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Jóvenes artistas y la accesibilidad laboral en un sector homogéneo

Entrevistamos a las participantes del programa comisariado de Art Madrid’23 para conocer en detalle la experiencia de cuatro jóvenes artistas en un sector muy poco equitativo

«Siempre me aconsejaron que fuera otro/ y hasta me sugirieron que tenía/ notorias cualidades para serlo/ por eso mi futuro estaba en la otredad el único problema ha sido siempre/ mi tozudez congénita / neciamente no quería ser otro / por lo tanto continué siendo el mismo» (Otherness, Mario Benedetti).

Estos versos forman parte de Othernessel poema de Mario Benedetti del que bebe el homónimo programa comisariado de Art Madrid’23 que gira entorno a la noción de la identidad. Por ello, igual que lo hacía Benedetti en su antología, el programa cuestiona este concepto bajo el manto de la contemporaneidad, los usos de las tecnologías y las reivindicaciones de género, clase y raza. ¿Qué imagen proyectamos? ¿Es una representación real del ser? ¿Puedo amoldar mi concepción del «yo» a nuevos entornos?

Para proyectar un poco de luz sobre estas preguntas hablamos con Natalia Alonso Arduengo, comisaria del programa, y con las artistas que participan:

Dela Delos es una artista ovetense que parte de la fantasía y la ficción para cuestionar el sujeto de la contemporaneidad. Es a través de su obra El Desvío donde convierte al espectador en el jugador de una atracción, un señuelo que empuja a hurgar en lo profundo de su identidad: «Quiero que la pieza sea una trampa perceptiva. Un juego de apariencias.»

Camerunesa y española, Agnes Essonti se crió en un entorno multicultural conectada siempre con sus raíces. Por eso, en La Cordobayangue escarba entre esa misma tierra, y busca entre recuerdos el hilo que conecta un pasado heredado y un presente en construcción: “Empecé a ver como meta el poner mi propia existencia, la afrodescendencia, la españolidad sobre la mesa». Su cuerpo es su territorio, con el que busca su identidad.

Performance, instalación y teatro son los formatos que Alexia Sayago transita en Desde donde escribo, una pieza que «reflexiona a partir de una mirada especulativa sobre la obra El público (1933) de Federico García Lorca, en donde se cruza lo cotidiano con lo puramente teórico». Pámpanos y cascabeles como individuos exentos de sexo y género, solo cuerpos en movimiento en una performance omnidireccional.

Lorena Gutiérrez es una artista cubana, vive y trabaja entre La Habana y Madrid y su trabajo canaliza sus preocupaciones a través de instalaciones, site specific, objetos, pintura y fotografía. Lorena retrata en su obra Horizonte no es frontera el conflicto de la insularidad: el sentimiento asfixiante, la búsqueda de nuevos horizontes y los éxodos masivos. “El mar y la huida están indisolublemente ligados a la identidad nacional; aunque su eco resuene tan vacío y triste como un mensaje en una botella que no encuentra, en modo alguno, receptor o respuesta”.

 

Pregunta: Empezando por el principio, ¿de dónde nace la idea de utilizar el poema de Mario Benedetti como referencia al concepto del programa?

Natalia: Este poema pertenece a la última antología de Benedetti, y desde el primer momento me llamó la atención porque trata el concepto de la «tozudez congénita» haciendo alusión a que la gente le decía que él tenía que ser otra persona, escribir de otra manera y hacer las cosas como la gente considera que tienes que hacerlas. Sin embargo, él —apelando a esa tozudez— decide seguir siendo él mismo. A partir de ahí, planteé a la feria trabajar bajo el concepto de identidad bajo una perspectiva amplia y variada.

P: ¿Y por qué ahora? ¿Estamos perdiendo identidad como individuos y como sociedad?

Natalia: Yo creo que vivimos en una paradoja. Gilles Lipovetsky habla en su ensayo (La felicidad paradójica: Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo) sobre cómo vivimos en una sociedad paradójica. Por un lado, una parte de la sociedad reivindica su identidad desde distintos puntos de vista. Pero, por otro lado, hay una sociedad virtualizada en la que se pierde la referencia de quién está tratando de vender una idea ficticia sobre su vida, su identidad. Con lo cual, se dan las dos ambivalencias: las reivindicaciones acerca de la identidad, pero, por otro lado, hay una desfacción de la identidad motivada por cuestiones estructurales de la sociedad y, especialmente, vinculadas con las nuevas tecnologías.

