Mira, Simba, todo Madrid es nuestro reino

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'El Rey León' | Stage Entertainment (Brikhoff)
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Mamma Mia, Anastasia, Grease, Billie Elliot, Ghost, Tina, Kinky Boots, El Médico, Priscilla, La Jaula de las Locas, Flasdance o Fama son algunos de los musicales que han pasado por Madrid viendo como El Rey León aguantaba temporada tras temporada sin inmutarse.

El Rey León llegó al Broadway español el 20 de octubre de 2011 al Teatro Lope de Vega de Gran Vía. Después de 11 años, más de cinco millones de espectadores en más de 3.500 representaciones vuelvo a encontrarme cara a cara con el Rey de la jungla.

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La primera vez que lo vi era mucho más pequeño y dio la casualidad de que estaba sentado en el mismo sitio. Mismo teatro, mismo musical, mismas canciones, mismas emociones, distinto elenco, obviamente. Habrán pasado nueve años desde aquella vez, pero fue como si el tiempo no hubiera pasado. Para ser un miércoles a las 20:30 de la tarde, y habiendo colegio al día siguiente, la sala estaba bastante llena de niños y me sentí como uno más.

«Larga vida al Rey»

Artículos y reseñas de este musical los hay a montones, después de 11 años es algo normal. Por eso no vengo aquí a hablar de lo increíbles que son las canciones o lo bien montado que está, eso ya lo sabemos todos de sobra. Vengo a hablar sobre emociones, sobre qué se siente al ver un musical así e intentar entender la razón de que sea el musical más longevo de Madrid.

Vayas a ver el musical que sea, el día de la función se siente diferente, es «el día». Te pasas todo el día pensando en lo que vendrá por la tarde y comienzas una batalla moral sobre si escuchar las canciones o esperar, ver vídeos en internet o dejarte sorprender. Con El Rey León eso no me pasó porque ya lo había visto y las canciones me las sé de memoria, pero la emoción y los nervios seguían allí.

‘El Rey León’ | Fuente: Stage Entertainment (Brikhoff)

Todos estamos conectados en el gran ciclo de la vida

Entras en el teatro y te embriaga una sensación de calidez con sus paredes forradas de terciopelo rojo, las estanterías del bar repletas de cubos de palomitas, la tienda con sus peluches de los personajes… Entras a la sala y te encuentras de frente el gran escenario oculto tras el telón. Una iluminación tenue y unos sonidos de fondo de grillos, hojas moviéndose, viento y animales te hacen meterte de lleno en el contexto de la obra. Imposible no fijarse en las esquinas donde están los percusionistas con instrumentos nada convencionales.

Rafiki anuncia que empieza el musical, se apagan las luces y no te da tiempo ni a respirar. Al son de El Ciclo Vital van apareciendo animales por todos los rincones del teatro, no sabes dónde mirar, observas sorprendido a tu alrededor y es inevitable sacar una sonrisa ante lo que estas viendo. Es algo impresionante, ver tanta gente en el escenario con esos trajes y estructuras, seguramente a más de uno se le escaparía una lágrima de la emoción.

‘El Rey León’ | Fuente: Stage Entertainment (Matt Crockett)

Justo antes de empezar el musical, una señora que se sentó a nuestro lado nos comentó que había cancelado una excursión en Madrid por venir a ver El Rey Léon. «Espero no dormirme que esta noche he dormido fatal», me decía, en el descanso se gira y me dice: «Imposible dormirse con esta majestuosidad de musical, es muy dinámico y es fantástico». Por esto lleva 11 años en cartel.

Es un musical que 11 años después sigue atrayendo a gente nueva dispuesta a dejarse envolver por esta historia que tanto conocemos. Ya sé que dije que no iba a meterme a hablar del musical en sí, pero ya lo he hecho y me vais a permitir hacerlo una última vez. No hay nada igual en Madrid.

«Hay magia en todas partes»

Y en el Lope de Vega mucho más. Esta obra no necesita grandes decorados, se basa todo en telones que caen desde arriba y una plataforma que va entrando y saliendo. Todo el decorado son los propios miembros del elenco vestidos de flores, árboles incluso hierba. Esto puede parecer raro al principio pero en su conjunto obran una coreografía con los personajes digna de admirar.

Se cae el telón y el público se levanta en vítores, no puede ser de otra manera. Se tirarán días comentando lo que acaban de ver. Al final, el día de espera ha merecido la pena, se han ido felices a casa. Además, salir de noche en plena Gran Vía tras ver algo así, es una experiencia maravillosa.

«Así que, cuando te sientas mal, solo recuerda que los reyes siempre estarán ahí para guiarte y así lo haré yo». 

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