GRECAS aterriza en Zaragoza con la primera de sus dos fechas en la Sala Oasis, firmando una noche que rozó el lleno absoluto
Desde antes del inicio, el ambiente ya anticipaba lo que estaba por venir: un público joven, entregado y con ganas de corear cada tema.
El concierto arrancó a las 20:45 horas con una puesta en escena que jugó con el factor sorpresa. El escenario aparecía cubierto por un fondo blanco que ocultaba todo lo que había detrás, generando expectación entre los asistentes. GRECAS salió para abrir con Grumo y sabor fuet, apareciendo con un fuet en la mano y desatando las primeras reacciones del público.
Fue tras ese primer bloque cuando llegó uno de los momentos más impactantes del show: el telón blanco se retiró y dejó al descubierto el verdadero escenario, con un taxi real y el característico poste con su logo, acompañado de una pantalla que simulaba un taxímetro. Una transición que reforzó la narrativa de su historia de taxista a artista y que elevó la puesta en escena a otro nivel.

Gran parte del repertorio estuvo centrado en su último trabajo, Escrito en la M30, con temas como Kan Saito, Hiccup, Pornstar, Grecocabra, Qué culpa tiene el lunes de no ser un sábado o Disney Flus, todos ellos coreados de principio a fin.
El concierto también dejó espacio para la nostalgia, con canciones ya consolidadas como Greco Fernanda, De la Sierra y Heredero, que elevaron aún más la energía de la sala.

Uno de los momentos más tensos de la noche llegó cuando un asistente lanzó un vaso al escenario. A pesar del incidente, GRECAS supo mantener la calma y continuar el espectáculo sin perder la conexión con el público.
El cierre fue puro espectáculo: una versión techno de Qué culpa tiene el lunes de no ser un sábado desató la locura colectiva. Como broche final, el artista repartió fuets entre el público, dejando una imagen tan surrealista como icónica. Zaragoza vivió así una noche intensa y vibrante, en la que GRECAS demostró que su directo es, ante todo, una experiencia.


