Leiva cierra el Tour Gigante en Madrid con una noche llena de recuerdos
Hay conciertos que terminan cuando se apagan las luces y otros que necesitan unas horas más para desaparecer. El último concierto del Tour Gigante de Leiva pertenece a la segunda categoría. Anoche, el Movistar Arena de Madrid reunió alrededor de 16.000 personas para despedir una gira que durante meses ha recorrido España y que encontró en la ciudad natal del artista el escenario perfecto para bajar el telón temporalmente.

El comienzo de algo Gigante
A las nueve, una cuenta atrás apareció proyectada sobre la pantalla circular del escenario y marcó el comienzo. Bajo presión abrió un repertorio de 24 canciones en el que convivieron los temas de Gigante con piezas esenciales de su trayectoria. Terriblemente cruel, La lluvia en los zapatos, Lobos, Como si fueras a morir mañana o Segundo asalto fueron construyendo un recorrido por distintas etapas de una carrera que ha ido trascendiendo de generación en generación.

Las canciones como protagonistas
La puesta en escena no muy compleja permitió reflejar que lo más importante eran las canciones. El escenario con una pantalla circular, el diseño de luces y el juego de luces y sombras fueron suficientes. El protagonismo permaneció en las canciones y en una banda de siete músicos que sostuvo el concierto con disfrute y precisión. Entre ellos estaba el tan querido por el público: Juancho, hermano de Leiva. En esta ocasión tuvo que actuar sentado tras haberse fracturado una rodilla. El cantante aprovechó el momento para reconocer públicamente su compromiso y complicidad.

El hueco a las sorpresas
Pero un cierre de estas dimensiones necesitaba también espacio para lo inesperado. Leiva recuperó Quién lo iba a suponer, adaptación de Santiago Auserón de un clásico de Chuck Berry, y volvió a presentar una canción inédita para la cuál quiso utilizar los coros del público como había avisado previamente en redes sociales. Además, pidió a los asistentes que se conservara la intimidad de aquel estreno compartido, convertido en una pequeña cápsula de esta última noche.
En recuerdo a Robe
El momento más emotivo llegó con el homenaje a su amigo Robe Iniesta. Con la guitarra en mano, Leiva interpretó El hombre pájaro, recordando los años de adolescencia en los que las canciones de Robe formaban parte de las tardes de guitarra de su barrio. Más tarde, ya en los bises no faltó Caída Libre, la colaboración que ambos compartieron antes de su partida.

Pereza vuelve a sonar en Madrid
Y en este recorrido por las distintas etapas de su trayectoria no pudo faltar Pereza. Lady Madrid y Princesas cambiaron de inmediato el pulso de la noche. Las canciones devolvieron al escenario una parte de la historia de Leiva que sigue especialmente viva entre el público madrileño, que respondió cantando cada verso.

Un final que no suena a despedida
Leiva insistió durante la noche en que no quería que la nostalgia gobernara el concierto. Quizá por eso el cierre funcionó más como paréntesis que como una despedida. Después de dos horas, Gigante no parecía una historia terminada, sino una etapa que se guarda mientras llega la siguiente.


