Un nuevo ritual a manos de Nicola Cruz
La noche del pasado 10 de junio en Sala But se transformó en un verdadero ritual sonoro con Nicola Cruz como chamán electrónico. El productor ecuatoriano presentó su nuevo universo musical centrado en Kinesia (2024), su disco más reciente, donde abandona los clichés del folklore digital para sumergirse en texturas experimentales, techno orgánico y ritmos rotos.
María Latina, antesala de sonidos coherentes
La velada comenzó con un vibrante warm-up a cargo de la dj colombiana María Latina, quien ofreció un set repleto de colores y energía technera, cargado de percusiones vivas, vocales latinas intervenidas y un groove profundo que encendió al público desde temprano. Su selección propuso una perfecta antesala a la exploración que vendría después.

Empezaba el ritual de la noche a manos de Nicola
Con Nicola Cruz ya en cabina, el viaje sonoro se tornó más introspectivo y conceptual. Arrancó con Miso (feat. machìna), un tema marcado por su métrica inusual de 5/4 y una voz robótica que emergía sobre un ritmo quebrado, anunciando que esta nueva senda abraza la experimentación con estructuras rítmicas desafiantes como en Intratelar y Perma pero sin dejar atrás la calidez ancestral que siempre lo ha definido.
La propuesta continuó con atmósferas penetrantes: Biofeedback integró percusiones meta-orgánicas, mientras Echo Distante introdujo la voz de Marcela Dias, aportando una dimensión emotiva que equilibró la energía eléctrica de la sesión. La pieza álgida Telepathine, con su bajo profundo y mantra electrónico, enmudeció momentáneamente a la sala, dejando claro que Kinesia no solo baila: induce estados de trance contemplativo.
Lo más destacado fue cómo Nicola enlazó secuencias con delicadeza, modulando la tensión emocional con transición fluida entre ritmos hipnóticos, momentos introspectivos y brotes rítmicos intensos.

Los visuales, ejecutados en vivo durante toda la noche, fueron otro de los grandes protagonistas. Sobre una superficie líquida se proyectaban formas psicodélicas que se movían al ritmo de los beats, generando una experiencia hipnótica y orgánica. Cada burbuja, cada cambio de color, parecía responder intuitivamente a la música, creando una sinestesia sensorial entre lo sonoro y lo visual. El viaje sonoro centrado en Kinesia demostró que Nicola Cruz no teme reinventarse.
Radioactive Man marcó el cierre de la noche
El cierre de la noche quedó en manos del legendario productor británico Radioactive Man, quien recogió la energía dejada por Cruz y la catapultó hacia un electro cargado de texturas ácidas y pulsos analógicos. Su set, más cerebral y maquinal, marcó el contraste perfecto para terminar la noche con intensidad.

En resumen, la noche fue un viaje bien curado, donde tres propuestas distintas María Latina, Nicola Cruz y Radioactive Man construyeron un arco sonoro impecable. Entre los beats experimentales, los visuales líquidos en movimiento y la respuesta entregada del público, quedó claro que esta cita en Madrid fue mucho más que un concierto, fue un performance audaz, coherente y hipnótico, donde tradición y futuro coexistieron en perfecta sintonía.


