Recordamos la trayectoria de La más grande 19 años después de su muerte
El 1 de junio de 2006 se apagó una de las voces más potentes y queridas de nuestra música: Rocío Jurado. La chipionera que conquistó escenarios y corazones de todo el mundo. 19 años después, seguimos recordándola como La más grande.
Rocío nació un 18 de septiembre (año incierto entre 1944 y 1946) en Chipiona, Cádiz. Desde pequeña, su vida ya olía a música. Su madre era ama de casa y cantaba música española. Su padre, zapatero y enamorado del flamenco, aunque nunca profesional, la empapó de tradición.
Con solo ocho años pisó por primera vez un escenario en el colegio Divina Pastora y desde entonces no dejó de ganar concursos en la radio. De hecho, en 1958, con apenas doce años, se llevó su primer premio: 200 pesetas, una botella de gaseosa y unas medias.
Rocío fue rompedora. No solo en lo vocal, sino también por su imagen. Subió a los escenarios con vestidos de noche cuando aún la copla exigía volantes y lunares, aunque nunca dejó tampoco de subir con volantes, peinetas y batas de cola. Su forma de vestir, de cantar y de contar emocionó a generaciones y abrió puertas para muchas otras artistas. No es casualidad que le llamaran La más grande.
Internacionalmente, Rocío fue un orgullo patrio. Cantó en la Casa Blanca para Reagan, fue coronada Lady España, Lady Europa, y recibió una estrella en la calle Ocho de Miami. En 1996, el Rey Juan Carlos I le entregó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Cádiz la nombró Hija predilecta y hasta Nueva York la reconoció como la mejor voz femenina del siglo.
Una artista muy familiar
Pero Rocío no solo fue una estrella, también fue madre, esposa, hermana y amiga. Se casó por primera vez en 1976 con el boxeador Pedro Carrasco en el Santuario de la Virgen de Regla en Chipiona. Fue una boda tan multitudinaria que tuvieron que llevarla en hombros hasta el altar. De esa unión nació Rocío Carrasco. Años más tarde, en 1995, volvió a enamorarse y se casó con el torero José Ortega Cano, con quien adoptó a dos hijos, Gloria Camila y José Fernando. Siempre estuvo muy unida a su familia. Su hermano Amador fue su representante y su cuñada Rosa Benito, su estilista.
Mi abuela Rocío: sitio de culto para los fans
La casa que Rocío compró en Chipiona en el año 1988 llamada Mi abuela Rocío por el amor que la cantante le tenía a su abuela que también se llamaba Rocío, hoy es un lugar de peregrinación de fans de todo el mundo. Los visitantes que a su puerta acuden escriben dedicatorias a la memoria de la artista.
Cuando Rocío vivía, cada 8 de septiembre, desde el icónico balcón de Mi abuela Rocío, la familia salía a ver la procesión de la Virgen de Regla, de la que Rocío era muy devota.
Desde 2006, ese balcón se quedó sin su voz, pero no sin su esencia.
Un gran legado
Rocío Jurado dejó un gran legado: nueve películas, veinte discos y canciones eternas como El clavel, Se nos rompió el amor, o Como yo te amo. Hoy, su memoria sigue viva en el Centro de Interpretación Rocío Jurado, un museo dedicado a la trayectoria de la artista en su cuna chipionera.

