El final de No somos nadie supone el colofón de una forma única de hacer televisión. Una ventana de entretenimiento que se cierra y que ha hecho compañía a millones de personas.
Lejos queda aquel 27 de abril de 2009. Sálvame abría sus puertas y con él una promesa: durar de ahí a la eternidad. Con un elenco de colaboradores de lo más variopinto, el formato se fue acomodando en las pantallas de todo el país. Dieron las campanadas, oficiaron bodas, cocinaron, bailaron y cantaron. Aún así, tras 14 años y muchas horas de directo a sus espaldas, el programa más famoso de la televisión española decía adiós. El 23 de junio de 2023 se puso “fin a la telebasura”. Sálvame terminó pero, lejos de ser el desenlace, ese día renació con más fuerza que nunca el espíritu animal de un equipo sin complejos. ¡Sálvese quien pueda!

Los inicios del pisito
Tras un breve pero intenso paso por Netflix, llegando incluso a posicionarse como lo más visto de la plataforma en sus primeros días, la mayoría de los colaboradores de Sálvame se reencontraron en un pequeño plató situado en un piso de Las Tablas. El 15 de mayo de 2024 nacía Ni que fuéramos Shhh y, con él, el pisito. Un pisito que ha encontrado su propia idiosincrasia. Tras unas semanas emitiendo en Youtube y Twitch, las casas de toda España pudieron seguir las aventuras del equipo a través de Ten. Un nuevo hogar que les dio rienda suelta desde el primer momento. Hablaron de todo y de todos. Reían y lloraban. Amaban y odiaban. Cocinaban y se enfadaban. Una revolución que provocó un tsunami televisivo: su vuelta a primera división.

El camino de las baldosas amarillas
La superstición del amarillo como color de mala suerte está arraigada… y con razón. Tras recorrer un arduo y largo camino de baldosas amarillas, los colaboradores más gamberros de la televisión llegaron el 5 de mayo de 2025 a La 1 como una familia. Atrás dejaban a otra familia, la de Tentáculos, mucho más humilde y menos prometedora en un principio. El pisito tenía nuevos inquilinos que se adaptaron rápido para convertirse en dignos sucesores de los anteriores. Unos tentáculos que acabaron enraizando más que la propia familia. Pero el verano llegó y, con él, el final de ambos programas. La incertidumbre y las inseguridades se extendieron, y con ellas la sensación de ser prescindibles, irrelevantes y de no ser nadie.

La vuelta a Las Tablas
El pisito de Las Tablas volvió a acoger a la familia tras su paso por la televisión pública, esta vez más menguada y con menos garra que antes. Aún así, la esencia no se puede borrar y, pese a las críticas, volvieron a demostrar que nacieron con un don: la capacidad de acompañar a su audiencia hasta el último minuto. Y así ha sido. Desde el 1 de septiembre de 2025, con baches en el camino y con salidas de colaboradores más esperadas que inesperadas, los colaboradores de No somos nadie han seguido apostando por el proyecto tanto como el primer día. Se peleaban y se divertían con la misma intensidad que siempre pero con la experiencia y sabiduría que te dan los golpes de la vida.

En estos últimos meses el pisito ha vuelto a ser un espacio libre, rompedor y sin filtros. Un espacio donde se han abierto debates necesarios, con una perspectiva de género que no abunda y que es más necesaria que nunca. Así ha sido hasta el último programa. Un programa que ha servido como homenaje a todos aquellos que alguna vez han sentido ese pequeño plató como su propia casa. Un programa que ha vuelto a demostrar que, por muchas vueltas que de la vida, el destino siempre termina poniendo a cada cual en su lugar. Y, sin duda, el lugar correcto de todas las personas que, de una forma u otra, han formado parte de No somos nadie ha sido ese pisito.
El fin de una era
Han estado con nosotros desde hace casi 20 años. Hemos crecido junto a ellos, no solo física sino también personalmente. Hemos llorado cuando lloraban, reído cuando reían e incluso nos hemos enfadado cuando ellos lo hacían. Sus caras se han proyectado en casi todas las televisiones de España. Los hemos considerado hasta familia, la familia de la tele. Por eso, el fin de No somos nadie y, por tanto, el cierre del pisito, supone la expiración de una forma de entender la televisión. Una televisión audaz, atrevida, transgresora e irreverente. Una televisión donde cabían todas las personas, donde se jugaba a entretener. Una televisión que nació sin pretensiones y que terminó, finalmente, siéndolo todo.

