La quinta entrega de Pixar ha vuelto a demostrar que las grandes franquicias siguen dominando la taquilla
La quinta entrega de Pixar ha vuelto a demostrar que las grandes franquicias siguen dominando la taquilla. Mientras el público pide historias originales, los estudios continúan apostando por personajes que llevan décadas formando parte de la cultura popular. ¿Se ha quedado Hollywood sin ideas o simplemente ha encontrado en la nostalgia su mejor negocio?
Un estreno que confirma una tendencia
Estrenada el pasado 19 de junio, Toy Story 5 recaudó 312 millones de dólares durante su primer fin de semana en todo el mundo. De esa cifra, 160 millones procedieron de Estados Unidos y 152 millones del resto de mercados. La película consiguió así el mejor estreno de 2026 hasta la fecha. También firmó el mejor debut de toda la saga y uno de los mayores estrenos de la historia del cine de animación.
Las cifras no solo hablan del éxito de una película. También reflejan una tendencia que lleva años consolidándose. Las grandes franquicias siguen siendo el principal motor económico de Hollywood. Se habla mucho de la fatiga de las secuelas, pero los espectadores continúan llenando las salas cuando vuelven personajes conocidos.

¿De verdad queremos historias nuevas?
Es habitual escuchar que Hollywood debería apostar más por proyectos originales. Sin embargo, los datos muestran una realidad diferente. Según el informe anual de la Motion Picture Association, las franquicias siguen concentrando buena parte de la taquilla mundial porque cuentan con marcas ya reconocidas y un público fidelizado, algo especialmente importante en un momento en el que acudir al cine resulta cada vez más caro para muchos espectadores.
Existe una contradicción evidente. Muchos espectadores critican la falta de originalidad de la industria. Pero, cuando llega el momento de elegir película, suelen comprar una entrada para ver una secuela o el regreso de una saga que ya conocen. Al final, son los propios hábitos del público los que refuerzan esta estrategia.
La nostalgia también es un negocio
Desde el punto de vista de los estudios, la estrategia tiene sentido. Levantar una superproducción supone una inversión enorme. En muchos casos, el presupuesto supera los 200 millones de dólares antes incluso de comenzar la promoción. Apostar por una historia completamente nueva implica asumir un riesgo muy alto.
En cambio, recuperar una franquicia conocida ofrece muchas más garantías. El público ya conoce a los personajes. Existe una comunidad de seguidores. Además, la campaña de marketing parte con ventaja. Todo eso reduce la incertidumbre y aumenta las posibilidades de éxito. No es casualidad que en los últimos años hayan regresado sagas como Jurassic World, Shrek, Destino Final o Karate Kid. Lo mismo ocurre con Marvel y DC, que siguen ampliando sus universos cinematográficos.

Cuando la propia película habla de nostalgia
Curiosamente, Toy Story 5 también reflexiona sobre este fenómeno. En esta ocasión, los juguetes deben enfrentarse a Lilypad, una tableta inteligente que concentra toda la atención de Bonnie. Pixar plantea así un conflicto muy actual: el cambio en la forma de jugar de los niños y el protagonismo que han adquirido las pantallas.
La idea va más allá del entretenimiento. Mientras Woody y Buzz intentan seguir siendo importantes para su dueña, la propia franquicia busca demostrar que todavía tiene algo que aportar. Han pasado más de treinta años desde que Toy Story revolucionó la animación en 1995. Aun así, sus personajes siguen despertando interés entre varias generaciones.
Mirar al pasado sin olvidar el futuro
La nostalgia no es un problema. De hecho, forma parte de la experiencia del cine. Tiene la capacidad de conectar generaciones y de hacer que padres e hijos compartan historias que marcaron su infancia. Ese componente emocional explica por qué franquicias como Toy Story siguen funcionando treinta años después.
Aun así, Hollywood no puede vivir solo del pasado. Las grandes sagas que hoy llenan los cines nacieron porque alguien decidió apostar por una idea nueva. El verdadero reto no consiste en dejar de hacer secuelas. Consiste en encontrar un equilibrio. Recuperar historias que todavía tienen algo que decir está bien. Pero también es necesario crear otras que, dentro de treinta años, despierten la misma nostalgia que hoy sentimos por Woody, Buzz y compañía


