Al cielo con Karla Sofía Gascón, Martirio y Carmina
El programa arrancó, como ya es tradición, con el monólogo de Henar Álvarez, afinado entre la ironía y la reivindicación. A partir de ahí, Al cielo con ella volvió a hacer lo que mejor sabe: convertir una charla aparentemente ligera en un espacio donde se cuelan debates incómodos y reflexiones que, casi sin darte cuenta, se quedan resonando después.
Cuando ser una misma es el mayor acto de rebeldía
La primera en pisar el plató fue Karla Sofía Gascón, y lo hizo como solo ella sabe: sin filtros, sin miedo y con ese punto gamberro que convierte cada intervención en un pequeño espectáculo. La actriz madrileña, a la que muchos sitúan ya en otra liga tras trabajos como Emilia Pérez, acudió para presentar su nuevo proyecto, Trinidad, un western español que comparte con Paz Vega y que, según ella misma, es directamente «un peliculón»: «Ni Clint Eastwood te podría hacer algo así», soltaba entre risas, marcando territorio desde el minuto uno.
Fiel a su estilo, no esquivó polémicas. Desde su conocida controversia con antiguos tuits: «No he pedido perdón», admitía; hasta su relación con los haters, a quienes lanzó un mensaje tan directo como marca de la casa: «Me vais a comer el conejo entre todos». Incluso hubo espacio para el debate social, abordando junto a Henar Álvarez la situación de las mujeres trans en el deporte y la reciente polémica olímpica, dejando en el aire una pregunta incómoda: si España debería replantearse su participación en ese contexto.
La reconocida actriz también tuvo tiempo para definirse: «No soy rencorosa, pero sí me gusta que se jodan», respondía cuando la presentadora le preguntó por su carácter. Y como broche, Gascón cerró su intervención con un alegato contra el juicio constante sobre los cuerpos y la vida íntima de los demás, metiendo en el clásico momento del «chupito» a todos aquellos que se atreven a juzgar «desde el sillón de sus casas»: «A ti que más te dará con quién se acuesta o se deja de acostar alguien, coño», cerró la nominada al Óscar.
El Consultorio de Carmina
Después, llegó Carmina Barrios para estrenarse como nueva colaboradora con sección propia: «El Consultorio de Carmina«. Fiel a su estilo directo y sin filtros, la sevillana se presentó con ese desparpajo que tanto la caracteriza: «Porque estoy muy alimentaíta y muy forraíta», soltó ante posibles críticas, para después lanzarse de lleno a resolver consultas con su particular lógica.
Desde normalizar con humor situaciones cotidianas: «Yo también robo en el supermercado»; hasta darle la vuelta a dilemas sentimentales con una mirada tan provocadora como pragmática. Le sugirió a un chico que quizá el problema con su casera no era el alquiler, sino la falta de satisfacción; a una señora que robar un labial en el súper «lo hacemos todas» y a un chico gay que se dejase querer y se dejase llevar sin etiquetas.
Cerró su intervención con un toque único al abordar el testimonio de una viuda reciente, donde mezcló irreverencia y memoria sobre el papel de las mujeres en otras épocas: «Ellos eran los que vivían la vida, y ahora, se entiende perfectamente que te sientas liberada, te toca vivir a ti«, finalizó la actriz.
Con mi chandal y mis tacones, arreglá pero informal
Más tarde, llegó el turno de Martirio, presencia habitual en la cabecera del programa y figura clave en esa manera de entender la música sin límites. La artista onubense, pionera en mezclar copla, flamenco, jazz o bolero, aprovechó su paso por el programa para presentar su nueva gira: Al sur del tango.
Su discurso, coherente con toda su trayectoria, volvió a girar en torno a la idea de abrir camino: «A mí lo que me gusta es caminar por donde no hay huella para que luego otros puedan pasar». En ese sentido, también hubo espacio para revisar etiquetas. Ante la asociación de lo «folclórico» con posturas conservadoras, Martirio fue tajante al desmarcarse, recordando además cómo durante la dictadura la música popular era apropiada desde el poder mientras las artistas intentaban encontrar su propio espacio de libertad.
La conversación también transitó por sus múltiples colaboraciones: «Me llaman la colaboranta«, bromeó; deteniéndose especialmente en su vínculo con Chavela Vargas, a la que evocó con admiración y afecto: «Imposible resistirse a su palabra, qué cosa más grande Henar». Y, fiel al tono del programa, no faltó el juego: al clasificar a distintos rostros entre arreglaos e informales, dejó una retahíla de respuestas a celebridades como Metrika, Rakky Ripper, Jordi Cruz o Samantha Ballentines.
El fin de su intervención llegó con el simbólico «chupito» en el que decidió meter la frase «el juez de tu frente y su amiga la culpa«, enlazándolo con una reflexión sobre la educación judeocristiana en la que han sido criadas «las mujeres de este país»: «Si nos quitásemos la culpa el mundo sería un lugar mejor, así que al congelador con la culpa«.
Rosalía, Loli Bahía y las «amigas especiales»
El toque final lo puso Laura del Val, que regresó al programa con uno de esos temas que tanto se comentan en redes: las «amigas especiales», a raíz de todo lo que se ha hablado sobre Rosalía y Loli Bahía. Arrancó desde lo cotidiano: «¿Tú y yo somos amigas, Henar?» y, entre bromas, puso el foco en cómo se cuentan algunas relaciones: esa insistencia en llamarlas «amigas» frente a la rapidez con la que se etiqueta cualquier vínculo heterosexual.
Tiró de comparaciones como la de Ester Expósito y Mbappé y hasta de letras como Tuya, canción de Rosalía, para subrayar la contradicción, señalando ese doble rasero mediático que convierte lo evidente en ambiguo cuando no encaja en lo normativo. Terminó, como quien no quiere la cosa pero queriendo, con una frase que resume bien su participación: más historias contadas sin rodeos y menos eufemismos de manual.


