Una semana en la que tradición y tendencias conviven en el corazón de la capital andaluza
Cada primavera, la Feria de Abril de Sevilla convierte la ciudad en uno de los grandes puntos de encuentro de la cultura andaluza. Durante una semana, sevillanos y numerosos turistas llenan el recinto ferial. En ese ambiente, la forma de vestir tiene un papel muy importante. No es obligatorio llevar el traje tradicional, pero sí es habitual, y marca la diferencia entre ser espectador o sentirte parte de la Feria.
Origen de la Feria de Abril de Sevilla
La Feria de Abril de Sevilla nació en 1847 como una feria ganadera en el Prado de San Sebastián. Al principio era un evento comercial, donde se compraba y vendía ganado. Con el paso de los años, la feria fue cambiando. Empezaron a aparecer casetas y música, y poco a poco la parte social y festiva fue ganando importancia frente a la parte comercial. En ese contexto, comenzó a popularizarse la vestimenta que hoy conocemos como traje de flamenca o “traje de gitana”.
Este nombre tiene su origen en las mujeres gitanas que acudían a la feria para trabajar. Ellas vestían batas de percal, prendas sencillas y ajustadas con volantes. Con el tiempo, estas prendas llamaron la atención de las clases más acomodadas y adineradas, que comenzaron a adoptarlas y poco a poco el traje de gitana comenzó a ser un símbolo de identidad andaluz.
En 1973 se trasladó al barrio de Los Remedios, donde se celebra actualmente, y se organizó tal y como la conocemos hoy, con calles de casetas, alumbrado, paseos de caballos y un ambiente festivo.
La moda femenina, el traje de flamenca:
El traje de flamenca es el gran protagonista de la Feria. Se trata de un vestido ajustado, con volantes y normalmente con estampados como los lunares, aunque cada vez existe más variedad de diseños. A diferencia de otros trajes regionales, este cambia con el tiempo y sigue las tendencias.
Podemos destacar firmas y diseñadoras muy representativas como son Rocío Peralta, Aurora Gaviño, Lina o Victorio & Lucchino. Muchas de estas propuestas se presentan cada año en el SIMOF (Salón Internacional de la Moda Flamenca), en donde se marcan las tendencias cada año.



El look se completa con una serie de complementos que no son solamente decorativos, sino que forman parte de la estética flamenca. El mantón, normalmente bordado, se coloca sobre los hombros y se cruza por delante, de esta forma se ajusta al cuerpo y estiliza la figura de la mujer.
La flor, uno de los elementos más característicos de las flamencas, se coloca en la parte superior de la cabeza o ligeramente hacia un lado, nunca baja ni caída, y suele ir combinada tradicionalmente con el color del vestido. Los pendientes suelen ser grandes y coloridos.
Un momento clave es la noche del pescaíto, la cena previa al inicio oficial de la Feria. Esa noche tiene un carácter mucho más informal y, a diferencia del resto de días, lo habitual es no vestir de flamenca. En su lugar, muchas mujeres optan por vestidos de invitada o conjuntos más actuales, recurriendo a marcas más accesibles y populares, ya que el traje tradicional se reserva para los días grandes, a partir del encendido del alumbrado.



La moda masculina:
En el caso de los hombres, la vestimenta es mucho más sencilla y menos cambiante. El traje típico es el traje corto andaluz que cuenta con una chaquetilla, un pantalón ajustado y una camisa blanca.
En este ámbito destacan sastrerías y firmas especializadas como Scalpers, una de las más representativas de Sevilla. Aunque por otro lado, también siguen teniendo mucha relevancia los talleres artesanos y marcas locales que confeccionan los trajes a medida, manteniendo calidad y tradición.
Organización de la Feria:
La Feria se celebra en un recinto específico conocido como el Real, un espacio amplio que durante esos días se transforma por completo con calles decoradas, farolillos y filas de casetas.
Comienza con la tradicional cena del pescaíto y el posterior encendido del alumbrado, conocido como alumbrao, que marca el inicio oficial. A partir de ahí, durante el día el ambiente es más tranquilo y tradicional, con el reconocido paseo de caballos y carruajes como uno de los grandes atractivos.
Estas casetas pertenecen a familias, grupos de amigos, empresas o instituciones, y es el lugar en el que las personas pasan el día, funcionan como pequeños espacios privados donde se come, se bebe y se baila. Aunque la mayoría son de acceso restringido, también existen casetas públicas a las que puede entrar cualquier visitante.
Al llegar la noche, todo cambia. Las casetas se llenan de gente y música, y todo el ambiente adquiere un carácter mas social.