P: Vuestras obras se relacionan, en este programa, a través de la identidad como el “concepto puente”: desde la identidad fluida, la atracción y el movimiento, las raíces y la búsqueda de la identidad propia. ¿Qué ha significado para vosotras trabajar bajo este concepto en el programa?

Dela: En mi caso, mi pieza está hecha site specific. Natalia conocía mi trabajo y me llamó por mi lenguaje y por los temas con los que yo suelo trabajar: el juego, lo atractivo, lo tentador… Todo para llevarte a otros terrenos. Y para esta propuesta estuve trabajando unos meses preparando la obra para presentarla aquí, por primera vez, finalizada.

Alexia: Para mí ha sido un proceso muy significativo. Natalia me escribió para proponerme exponer dos obras que yo había hecho a lo largo de la carrera que tienen que ver con la identidad, porque siempre es algo que me ha reconcomido, aunque al final mis obras cruzan muchas cosas de forma simultánea. Pero yo pensaba «¿cómo le digo yo, que yo ya no soy esa persona?», y todavía ni siquiera me había dicho la temática del programa, solo habíamos tenido un primer contacto.

Dela: A mí me pasó lo mismo con El balancín, que es una pieza que yo hice en 2018. Y ya no estoy en ese punto.

Natalia: Pero en eso consiste, no en pedir esa obra exacta, sino en empezar a trabajar a partir de eso.

Alexia: Cuando me llamó yo justo había acabado Desde donde escribo, la obra que presentó aquí, una pieza abierta, y le dije «yo ahora mismo, vitalmente, estoy en esto», y una vez hablamos sobre la temática, encontramos puentes comunes. Entonces, yo le dije: «aquí es donde yo estoy ahora, y es lo único que me va a salir». Por suerte les encantó mi trabajo y tiramos para adelante. Además, es una pieza que ya he hecho en varios sitios y he podido ver cómo tiene una identidad cambiante, en continuo movimiento, ya que necesita adaptarse a los diferentes espacios. No es exactamente igual que la primera vez que la hago, ni que la anterior. Tener que estar en un continuo proceso también habla sobre cómo yo, aunque esté en la misma pieza, sigo creciendo y cambiando. Por lo que, para mí, tiene coherencia.

Agnes: En mi caso, Natalia vio una vídeo-creación que tengo en mi web, donde presento mi pieza (La Cordobayangue). Estuvo concebida como vídeo, nunca pensé que me llamarían para convertirla en una performance y eso me ha permitido seguir investigando y ligarlo todo conceptualmente. Además, hacerlo aquí en la feria me ha permitido volver a aquella parte que me llevó a crear este proyecto, a provocar. Porque aquí en España a la gente le puede chocar mucho ver la identidad como algo fluido, múltiple, que puede cambiar, y entender que puedo ser negra y andaluza. Con ello, he podido conectar con aquella idea que me planteé cuando empecé a hacer los primeros pasos para mi obra.

Lorena: En mi caso, estoy hablando específicamente de un tema migratorio y sobre cómo la identidad nace desde el momento en el que decides arrancar desde el punto en el que estés buscando nuevos horizontes, de ahí el título (Horizonte no es frontera). Es la búsqueda de un cambio en tu vida, a todo riesgo, ya que esta pieza habla sobre la inmigración vía marítima. También tratamos de atraer a las personas por su parte estética, con una obra muy visual, muy colorida, con banderas náuticas, para poder hablar sobre este tipo de temas tan dolorosos. Yo vengo de Cuba, pero aquí en España podemos ver cómo vienen inmigrantes en pateras desde distintas partes del mundo, y eso marca, indiscutiblemente, la identidad de las personas, porque tienes que adaptarte a una nueva forma de vida y pierdes todo aquello que fuiste, te conviertes en otra persona para poder llegar a tener un mínimo de calidad de vida, sin ni siquiera tener la seguridad de conseguirlo, porque quizás te quedes en el camino.

P: Me llama mucho la atención cómo habláis de diferentes significados y recorridos del concepto de identidad a través de vuestras obras, desde algo que forma parte de nosotros, que arrastramos, que podemos defender o que ni siquiera existe. ¿Cómo han convivido estas diferencias conceptuales en torno a la identidad en el proceso de producción del programa?

Natalia: Precisamente esa pluralidad era lo que buscábamos.

Lorena: Además, estás viendo cuatro obras que no se parecen en nada y eso es lo que favorece la pluralidad de opiniones. Todas somos diferentes, y cada uno puede verse identificado en cualquiera de nuestras obras; y creo que esa es la manera que tenemos de llegar a la gente y dar a conocer nuestros discursos.

