El Teatro María Guerrero acogerá Blast desde el 11 de mayo hasta el próximo 19 de junio
Andrea Jiménez y Noemí Rodríguez, creadoras y directoras de Blast cuentan que esta pieza «es un ensayo en movimiento, una fiesta, una tertulia, un consultorio político-emocional, un musical, un gabinete de crisis, una misa, un mitin, un manifiesto desordenado, un golpe en la mesa, un exorcismo, un canto a la divergencia, un proyectil hacia el futuro. Lo imposible hecho materia».
La generación zeta siempre ha conocido la crisis. Nacimos en ella y nos formamos ahora como adultos en otra, en medio de una incertidumbre colosal amparada por la falsa idea del sacrificio y su recompensa. Pero ¿qué se puede hacer encima de un escenario para intentar cambiar el mundo? Blast, espectáculo coproducido por el CDN, Barco Pirata y Teatro en Vilo muestra a siete jóvenes elegidos mediante un largo proceso de convocatoria abierta que alzarán la voz en el Teatro María Guerrero desde el 11 de mayo hasta el próximo 19 de junio.
Andrea Jiménez y Noemí Rodríguez son las componentes de Teatro en Vilo y las directoras de esta producción que definen como “un encuentro entre nosotras, dos directoras no muy mayores y estos siete jóvenes increíbles, carismáticos, talentosos y sabios”. Supone también “un encuentro entre ellos mismos y con el público”.
La pieza constituye las respuestas a muchas de las preguntas surgidas a través de improvisaciones en los talleres planteados durante los ensayos. Según Andrea, “queríamos generar un espacio que saliese del pensamiento apocalíptico y distópico y poder trazar juntos un camino de luz que no tuviera que ver simplemente con la queja”.
Por su parte, Noemí define Blast como “un intento loco para aportar ideas y soluciones desde un escenario. Algo que pueda generar un impacto de cambio en un mundo que cada vez parece que nos gusta menos. Un intento para salir de la desidia e ir a la acción”.
970 aspirantes se presentaron a la convocatoria
“¿Qué le dirías a la humanidad si pudieras hablarle durante un minuto?” fue la pregunta que lanzaron Noemí y Andrea como punto de partida para la primera prueba. Después de 970 vídeos presentados, muchas fases y talleres, el elenco definitivo lo acabaron conformando Julia Adun, Nadal Bin, Conchi Espejo, Iván López-Ortega, Saúl Olarte, Álex Silleras y Alejandra Valles. Esta última comenta que “la convocatoria abierta fue un proceso largo e intenso que viví con muchísima curiosidad. También fue doloroso ver cómo muchos compañeros con los que había hecho algunas de las audiciones nos iban dejando”.
“Vimos cada uno de los vídeos en una semana, pero de repente, sin querer, eras consciente de cuál capturaba tu atención… gente que iba más allá en su discurso o que su propuesta visual era fascinante” comenta Andrea sobre las primeras semanas de trabajo.
Saúl Olarte reconoce la peculiaridad de este proceso porque no han sido los típicos 45 de ensayo estipulados, sino que ha sido algo continuado durante mucho tiempo. Las directoras les avisaron que estuvieran libres y descansasen porque esto solo les iba a pasar una vez en la vida. “Y es verdad, yo viviré otros procesos, pero no así. Hemos creado una cosa muy bonita y contamos nuestras historias en escena, pero solo es una pequeña parte, porque somos muchísimo más”.

La conexión entre los siete integrantes ha sido un mérito de las creadoras que miraron con lupa cómo podrían encajar entre ellos. “Ha sido una especie de laboratorio donde siete individuos, como si fueran siete ingredientes, se activan entre sí y nosotras teníamos que buscar cuál podía ser la fórmula perfecta para hacer que todo congeniara”. Alejandra admite esa sensación de incertidumbre al principio. “Todes sentíamos que no pegábamos ni con cola, pero por eso precisamente nos seleccionaron, para que nos interesásemos por los demás y aprendiésemos les unes de les otres”.
Una diferencia generacional
Sin embargo, esta energía no solo se ha quedado en el reparto, también se ha extendido a las directoras, que era la primera vez que trabajan con gente más joven que ellas. Andrea comenta cómo “por un lado tienes la responsabilidad de ser más mayor y tener más experiencia, pero a parte hay algo de incipiente amistad, de cuidado, de transmitir lo que sabes y acompañarles en su crecimiento artístico”.
Aunque la diferencia de edad entre unos y otras no sea tan grande, Noemí admite haber sentido diferencias generacionales. “Me ha parecido muy bonito su arrojo a la hora de ser ellos mismos, en torno a lo que tiene que ver con la sexualidad. Las personas LGTBI de mi generación todavía estábamos en bastante conflicto. Esta generación está más libre. Han crecido en un mundo muy artificial, pero son personas tal cual, sin prejuicios ni relieves, ni máscaras”.
Saúl y Alejandra confirman este salto generacional, pero reconocen que “ha habido mucha comunicación y diálogo. Ellas han hecho por escucharnos y en cuanto al vestuario, por ejemplo, querían que nos viéramos cómodos con lo que iba a llevar el personaje”.

El teatro como lugar de libertad
Sin duda, Blast ha supuesto un punto de inflexión en la trayectoria de Teatro en Vilo, que este agosto cumple ya diez años. Es la primera pieza que les lleva a crear un cambio de lenguaje, combinando la comedia con temas como el racismo o el ecologismo. Andrea comenta que “con este montaje he llegado a sentir que el teatro no iba a ser suficiente para cambiar el mundo, y que la única manera de hacerlo era estar en el activismo y en la calle, pero en el fondo, creo que el teatro es de los pocos sitios seguros que nos quedan, un lugar de libertad muy poderoso”.
Aunque la sensación de hartazgo entre los jóvenes sea generalizada, la explosión que produce Blast removerá entrañas y conciencias porque a cada uno de los siete miembros del elenco este montaje les ha hecho reafirmarse en algo. Para Alejandra “Blast me ha devuelto el espíritu, la fuerza y las ganas de transgresión, de búsqueda, de fundación de espacios seguros desde los que construir, explorar y batallar” y Saúl sabe mejor que nunca que “soy un mariconazo, un pedazo de travesti y quiero ser una persona politizada y político en mi día a día”.
En los tiempos que corren, ya solo el hecho de ser joven te hace disidente. Esta pieza también lo es. Muestra la realidad, la verdad y el corazón de siete personas que buscan reconocimiento, futuro y tiempo.


