Una adaptación nos trae lo más granado de las piezas teatrales de Francisco de Quevedo
«Alma a quien todo un Dios prisión ha sido, venas que humor a tanto fuego han dado, medulas que han gloriosamente ardido, su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado«. Es quizás el cuarteto más famoso de Francisco de Quevedo. Pertenece al poema «Amor constante, más allá de la muerte» y cuyo último verso da nombre a la nueva obra que presenta la compañía Morfeo en el Corral de Cervantes del Matadero de Madrid.
Para unificar en una sola obra una selección de entremeses del caballero de la lengua afilada, Francisco Negro opta por una muy perspicaz solución. La acción comienza en el entierro de uno de los cuatro comediantes de la «gangarilla» -un grupo de comediantes ambulantes-. De pronto, la misma muerte aparece para llevarse al muerto. Esta aparición sirve de excusa para que los cómicos interpreten tres entremeses de Quevedo que llevaban sin representarse desde el siglo XVII. El caballero de La Tenaza, el Marión y el Miserable son las piezas que interpreta esta banda de deslenguados actores.
«Todos los que parecen estúpidos, lo son, y también lo son la mitad de los que no lo parecen»
El regimiento burlón de esta gangarilla, lo conforman los actores Francesc Albiol (Caratiesa), Francisco Negro (Palomino), Santiago Nogués (Legaña) y Felipe Santiago (Zurrapa). Por su parte, la muerte es encarnada por Mayte Bona. Para presentar una pieza del Siglo de Oro a día de hoy hay que tener agallas. Hay que tenerlas, también, para hacerlo habiendo intervenido en ella. Si bien el gran público no es aficionado a estas obras, el que sí lo es suele ser desmedido en sus críticas. Francisco Negro, además de tener una presencia sin igual en la escena, es capaz de hilvanar las piezas de Quevedo, con el cuidado de un sastre.
La anécdota de inicio que constituye el entierro de Caratiesa, sirve -de la mano del equivoco en el que termina- para que la audiencia sea consciente del nivel de afilada ironía al que se enfrentará la muerte. Palomino, interpretado por Negro, es quien lleva la iniciativa. Aunque, bien es cierto que Legaña y Zurrapa le sirven como fieles escuderos. El primero ocupa el papel de la comedia corporal, de la epidérmica risa que salta como un resorte. Por su parte, Zurrapa se dedica al sarcasmo y la procacidad, sabe lanzar un buen dardo. Caratiesa, el último en intervenir, se maneja con oficio por entre la estridencia y la embriaguez.

«No es bien que tomen los doncellos; que suelen sucederles mil desgracias»
El entremés de El Marión, se presenta como la máxima desfachatez. Don Constanzo, un hermoso joven interpretado por Zurrapa, se considera a sí mismo un «doncello». El mundo del siglo XVII se tambalea cuando a un hombre le pretenden tres mujeres. Ellas llevan la iniciativa, van armadas y él se ocupa únicamente de su apariencia. Se trata de una de las piezas más hilarantes de la obra. Sobre todo, por el papel de Legaña como robusta señora aragonesa.
El único pero que puede tener la interpretación del entremés es el mensaje social que se desliza -no con mucha elegancia- al concluirse. Don Constanzo es maltratado por su esposa, hecho que despierta la hilaridad del público, Pero, al terminar, el personaje interpretado por Felipe Santiago, escapa de su papel y centra la mirada en «si fuera al revés». Una crítica, fantástica, pero que parece presuponer una incapacidad de síntesis por parte del público. Nos saca a todos de la risa y emborrona el clima de la comedia. Si hay una crítica en este género, es preciso que se deslice con soltura, no que corte por lo sano.
Ars longa, vita brevis
Esta tan conocida cita de Hipócrates no se refiere tanto al arte, al ars latino, sino a tékne (τέχνη) griego, que es la palabra usada en el original. Es la técnica, el conocimiento, la habilidad. La destreza para llevar a cabo algo -en este caso la comedia- requiere de mucho tiempo y la vida se consume a marchas forzadas. Esa es la lectura a la que incita esta frase pintada en el carromato de la gangarilla de cómicos, pero podríamos leer más allá.
Este escuadrón de actores se enfrenta a la muerte, apuesta contra ella. Cada segundo invertido en el teatro, cada minuto cubierto por el arte, es tiempo que se le roba a la «dama negra». Esta obra puede muy bien entrar en el tópico del Theatrum mundi, pero de tal manera que estar dentro de esa farsa, de esa representación que, tal y como dice Palomino, no sirve para nada, significa poder vivir más. «Mejor vida es morir que vivir muerto», dice Quevedo. Por eso los actores no temen de verdad, se enfrentan valientes a la muerte con lo mejor que saben hacer: fingir.

Polvo serán, mas polvo enamorado
Esta divertida obra –de 90 minutos de duración– estará en el Corral de Cervantes tan solo los días 20, 21, 22 y 23 de noviembre. Hay que correr para poder ser sometidos a la sátira despiadada de Quevedo, a su obra que hiere y sana. Si al luchar contra la muerte los actores vencen, entonces esos inmortales con los que soñaba Borges deben de estar metidos en una obra de teatro.


