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«Un pequeño acto de rebeldía»: por qué los vinilos y la fotografía analógica persisten en la era digital

El Generacional estrena el documental Fuera del algoritmo: El valor del formato físico en la era digital

El consumo digital no ha logrado borrar el arraigo del ser humano a los formatos físicos. En una era marcada por los algoritmos y el streaming, el valor de lo físico reside en la pausa, la reflexión y la pertenencia que estos ofrecen.

El Generacional ha estrenado este martes el documental Fuera del algoritmo: El valor del formato físico en la era digital. Desde conocer la fabricación de un vinilo hasta visitar por dentro un laboratorio de revelado analógico, el documental profundiza en cómo el valor social de estos formatos sigue vigente a través de seis perfiles vinculados directamente al vinilo y la fotografía analógica.

El ritual de la aguja

«Hay un punto cuando algo te llena mucho, que por alguna razón necesitamos tener algo físico». Así explica Eugenio López, CEO de Mad Vinyl, por qué la gente se sigue sintiendo atraída al formato físico. Con una colección de más de 30.000 discos, el fundador de la única fábrica de vinilos de Madrid tiene muy claro que la experiencia que ofrece el vinilo es incomparable con la escucha digital. «Ese ritual creo que tiene que llamar la atención a cualquiera que realmente le guste la la música», reflexiona.

Para Olga Merino, directora de Salud Mental Avanta, esta búsqueda de lo tangible responde a una necesidad de parar y recuperar el contacto con lo real en una sociedad saturada por la hiperconectividad. Según explica, el formato físico funciona como un «ancla» de realidad que satisface el sentimiento de pertenencia, algo que resulta «muy difícil materializarlo en lo intangible».

A la izquierda, Random Vinyl Club; arriba, el proceso de fabricación de un vinilo en Mad Vinyl; abajo, el interior de Escridiscos
A la izquierda, Random Vinyl Club; arriba, el proceso de fabricación de un vinilo en Mad Vinyl; abajo, el interior de Escridiscos | Fotogramas extraídos del documental ‘Fuera del algoritmo: El formato físico en la era digital’

Esta atracción por el formato físico también se observa en Escridiscos. Fundada en 1977, esta tienda de música independiente lleva casi medio siglo observando la evolución del consumo musical y las ventas del vinilo. Su copropietario, Alberto Real, ha sido testigo de cómo el vinilo ha empezado a recuperar protagonismo desde hace unos años entre las nuevas generaciones cada vez más dominadas por los algoritmos.

Frente a este dominio de pantallas, surgen proyectos que reivindican el criterio humano como Random Vinyl Club. Su fundador, Harvey Cubillos, entiende que el streaming ha convertido la música en algo «fugaz». Por ello, con Random Vinyl Club, Cubillos propone una experiencia distinta: recibir en casa discos sorpresa «curados por artistas y no por un algoritmo». Una invitación a encontrar tu «próximo vinilo favorito» a través de personas reales que han dedicado su tiempo y utilizado su propio criterio.

Una mirada más consciente

Con los ojos pegados a las pantallas en un scroll infinito, tomarse el tiempo para escuchar un vinilo o disparar en analógico una fotografía ya es prácticamente un «pequeño acto de rebeldía». Así lo defienden Aleksandar Angelov y Alejandro Ríos, fundadores de Miyagi Studio, quienes confiesan que algunos curiosos que pasan frente a su tienda todavía se sorprenden de ver carretes, preguntándose si estos siguen existiendo.

Fernando Marcos no duda en esta cuestión y afirma nunca haber dejado lo analógico. Director de su propio club fotográfico, Pixel de Plata, y especializado en fotografía analógica y procesos fotoquímicos, Marcos lleva disparando en analógico más de 25 años.

Arriba, el laboratorio comunitario de Contado Pierde; abajo, Aleksandar Angelov reparando una cámara en Miyagi Studio; a la derecha, parte del estudio de Pixel de Plata
Arriba, el laboratorio comunitario de Contado Pierde; abajo, Aleksandar Angelov reparando una cámara en Miyagi Studio; a la derecha, parte del estudio de Pixel de Plata | Fotogramas extraídos del documental ‘Fuera del algoritmo: El formato físico en la era digital’

Aunque reconoce los avances de la fotografía digital, rechaza cualquier visión de superioridad de lo analógico sobre lo digital. «Yo conozco mucho el mundo analógico y cuando digo que no es mejor la fotografía analógica que la digital, se me echan al cuello, pero es así», admite el director de Pixel de Plata. Sin embargo, Marcos prioriza la mirada crítica que te da la fotografía analógica. «Hasta que no aprendes fotografía en analógico, no comprendes muchas cosas del digital», sentencia el fotógrafo.

Alberto Cañizares, cofundador de Contado Pierde, también tiene muy presente el valor del esfuerzo y el proceso en su local de revelado y laboratorio comunitario. Al igual que Miyagi Studio, para quienes la fotografía analógica representa «la elección de cuidar el proceso frente al resultado». Cañizares da un paso más y nombra al laboratorio como parte fundamental del proceso fotográfico. «Yo no sé si haría ni siquiera fotos si no fuese por el laboratorio», admite. 

Una comunidad a la que pertenecer

La comunidad que se forja alrededor de estos formatos físicos es uno de sus principales atractivosMiyagi Studio lo vive de primera mano. Alejandro Ríos y Aleksandar Angelov explican cómo el proceso analógico te fuerza a socializar. El hecho de tener que acudir físicamente a la tienda para revelar cada carrete genera un contacto recurrente y humano que no existe en la fotografía digital.

Esta filosofía de comunidad se extiende a otros espacios como el laboratorio comunitario de Contado Pierde. Alberto Cañizares es tajante al definir lo que no es una comunidad. «Muchas veces se le llama comunidad a ven y cómprame. No es eso», admite. Contado Pierde no ve al cliente como un mero comprador, sino como parte de un espacio social donde poder usar las instalaciones, aprender y compartir conocimiento con los demás.

Laboratorio comunitario de Contado Pierde
Laboratorio comunitario de Contado Pierde | Fotograma extraído del documental

Más allá de la nostalgia o la búsqueda de una estética, el valor del vinilo y la fotografía analógica responde a una necesidad más profunda. Estos formatos ofrecen tiempo, presencia y contacto humano, algo que el mundo digital no parece capaz de replicar. Escuchar un disco entero, esperar el revelado de un carrete o compartir un laboratorio con otras personas son gestos que obligan a detenerse. Quizá por eso, lejos de desaparecer, el formato físico sigue encontrando su lugar en la era digital.

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