En Cómo no ser vista, la autora mexicana escribe desde el duelo de quiénes se quedan tras el trauma de la desaparición forzada
En sus textos, Majo Delgadillo (Guadalajara, Jal., 1991) teje punzadas entre el cuerpo, la memoria y la cultura pop como sus motivos literarios. Es doctora en Escritura Creativa en español por la Universidad de Houston. Ha publicado la pieza digital machine3.xyz y, como escritora bilingüe, el libro de cuentos Llullabies for the End of the World (Bakstenen Huis, 2021), también traducido al español. A día de hoy, es docente en la Universidad de James Madison de Virginia, Estados Unidos. Su última novela, Cómo no ser vista (2026), la ha confiado a la editorial riojana Pepitas de Calabaza. Ya está disponible en librerías.
Cómo no ser vista es una historia atravesada por la violencia de la desaparición forzada en México, pero con la ternura como protagonista. Elisa es una adolescente de 15 años marcada por la pérdida de su hermana mayor que experimenta un viaje iniciático hacia la madurez. ¿Por qué se fue Inés? ¿Quién era antes de mí? ¿Quién soy yo sin ella? ¿Qué es el amor?… Son las preguntas que escribe en su diario y que le impulsan a escapar de casa. Con la cabeza llena de libros – muy ligados al pasado de su hermana – y de ideas alocadas, quema las naves para conocerse a ella misma. Y para descubrir el mundo con la mirada preciosa de las primeras veces.
Delgadillo escribe con gracia esta historia sencilla, pero necesaria en el gran relato de la crisis social que castiga a las familias mexicanas. En esta conversación con El Generacional, exploramos su proceso creativo y los temas transversales de su obra. Desde la memoria, a la búsqueda de la identidad propia, a cómo nos conciben nuestros seres queridos, la pérdida, la memoria o los sueños.
La historia de quienes recogen “los rastros”
Pregunta: “Mi hermana me dijo que uno nunca puede ver completo su propria historia. Que siempre necesitamos de otros … para poder reconocer en lo que dicen las cosas que sabemos que son ciertas”, esta es la reflexión que se hace Elisa y que está presente en toda la novela. El cómo hablar de quien ya no está desde las personas y las cosas que se quedan. ¿Por qué decidiste adoptar esta mirada particular?
Respuesta: La historia es la búsqueda de Elisa por descubrir quién era en realidad su hermana, cuando no era solo su hermana. Pero también por descubrir quién es ella misma. Y la razón por la que Inés no está es la desaparición forzada en México, aunque no esté descrito completamente en la novela. Entonces, las preguntas que me preocupan al escribir son qué hacemos con la memoria, cómo sobrevivimos con los rastros y cómo de los rastros se construye la memoria. Quiero ver qué pasa con los que sobreviven.
P: Pones el foco sobre quien comúnmente sería un personaje secundario al tratar la crisis social de las desapariciones. ¿Cómo les pertenece esta historia?
R: Sí. En México hay todo un universo de activismo, de lucha, de colectivos y resistencia. Sobre todo de madres buscadoras. Pero pensaba en los hermanos, los amigos, toda la gente que no está al frente de la historia, pero están igualmente tocados y transformados por la tragedia de la desaparición. Parte de la voz del libro tiene que ver con las otras formas de lidiar con la pérdida, el dolor, la ausencia y la memoria. Quizás, con más ingenuidad o inocencia. Porque Elisa ni siquiera sabe bien lo que le ha pasado a su hermana, ella está perdida en el asunto.

La familia bajo el velo del secreto y el dolor
P: En cierto modo, a Elisa su madre le oculta lo sucedido. Esto le provoca incertidumbre e incapacidad de afrontar el dolor. ¿Hay intención de manifestar la importancia de que las familias sean transparentes?
R: Claro, en la novela hay muchas cosas que están puestas de manera velada. La mamá de Elisa e Inés es una mujer trabajadora que apenas pasa tiempo en casa para que ellas puedan comer. Por eso a Inés le toca llevar la batuta del hogar y ser la cuidadora de Elisa. Y ya solo con este planteamiento implica unos lazos familiares que no son ideales. Luego, cuando Inés desaparece, la mamá no habla del tema, pretende que Elisa lo supere sin hacer preguntas. Definitivamente, hay un velo de secretos por el que Elisa crea cierto rencor hacia su madre, hacia la atención que no le pone, el tiempo que no pasan juntas…
P: A medida que la protagonista se aleja de este núcleo familiar imperfecto pasa por un proceso de desarrollo personal. Las certezas que componían su concepción de la vida se desmoronan y tiene que construir su conocimiento de cero.
