Diles que no me maten es la repetición, el asfalto y el trance del Tour Terrestre
Hay bandas que componen canciones y hay otras que construyen estados de hipnosis. Diles que no me maten pertenece al segundo grupo. Emergidos del circuito subterráneo de la Ciudad de México, su propuesta no busca complacer con estructuras pop tradicionales, sino arrastrar al oyente hacia un bucle de krautrock, post-punk y poesía hablada que se siente como caminar de noche por una metrópoli saturada.
Con el Tour Terrestre llevándolos por Sudamérica y Europa y su más reciente álbum Escrito en agua, conversamos con la banda sobre la evolución de su discografía, los mitos de su proceso creativo y la fricción de llevar su sonido terrenal a otras latitudes.
De la Penumbra al Asfalto: Origen y Sonido
Pregunta: Su nombre carga con una referencia literaria pesadísima —el grito de auxilio de Rulfo—, pero su música no suena al campo seco, sino al asfalto húmedo y al encierro urbano. ¿El nombre funcionó al principio como una profecía autorrealizada para el sonido de la banda, o han tenido que pelear contra la etiqueta de ser «la banda oscura de la CDMX»?
Respuesta: Me parece que siempre se pelea con las etiquetas, pero de igual manera surgen de manera natural. Crecimos en la Ciudad de México, es una ciudad fantástica, pero también sofocante, siempre se está buscando la manera de escapar de alguna manera. Nuestros primeros discos suenan a asfalto mojado como los veranos en la Ciudad de México y a azoteas del centro de la ciudad para ver el atardecer.
Después empezamos a viajar mucho y nuestro sonido fue influenciado por otros lugares de México; especialmente la selva de Veracruz y el desierto de chihuahua.
P: Si comparamos los pasajes sofocantes de sus primeros trabajos (Cayó de su gloria el diablo, Edificio) con la frescura más directa y la luz de sus lanzamientos más recientes, se nota una limpieza en la mezcla. ¿Esta evolución fue un cansancio natural del ruido denso o descubrieron que el impacto emocional es más fuerte cuando hay menos capas tapando la voz y la batería?
R: Fue natural.
La alquimia creativa en el camino de Diles que no me maten
P: En su música, la improvisación no se siente como un virtuosismo egoísta, sino como un ejercicio de telepatía colectiva donde la poesía funciona casi como un instrumento melódico más. ¿Cómo se da el chispazo inicial en el ensayo? ¿Nace primero el texto como un eje conceptual que guía el ruido, o dejan que la jam genere un trance sonoro para que la letra aparezca después a reclamar su espacio?
R: Depende de la canción. Al principio de o banda la letra era lo último en llegar lo primero era la impro colectiva y de manera casi mágica siempre quedaban bien al juntarlas en el primer o segundo intento.
Ahora la letra tiene más peso en la estructura. Sin embargo, primero siempre está la música incluso en la poesía.
P: Hay una tensión muy particular en la forma en que la poesía entra en sus temas: a veces es un susurro, a veces una ráfaga casi hipnótica. ¿Cómo identifican en qué momento un poema o un texto necesita convertirse en canción y cuándo es mejor dejarlo guardado en una libreta? ¿Qué tanto cambia la intención de la palabra cuando la atraviesa la distorsión del resto de la banda?
R: Cuando hago una canción y me acuerdo de ella al día siguiente sin escribirla, sé que es una canción que continuará conmigo. Luego entonces la escribo, después se la muestro a otro de la banda. Pero esto solo aplica para la canciones más folk que tenemos.
Muchas veces las canciones son collages de mi diario cantados encima de un jam.
P: Mantener ese estado de concentración e improvisación pura requiere un entorno muy específico. ¿Existe alguna manía, fetiche o elemento indispensable en su proceso de creación?
R: Tratamos siempre de construir el espacio adecuado, pero esto es algo normal. Creo que el espacio interno de cada quien y de la banda como relación es lo más importante. Crear un buen viaje, un buen día de paseo es por lo regular la mejor receta.
Igualmente esto siempre es un misterio.
P: De todo ese laboratorio creativo, siempre hay una pieza que se vuelve el «corazón» del catálogo. ¿Cuál es para ustedes esa canción favorita o con la historia de origen más mística? Esa donde sienten que la improvisación, la poesía y el sonido chocaron de la forma más perfecta posible.