Natalia: O al menos poder ponerlos sobre la mesa. Porque yo creo que lo más importante no es buscar respuestas, sino hacerse preguntas.

P: ¿Y qué preguntas os han nacido a vosotras durante el proceso de creación de las obras y durante la presentación final de estas obras al público?

Natalia: Yo creo que más que preguntas… incertidumbres.

Alexia: ¡Y quebraderos de cabeza!

Natalia: Pero es normal. Yo ya tengo trayectoria trabajando en ferias, pero estas artistas son muy jóvenes, y a veces surgen inseguridades, y el síndrome del impostor siempre está ahí, sobrevolando. Es curioso, de hecho, porque yo nunca hablaba con ellas sobre lo que hacían las demás, pero todas llegaban al mismo punto. Porque estás creando y te surgen estas dudas, pero para eso está la figura de la comisaria, para acompañarlas durante todo el proceso.

Dela: También hay que tener en cuenta que es una situación muy particular, porque es un programa comisariado dentro de una feria comercial.

Alexia: Por eso la actitud de la gente es muy diferente. Hay una intención de coleccionismo. A mí era una de las cosas que más incertidumbre me provocaba, la reacción de una persona que o bien está en su stand con la intención de vender, o dando una vuelta con la intención de comprar, y que de repente se encuentra con nosotras y piense «¿esto por qué?». No quiero molestar, aunque a la vez quiero molestar y siento que molesto.

Lorena: O de repente la pregunta de «¿y cómo colecciono a Alexia, o a Agnes, me las llevo para mi casa?»

Alexia: De hecho, a mí me escribió un hombre y me dijo: «¿me gusta mucho tu arte, puedo comprarte NFTS?», pero claro, ¿me meto en un pen drive? ¿Me subo a WeTransfer? ¿Qué hago?

Algunas de las artistas que participaron en la Semana del Arte de Madrid denunciaron la política de adquisiciones de bienes artísticos del Ministerio de Cultura, que invirtió 4,5 millones de euros en comprar obras de 76 hombres artistas y 347.733 euros en la de las 13 mujeres. Es decir, solo el 7% del total de partida ha sido destinado a la compra de obras de artistas mujeres.

P: ¿Creéis que, actualmente, el sector del arte está más receptivo a artistas mujeres jóvenes? ¿Cómo lo vivís vosotras? ¿Y qué papel creéis que pueden jugar ferias como ArtMadrid en el desarrollo de un sector más paritario?

Alexia: Yo creo que en el underground sí. Porque al final el underground lo constituimos, en su mayoría, mujeres. Y por eso hay una mayor recepción y paridad.

Natalia: En el institucional no tanto. Y creo que es más difícil porque, por lo general, se buscan obras más consolidadas, y hasta el momento los que han tenido mayor presencia y consolidación han sido los hombres. Ya no nos encontramos con techos de cristal, sino con muros de hormigón que son muy difíciles de derribar.

P: ¿Y por qué se vive esa diferencia entre lo underground y lo institucional en términos de paridad?

Alexia: Porque el underground lo constituimos las mujeres, nosotras nos juntamos. Como ya sabemos que no nos van a exponer, nos juntamos y abrimos un local y vamos haciendo nuestras exposiciones entre nosotras. Y a raíz de eso es donde vamos encontrando nuestros espacios. Pero, al final, si las instituciones están lideradas por hombres, nunca nos van a dar el acceso. O se le da acceso a una mujer, para equilibrar un poco la balanza, pero se sigue ignorando todo lo que sucede detrás. Entonces creo que hay mujeres en el underground porque es la pescadilla que se muerde la cola: estamos porque lo impulsamos.

Agnes: Y ya si a eso le sumas la capa de la racialización nos vamos al under-underground. A veces vemos que una mujer ha entrado en estos espacios institucionales, pero suele ser una mujer blanca. Todo aún es muy blanco y cuesta mucho entrar en algunos espacios.

P: ¿Cuál creéis que es, entonces, la mayor barrera de acceso a la que los nuevos artistas se tienen que enfrentar para empezar a dedicarse al arte?

Natalia: Para empezar la económica. Necesitas dinero para producir.

Lorena: Cuando no puedes vivir de tu trabajo, que sucede mucho en el mundo del arte, tienes que solicitar becas, residencias y premios, pero he notado que casi siempre se lo dan a los mismos. Hay un grupo cerrado de artistas que son los «bendecidos». Solo hay casos concretos, como aquí, que la comisaria te descubre y te da la oportunidad de exhibir tu trabajo. Se debería ampliar el abanico de artistas con visiones diferentes, y no centrarse en las «modas» entre artistas. Sin restarles valor, pero creo que se debería diversificar el acceso a fondos y becas para poder seguir trabajando entre artistas emergentes. Y es aquí donde nacen los espacios alternativos que comentaba Alexia, por la empatía entre artistas.