R: Precisamente, el viaje que emprende Elisa es como el ‘viaje de la heroína’. Sale de estas ataduras para confrontarse con lo que realmente le duele. Por un lado, su misión al marchar de casa es hacer un gesto lo suficientemente grande como para contactar con Inés, saber de ella. Por el otro, ese gesto es el de crecer y dejarla ir para convertirse en su propia persona. Darse el espacio para ser, ya no solo como la hermana de la desaparecida. Para eso, tiene que abandonar todas las certezas que hasta el momento le han construido la vida cotidiana y hacerse las preguntas que no se hubiera hecho en casa.
“Frente a las desapariciones, la verdad es una estrategia de supervivencia”
P: Listas de cosas que hacen ruido, de cosas altamente inflamables… En Cómo no ser vista aparecen muchas listas, pero la que más se repite es la de “las cosas que son ciertas”. ¿Por qué consideras tan importante poder poseer verdades?
R: Primero, creo que en el gran esquema de las cosas necesitamos saber lo que nos construye para evitar una crisis existencial. En el caso de Elisa, es una estrategia de supervivencia. Lo que ella consideraba como real y cierto, su hermana, su vida cotidiana, su estructura familiar… se ve interrumpido por algo que no tiene explicación. En la desaparición forzosa nunca se sabe lo que ha pasado, a menos que se encuentre un cuerpo y la muerte no es una explicación que queremos. Entonces, ella se aferra a estas verdades para tratar de frenar esta fuerza inexplicable que ha transformado su vida.
P: Otro recurso constante en la novela es la materialidad de los recuerdos y la manera tan física de sentir las emociones. Todo está relacionado con lo palpable y sensible…
R: Sí, por ejemplo, el hecho de que Elisa no pueda llorar es una manera de mostrar que hay algo que bloquea lo que ella siente. Que no se permite a sí misma expresar hacia fuera su dolor. Lo guarda en su cuerpo, pero se niega a abrirse al mundo. Este gesto es para la psicología la representación del trauma y, para mí, la manera de narrar cómo no lidia con el dolor.
El cuidado, la ternura y el estar para otros
P: En Cómo no ser vista el amor se entiende como el cuidado y la protección de las personas que queremos. ¿Es necesario reivindicar esta definición para la sociedad?
R: Claro. Tristemente, creo que por la estructura histórica está más codificada para lo femenino. Desde la educación de las niñas a la maternidad. Sin embargo, lo que quiero que la gente se lleve es cómo a través de la ternura también puede haber resistencia. Elisa tiene quince años, tampoco puede entender la dimensión política compleja de lo que le sucede a su familia. Lo que sí puede es empezar a cuestionarse qué significa cuidar a alguien y estar para los otros. Y la pregunta clave de cómo continuar la vida sin su hermana.
P: Sin duda, la obra es todo un ejercicio de representación literaria del amor sororal. ¿Tienes hermanas o hermanos?
R: Tengo una hermana menor, nos llevamos dos años y medio. Hay como tres años de mi vida donde ella no existió. Parte del reto era adoptar su punto de vista de ser la pequeña. Y reflexionar sobre por qué recordamos lo que recordamos, cómo es que alguien sepa partes de tu vida que tú ni siquiera recuerdas y como las perciben. Aunque estemos intrínsecamente ligadas, me inquieta pensar que hay cosas de ella que yo sé y ella no y viceversa. Incluso se trataba de entender que la otra hermana es su propia persona, con su propia versión del mundo y sus valores.
“El libro nació como un juego”
P: Hablas mucho de las preguntas que te surgieron durante la escritura de Cómo no ser vista. ¿Cuál es el germen inicial del libro?
R: El libro nació como un juego con mi pareja durante un viaje. Nos propusimos escribir una historia que jugara con la estructura de las historias de detectives. Pero nuestro protagonista no podía llegar a encontrar lo que deseaba, retiramos esa noción del final grandioso que todo lo resuelve. Suena místico, pero a partir de aquí Elisa me empezó a hablar como por si sola. El estar descubriendo algo novedoso me ofreció maneras nuevas de pensar el espacio y la voz narrativa. La ciudad que nosotros visitamos me inspiró para describir el escenario del propio viaje de Elisa.
P: Es verdad que hay mucha descripción del lugar, pero nunca llegas a mencionar el nombre de la ciudad en el libro.
R: En el primer borrador sí hablaba del lugar, pero conforme lo fui editando y trabajando, decidí que no quería que hubiera una mención específica del lugar. Preferí que la historia pudiese suceder en cualquier sitio. Quizás, para que cualquier persona se pudiera sentir identificada.
P: En la presentación del libro en Traficantes de Sueños comentaste que había escrito el primer borrador a mano. ¿Es un hábito tuyo?
