realidad que vive mucha gente no continúe siendo tan sombría.

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