Un viaje musical que hizo vibrar a cada alma en el auditorio (ADDA) de la ciudad
El malagueño recorre España en una gira hasta junio de 2026. El ADDA de Alicante se convierte en un refugio de luz y sonido donde la música se siente como un abrazo.
Tras unos minutos de incertidumbre y expectación, se apagaron las luces del auditorio de Alicante. Sonaron los tímidos primeros acordes del piano dando comienzo así al concierto, unas luces que acompañaron las primeras sonrisas del público y a su equipo confidente, su banda.
Las luces rojas bailaban con una canción inédita, Me voy a escapar, que estará dentro del próximo álbum del malagueño. «Si me da por volar, que la tierra no me persiga, que yo le regalo una vida para jurar que me voy a escapar», cantaba el artista. Ya avisaban que iba a haber un cambio en el orden de las canciones, un cambio en el setlist, que no parecía importarle a la audiencia, la improvisación fue clave en este concierto para darle frescura y novedad.
La voz de Pablo llenó la sala, cálida y cercana, dando la bienvenida a la audiencia: «Es un placer estar aquí con todos ustedes, buenas noches y bienvenidos, de verdad. Habiendo un piano, ganas de enamorarse y de abrazarse, todo está bien». Con un foco apuntando al artista, empezaron los primeros acordes de Lo saben mis zapatos.
«Aquella mañana que te envalentonaste y te salió mal. Yo creo que la música es eso, somos libres y podemos hacer lo que queramos. Es un lenguaje de comunicación, es muy bonito y muy hermoso que estén con nosotros esta noche. Nos entiendan, nos comprendan… así que es tu casa, coge de la nevera lo que quieras», presentaba el andaluz.
El público de Alicante era cómplice y testigo de las nuevas canciones que acompañarán el próximo disco entre versos: «Y quién te ha dado permiso para buscarme, no me vas a encontrar, siempre andaba perdido por alguna parte, yo no tengo otra forma de caminar, si me vuelvo a escapar». Entre luces violetas y azules sonaba La Libertad. «Qué bonita la libertad, saca tus manos que las vea», animaba al público de todas las butacas.
El malagueño reflexionaba entre canciones: «Aunque parezca que se tropiece, no hay cosa más bonita que caerse al suelo y levantarse embarrado y despeinado. Nunca se debe olvidar uno; es inevitable el nervio, levantarte cada día con esa hermosura, ese monstruo que se convierte en unicornio. Es un privilegio».
El público guardó silencio, como si cada palabra flotara antes de mezclarse con los aplausos. Daba paso a El Niño del Espacio, que le da nombre a la gira. Coros del público gobernaban el auditorio de Alicante mientras la risa transparente de Pablo llenaba la sala.
La batería marcaba un latido que lo conectaba con todo. «Yo siempre he querido hablar encima de una batería, que todo lo que dices llega…» , confiesa López mientras controla el ritmo de su batería, Micky Martínez. «Es como una liturgia, hay un poder. Creo que hemos nacido para tocar, y nos vamos a reconciliar con las canciones». Mientras, improvisa sobre esa base un pequeño fragmento de Viviendo Deprisa de Alejandro Sanz, un clásico en sus conciertos.
«Un día escribí una canción, yo tengo amigos que son amores y amores que son amigas», dijo, provocando una risa contagiosa. «A veces tengo una conversación con mi madre, con mi hermano, con ella… Con ella. Y lo que nunca pensé que pasase fue que me tuviera que reconciliar con una canción», confesaba. Te espero aquí. Entre un fondo azul y blanco, con los vientos de Jessie Estévez y Santi Novoa. La guitarra de Tomás Novati y el bajo de Matías Eisen.
La visita a las alturas del auditorio
El ADDA está formado por dos niveles, inferior y superior, todos con butacas. Pablo López es de esos artistas capaces de hacer que incluso quienes están en la última fila se sientan como si ocuparan las primeras, como si envolviera en un abrazo cercano.
«Siempre me imagino lo que pasa arriba», explica, dando paso a gritos que animaban al artista a que subiera. «Sube» o «que suba», repetían desde arriba. Allá que fue, mientras cantaba entre el pasillo y las escaleras Te espero aquí.