R: La forma del esqueleto
Escrito en agua y el Tour Terrestre: La Fricción de dos Mundos
P: Hay una poética muy potente en la contradicción de sus títulos: Por un lado presentan Escrito en agua, un álbum que evoca lo fluido, lo maleable y lo efímero; por el otro, se embarcan en el Tour Terrestre, que suena a polvo, asfalto y peso físico. ¿Cómo dialoga la fluidez del disco cuando tiene que chocar contra la dureza y el cansancio de la carretera en este recorrido?
R: Son dos cosas muy distintas que conviven en el mismo mundo, que son parte de lo mismo y que en realidad no están separadas.
Somos músicos, creamos cosas invisibles y nos movemos de ciudad todos los días.
Para esto tienes que tener la tenacidad de poder entregar tu corazón y saber hacer tu maleta e irte. Es algo bello, aunque no es fácil. Pero también somos una banda y entre todos es más fácil cargar con las dificultades.
P: Este viaje los lleva por ciudades de Sudamérica y Europa. Más allá de la logística, ¿qué esperan que le pase a las canciones de Escrito en agua al ser expuestas a geografías y públicos tan dispares? ¿Sienten que el público sudamericano conecta desde una entraña más física mientras que el europeo busca descifrar la abstracción del sonido, o la música termina homologando a todos en el mismo trance?
R: No lo sé, siempre hay latinos en todas partes o gente que habla español. Me gusta cantar para gente que no sabe lo que digo, pues pienso más en el cómo lo digo y dejo las palabras un poco de lado. Sin embargo también es más fácil conectar con la gente que tiene experiencias similares.
P: Cruzar el charco con un disco donde la palabra en español y el fraseo tienen tanto peso es siempre un desafío. Para la gente en Europa que quizás no entiende el idioma al 100%, ¿qué creen que es lo que ‘habla’ por ustedes? ¿Cómo esperan que reciban esta narrativa cuando el idioma deja de ser texto y se convierte puramente en textura y textura sonora?
R: Nos ha pasado mucho r a tocar en ciudades de Estados Unidos donde no hay mexicanos u otros hispanohablantes. Siempre hay algo que se logra comunicar, ya sea la música solo o el performance por sí mismo. Es bello, menos abstracto y más directo. En nuestro concierto en Londres fue lindo ver gente que no hablaba español y que salió con los ojos llorosos, me ha pasado con bandas de idiomas que tampoco entiendo. las ventajas de la música.
La Maquinaria del Vivo y la Mutación ‘Terrestre’
P: En Escrito en agua se percibe un trabajo de producción fascinante donde los matices respiran, pero el Tour Terrestre les exige defender eso noche tras noche sobre el escenario. ¿Qué tanto mutan las canciones del nuevo disco cuando están en vivo? ¿Se permiten torcer la estructura de los temas según la energía que devuelve la sala o el disco se convirtió en un mapa que prefieren respetar?
R: Este disco cambia muy poco en vivo, solo la Rata modesta y las noches que dormimos en sillas han encontrado cosas distintas. Lo demás lo respetamos mucho. Sin embargo lo interesante es combinarlo con nuestras demás canciones e improvisar. Está más vivo ahora que se sumerge en el contexto de un concierto con toda la discografía.
P: Detrás del trance y la psicodelia que el público experimenta en un show de Diles que no me maten hay un esfuerzo técnico enorme para que el ruido no se vuelva caos incomprensible. Para este tour en particular, ¿cómo han trabajado la puesta en escena, el sonido y la dinámica con su equipo técnico para lograr que la masa sonora sea contundente pero nítida en cada ciudad que pisan?
R: Desde hace cuatro años viajamos con nuestra ingeniera de sonido Sandie (Sandra Morales) ella nos ayuda a adaptarnos a los shows más punks y a los escenarios gigantescos de festivales. Además ella ha definido nuestro sonido en vivo y ayudado a que evolucionemos como músicos. A donde sea que vamos ella siempre impresiona a todo el equipo técnico del lugar, es la mejor. Somos solo nosotros seis, pero por ahora con eso basta. Tenemos una dinámica de soundcheck muy estructurada y pues hemos tocado muchas veces en muchos tipos de escenarios. Nos sabemos adaptar, tenemos nuestros trucos.
P: Cuando este Tour Terrestre termine y vuelvan a casa, ¿con qué sensación o aprendizaje les gustaría quedarse sobre lo que este recorrido le aportó a la identidad de la banda?
R: Está por verse, con llegar a casa es suficiente. Por ahora todo ha sido increíble, llegar será complicado. En el tour cada día vale por tres, cuando regresemos habremos vivido tres años en uno.