Agnes: Y yo aquí también siento que hay mucho «colegueo». Si puedes llamar a tus tres o cuatro amigos lo vas a hacer.

Natalia: Nosotras no nos conocíamos, de hecho. Ni vosotras entre vosotras.

P: Siguiendo con el tema de modas y tendencias, ¿hasta qué punto la necesidad de amoldarte a la oferta/demanda del mercado artístico puede condicionar el proceso de creación de un artista?

Natalia: Condicionar, lo condiciona. Otra cosa es que quieras pasar por ese aro o no.

Lorena: Por ejemplo, mi trabajo es muy difícil que alguien quiera comprarlo. A mí me gusta trabajar a lo grande, intervenir en el espacio. Pero claro, en un piso de 60 metros cuadrados cómo vas a meter una obra de 20 metros.

Natalia: Aquí sale la tozudez congenita que menciona Benedetti, y que tiene cada una para no ceder.

Lorena: Además, creo que aquí ninguna estamos comulgando con las estéticas establecidas en el mercado artístico. Así que se trata de seguir perseverando para llegar a un punto donde podamos llegar a más espacios.

Alexia: Yo, 20 minutos antes de cada performance pienso «¿por qué no me dio por hacer objetos? ¡¿Por qué no haré pinturitas?!» Cuelgo el cuadro y me voy a mi casa tranquilamente.

Dela: Exacto, yo pienso «quién me mandará hacer tremendo tenderete, con tremendo muñeco, que se mueva…» Al final la vocación lo es todo.

P: Para ir acabando, ¿cómo creéis que puede afectar la digitalización del mercado del arte, como la introducción de los NFT, a este sector? ¿Podemos ver una nueva tendencia en la comercialización de arte?

Lorena: Yo estoy chapada a la antigua. Lamento no poder estar en la contemporaneidad, pero me he negado a inventarme algo digital para hacer mis proyectos. Me niego a hacer mi arte digital solo con el objetivo de vender más. Lo veo algo muy raro. Sin embargo, veo obras NFT que me encantan, pero no lo veo como el tipo de obra que yo haría, bajo mi visión particular.

Natalia: Al final cada una que trabaje como se sienta cómoda, creo que eso es lo más importante. Luego ya entra el punto de la especulación, pero la hay con todo y en todos los sectores. Y la especulación en el mercado del arte es casi inevitable.

Dela: Yo pienso que la fisicidad del trabajo es importantísima. En mi obra, el recorrer el espacio y que puedas tocar la pieza es algo fundamental, y no tendría sentido traducirlo al digital. Quizá sí en una experiencia virtual. No me cerraría a una experiencia digital sobre el mundo físico, pero no una adaptación hacia lo digital para que sea más comercializable, eso no tendría sentido para mí.

Alexia: En mi caso tampoco tendría ningún sentido, porque para mí lo más importante es poner el cuerpo. Yo también trabajo desde la fisicidad del cuerpo, del mío y de los que están a mi alrededor. Y el problema de los NFT es que me parece un arte muy vago y de un coleccionismo absurdo, porque para guardar una carpeta en el ordenador tengo las fotos de mi comunión. Ni siquiera me interesa como consumidora, porque no es experiencial y entonces… ¿Para qué lo quiero?

P: Por último, este programa ha servido como apoyo para dar visibilidad a vuestros proyectos. Pero, y ahora, ¿cuál es el siguiente paso en el proceso de creación artística? ¿Y cómo se puede seguir apoyando a jóvenes artistas emergentes?

Natalia: El siguiente paso podría haber sido que se hubiese generado interés: por una galeria, un coleccionista a título particular o por parte de las instituciones que han visitado la feria y que se hayan fijado en estas propuestas. Lo ideal sería que tuviese un recorrido posterior, pero este movimiento suele ser lo más difícil.

Lorena: Yo creo que, más allá del plano económico, lo bueno de este proyecto ha sido precisamente esto, encontrarnos las unas con las otras, conocer nuestros trabajos y seguir ampliando el catálogo de artistas, de maneras de hacer, de perspectivas e ideas que han confluido aquí.

Natalia: Y trasladar influencias de un lado a otro y dar visibilidad, que al final es lo más enriquecedor.

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