Entre incertidumbre y gritos, pasaba entre el público. Desde arriba, cantó también Dos Palabras, «perdonadme por lo heterodoxo de esta situación». El malagueño se dirige al público de abajo: «No sabía la que se había liado aquí arriba, si supierais». Una burbuja de ojos brillando y sonrisas cómplices se posaba sobre el artista por parte del público, ojiplático.

Vuelta al escenario y algunas reflexiones
Tras ella, otra canción nueva que ya resonaba en algunas butacas: «Malditos jueves que me vuelven tan romántico». De la mano, el artista bromeaba acerca del lanzamiento de su nuevo disco. Ya son varias veces las que pone una fecha sobre la mesa para luego no confirmarla, y él es consciente, la perfección gana la batalla al tiempo: «Esta canción pertenece a mi próximo LP que sale en 2046... Sale pronto, quién dice pronto dice… pronto», reía López.
Desde arriba, el público vibraba. «Estaba arriba… un taco de gente guapa de alma, tienen una fiesta ellos a su bola, es muy bonito de verdad. No es un aspaviento, es una realidad, tenemos muchísima suerte de que ustedes desplacen sus patas y sus piernas y nos dediquen un día, gracias de corazón», explica el cantante. Dio paso a Tu enemigo, canción que siempre anima al público y con el que tiene una conexión con la banda por la buena energía que se crea alrededor.
Otra canción nueva llenaba el auditorio de Alicante: Esdrújula. «Es como mirar a ciertas estrellas que están muy lejos y uno no sabe realmente cuándo murió, he podido atisbar, al darme esta carrera…», haciendo referencia a la subida al piso superior. «Vamos a ver, esto cuenta como entrenamiento», bromea.
«Quisiera homenajear al arrebato, a ese momento en el que decides algo, te pones al borde de un precipicio, figuradamente, es muy bonito. No quiero parecer como «Pablo López, 28 minutos hablando» creo que nosotros estamos un poco arrebatados siempre, tenemos cierta insoportabilidad de nosotros mismos en cualquier situación. No importa donde sea, pero lo bonito es que nos conozcamos, es muy bonito abrazarnos para poder abrazar a alguien». Daba paso a Quasi, «tengo el corazón insoportable».
Una nena llamada Emma sentada en primera fila con una pancarta llamó la atención del artista. «Un día que a lo mejor está lloviendo, alguien como tú se lo arregla, eso es algo que algún día sabrás. Vas a arreglar la vida de muchas personas, de verdad, Emma». Animaba al público a cantar para Emma mientras él decía que están «locos todos».
Interpretó una versión de La Maza, canción de Silvio Rodríguez mientras un foco apuntaba al artista. Dio paso al momento guitarra, la banda se acerca al borde del escenario para crear una atmósfera donde tocan MámaNo. Y Óleo de Mujer con Sombrero de Silvio Rodríguez. Enlazado con El Abrazo Más Grande De Todos Los Tiempos, otro de los colibríes. Volviendo al piano, nos dieron otro de los momentos que más movieron al público fue con la llegada de El Mundo y otra canción inédita, Levanta, que pertenecerá al nuevo disco, con versos como: «Si me preguntas a dónde voy, a dónde voy no tengo miedo».
El final del concierto en Alicante
«El reloj es caprichoso, el tempo es caprichoso… Es una suerte tremenda que el tiempo pase volando, que sea especial, os lo agradezco muchísimo. El otro día estaba hablando con una amiga que conozco desde hace unos 18 años, Miriam», quien trabaja con él en su equipo como su asistente personal. «Dónde es una canción que maduré aquí entre Finestrat y la Villajoyosa… Arreando chim pam pum, ¿me entiendes?, a ver si te piensas que yo soy nuevo por aquí», evidenciaba ante el público su presencia por lugares alicantinos.
Tras la interpretación de Dónde, le llegó el turno a El Patio, Pablo López solo ante el público, la canción sin techo marcó el final del concierto. La última canción del concierto. El público contuvo la respiración, como si el Tempo se hubiera detenido, y por un instante se había vivido mucho más allá del último acorde.


