La película dirigida por David Ayer llega a los cines el 25 de septiembre
En el corazón de la bestia sigue a James Belmont, un exsargento militar que trata de llegar a casa junto a su perro de combate, Odín. Un accidente hará que ese viaje tome un rumbo completamente diferente y les obligará a enfrentarse a un entorno en el que cualquier cosa puede convertirse en una amenaza.
El viaje del héroe
Como ya hemos podido ver en otros estrenos recientes como La Odisea de Christopher Nolan, aquí también tenemos a un protagonista cuyo objetivo principal es volver a casa. A medida que avanza la película, tendrá que enfrentarse a la naturaleza y, al mismo tiempo, a todo lo que arrastra de su pasado como militar.
Desde los primeros minutos, En el corazón de la bestia coloca a James y a Odín en una situación límite. Después del accidente, ambos tendrán que encontrar la manera de sobrevivir y buscar una salida mientras se enfrentan a las condiciones extremas de las montañas de Alaska.
Aquí la película se toma su tiempo. Hay bastantes planos dedicados al paisaje, a las montañas y al entorno que rodea a los protagonistas. Para alguien que espere una película de aventuras en la que estén pasando cosas constantemente, puede resultar algo pausada en algunos momentos. Sin embargo, también es precisamente lo que permite entender lo pequeños que son James y Odín frente a todo lo que tienen alrededor.
Cuando la película decide acelerar, lo hace sobre todo a través de los encuentros con la fauna. Los lobos protagonizan una de las mejores escenas, especialmente por cómo está construida la tensión.
Odín, el corazón de la película
Aunque Brad Pitt ocupa el centro de la historia, es Odín quien termina adquiriendo una presencia especialmente importante. Y, personalmente, creo que es uno de los mayores aciertos de la película.
La relación entre James y su perro se construye a partir de todo lo que han vivido juntos durante la guerra. Los dos han aprendido a sobrevivir en ella, pero ahora James quiere algo diferente para su compañero.
Yo he sido militar toda mi vida. OdÍn necesita experimentar la paz
Odín representa una parte del pasado de James y también la posibilidad de empezar una vida diferente. La película intenta mostrar la relación entre ellos dos a través de pequeños momentos que harán que aquellas personas con perros se sientan especialmente representadas.
Aprender a dejar de sobrevivir
Uno de los conflictos que atraviesa En el corazón de la bestia es lo que significa para James el haber pasado tantos años viviendo en modo supervivencia. Su pasado militar ha condicionado por completo su forma de enfrentarse al mundo, pero ahora que la guerra ha terminado, es incapaz de seguir adelante. Vive en un continuo estado de hipervigilancia.
Al igual que James hay personas que, después de pasar mucho tiempo sufriendo y aprendiendo a defenderse o esperando a que algo salga mal, terminan incorporando ese estado de alerta en su día a día. Cuando el peligro desaparece, el cuerpo sigue esperando que vuelva y por eso hasta un estado de calma lo pueden llegar a percibir como algo incómodo.
Por otra parte, también se puede entender la película desde la perspectiva de Nietzsche. Según el filósofo alemán: «quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo». Esta frase recoge el espíritu de valentía tanto de James como de Odín, ya que el deseo de regresar a casa se convierte en el motivo que les permite seguir avanzando aunque aumenten las dificultades.
El mensaje detrás de Odín
Hay un detalle detrás de la película que ayuda a entender todavía mejor por qué Odin tiene tanta importancia. En el corazón de la bestia también quiere poner el foco en los perros que han acompañado a los militares y en qué ocurre con ellos cuando termina su servicio.
Así, la película, antes de los créditos, recuerda que estos animales también han formado parte de situaciones de guerra y que, una vez terminada esa etapa, merecen tener la oportunidad de empezar de nuevo junto a una familia.
¿Merece la pena verla?
Retomando la pregunta anterior, la respuesta es sí.
La película tiene algunos momentos en los que se toma demasiado tiempo para avanzar y hay situaciones que pueden exigir al espectador cierta suspensión de la incredulidad. Sin embargo, también consigue momentos de tensión bastante efectivos y, sobre todo, en la relación entre James y Odín se encuentra el principal motivo para seguir viendo la historia.
Además, hay que destacar el sonido. En una película en la que los protagonistas pasan bastante tiempo rodeados únicamente de naturaleza, los efectos de sonido tienen un papel fundamental para crear tensión. En algunos momentos, no hace falta ni ver qué está ocurriendo porque los sonidos y la reacción de Odín avisan al espectador de que algo no va bien.
Si hay una parte que claramente eleva la película es el final. Sin entrar en detalles para no destripar la historia, el último tramo concentra buena parte de la carga emocional que ha ido construyendo la película y hace que la experiencia termine dejando un mejor sabor de boca.