R: A ver, escribo tanto a mano como en computadora. Me gusta mucho escribir a mano porque parece que pongo más atención sobre el texto, creo que se crea una conexión mayor entre el cerebro, la mano y el papel. En este caso también era parte del reto. Luego dejé ese cuaderno reposar un tiempo largo hasta que lo pasé a la computadora. Aquí ya hice la edición, los retoques… pero hay fragmentos que están enteros idénticos al papel.
Sobre la voz narrativa y las novelas cortas
P: Los 15 años son una etapa intensa, con los sentimientos y las emociones a flor de piel constantemente. ¿Cómo es el ejercicio narrativo de búsqueda de esta voz adolescente?
R: Como he dicho la voz de Elisa me llegó mucho por inspiración. Pero durante el proceso de edición me centré en no traicionar esa voz. Hay libros con perspectivas de niños o adolescentes que, quizás, son demasiado ingenuos, o no se hacen preguntas. Puede ser interesante, pero yo quise reflejar ese momento de la adolescencia en el que sabes muchas cosas y nada a la vez. Te haces mil preguntas y nadie las contesta, lo sientes todo por primera vez y te crees que todo es el fin del mundo. Por eso tenía que ser clara con no traicionar esta complejidad del personaje. Esto se ve en los momentos que toma decisiones equivocadas, cae mal o ignora lo correcto.
P: La estructura narrativa, en forma de un diario con algunas cartas, deriva en lo que ahora llaman escritura rápida. Una novela corta con mucha oración simple y palabras no demasiado complejas, pero que, precisamente por esto, parece que engancha. ¿Por qué triunfa tanto este formato entre escritores y lectores?
R: Mira, cuando lo empecé a escribir no era más que un juego. El borrador pasó cuatro años hasta convertirse en libro. Entonces, sería hipócrita decir que nunca escribo para que me publiquen. Pero, es verdad que si pensase mientras escribo en lo que quiere el mercado y funciona con la audiencia, me entraría una ansiedad terrible, no podría poner ni una palabra.
De todas formas, a mí me encantan las novelas cortas. Hay algo en un libro redondo y logrado en 200 páginas que no tiene las novelas largas. Es un reto como escritora construir ese mundo y llevarlo a todos los lugares donde se puede ir en ese número de páginas limitado. Y está bien ofrecer a los lectores el espacio para disfrutar al leerse un libro en una sentada. En dos horas, viajan a otro mundo, estan con los personajes y se los llevan al corazón. Amo leer, me considero más lectora que escritora. Pero muchas veces la vida pasa demasiado rápido.
“Escribir bien requiere cuidar el espacio de la imaginación”
P: Como doctora en Escritura Creativa, tienes toda la información sobre cómo se escribe bien. ¿Esto te da herramientas o crea barreras al ser demasiado autocrítica?
R: Un poco de ambas. En mi experiencia como lectora noto que llevo muchos años de trabajar analizando textos y ya me es muy fácil saber a dónde van los libros. Empiezo a fijarme en cómo se construye la historia y por qué están puestos los ingredientes sobre la mesa. Luego me emociono mucho cuando uno me sorprende. Cuando escribo me obligo a mí misma a llevar el relato a esos lugares inesperados. Es más, enseñar escritura creativa me da mucha felicidad. Me permite estar presente en el proceso creativo de la gente, entender cómo funcionan sus conexiones y tratar de expandir el mundo que construyen. Acompañar a otros en este camino es muy hermoso.
P: ¿Cuál es la mejor manera de dar los primeros pasos en este camino de la escritura?
R: A ver, yo soy como Leila Guerrero, que no sé dar consejos. Pero creo que lo más importante es leer todo el tiempo, lo que te interesa y lo que no. Para descubrir lo que a uno le gusta hay que acercarse a libros difíciles, de otros países, a traducciones, libros viejos y contemporáneos… No hay que tener miedo a no entender algo. Escribir bien requiere cuidar el espacio de mi imaginación. Esta es parte de mi tarea cotidiana, descubrir los caminos que me permiten imaginar otros mundos posibles. A mis alumnos a veces les pasa que quieren leer todo el tiempo algo parecido a su vida, sino no les interesa. Esto es una gran trampa porque la literatura nos permite imaginar qué se sentiría ser otra persona.
La narración fluye en los sueños
P: Al escribir a Elisa ha dado mucha rienda suelta a la imaginación a través de sus sueños y pesadillas. Dicen mucho de cómo es el personaje, para la historia son casi más importantes que los sucesos reales.
R: El espacio de los sueños, lo imposible o lo fantástico es el código en el que más me gusta escribir. No hay las mismas reglas que en el mundo real. En el caso de Elisa le permiten revelar las cosas que no se puede decir a ella misma. Durante todo el libro estamos en su cabeza y parece que ella tiene el control de lo que nos cuenta y deja ver de sí misma. Es en los sueños donde pierde este control y aparecen sus miedos, lo que le asusta…


