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‘Clayface’: ¿en quién te transformas cuando pierdes la cabeza?

El enemigo de Batman protagoniza una de las apuestas más sangrientas del cine de terror de la mano de DC Studios

Todo comienza con el ascenso de Matt Hagen en su carrera como actor. Sin embargo, un encontronazo con la mafia le deja con el rostro completamente desfigurado. Así, pierde su carrera, su entorno y esa vida que había construido desde cero. Aislado y sin nada que le permita reconocerse en el espejo, solo piensa en volver a ser quien era. Un tratamiento experimental parece conseguirlo. Pero, para entonces, él ha cambiado. Su única preocupación es conseguir venganza, y no le importa cuánta gente pueda morir en el proceso.

DC mancha de sangre la capa 

DC ha decidido adelantar Halloween. Dirigida por James Watkins, Clayface se aleja de su cine de superhéroes tradicional. En su lugar, apuesta por el terror más visceral, marcado por la violencia y la degradación tanto física como psicológica. Sin embargo, aunque resulta tétrica en varios momentos, también invita a reflexionar. Habla del miedo a perderse a uno mismo y de ser incapaz de reconocerse delante del espejo.

Respecto al apartado cinematográfico, destaca especialmente el maquillaje. Cuando una película consigue que apartes la mirada de la pantalla porque no soportas lo que estás viendo, es que ha logrado incomodarte. Y eso es exactamente lo que te indica que es una película impresionante.

Las escenas de Clayface son violentas y desde luego que no escatiman en la crudeza. El maquillaje, de un realismo casi repulsivo, es sin lugar a dudas uno de los más espectaculares de la producción de DC. A ello se suman unos efectos visuales y un montaje que potencian la brutalidad de cada secuencia. Sufres y disfrutas a partes iguales. Esa es una de las contradicciones que más enganchan del cine de terror, que quieres apartar la mirada y, al mismo tiempo, no puedes dejar de mirar.

Vales la imagen que vendes

Hay cierta ironía en que sea precisamente un actor de Hollywood quien protagonice una historia sobre la pérdida de identidad. Clayface utiliza la transformación de Matt Hagen para retratar un mundo en el que las apariencias lo son todo. En la industria del cine, el rostro es una herramienta de trabajo.

Cuando Hagen pierde su cara, también empieza a perder su lugar en el mundo. Porque, en el mundillo del cine, dejar de ser atractivo es dejar de ser útil. Una crítica muy necesaria que necesitamos escuchar. Especialmente si tenemos en cuenta los últimos datos de SERPE (Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética), donde afirman que en nuestro país se realizan más de 204.000 intervenciones de Cirugía Estética al año.

La crítica no se limita a la toxicidad estética de Hollywood y, en general, de la actualidad. Se extiende a unas relaciones humanas que se sostienen en el interés propio, cuando puedes sacar provecho de alguien. En el momento en el que todo va bien, sobran las personas que te admiran, te acompañan y te aseguran que estarán ahí siempre.

Así, vemos a Matt rodeado en fiestas y jets privados. Pero cuando dejas de ofrecer aquello que buscan y ya no eres el actor de éxito, tu imagen deja de vender y tu presencia resulta incómoda. Y los que juraban estar ahí para siempre son los primeros que te dan la espalda. Hagen descubre que, cuando lo pierde todo, está mucho más solo de lo que imaginaba. Y ese dolor que le invade es el que le lleva a desfigurarse por dentro.

Según Stephen King “Inventamos horrores para ayudarnos a sobrellevar los reales”. En este caso, es el horror de no saber quién eres, de sentir que el mundo te da la espalda cuando de verdad le necesitas. 

¿La injusticia justifica la venganza?

Una de las grandes motivaciones del cine de superhéroes es la búsqueda de justicia. Sus protagonistas se enfrentan a un mundo en el que el bien y el mal parecen estar claramente definidos. Pero todos sabemos que la realidad es más difusa. Y no siempre sabemos distinguir justicia de venganza.

De acuerdo con la RAE, la justicia es un principio moral, ético y jurídico que busca dar a cada persona lo que le corresponde. Mientras que la venganza es la satisfacción o el castigo que se toma una persona o grupo en respuesta a un daño recibido.

La historia de Matt Hagen parte de una tragedia objetiva. Su desfiguración es el detonante de una transformación que va más allá de lo físico. El dolor, la humillación y la pérdida terminan afectando a su forma de entender el mundo. La venganza la utiliza como una manera de recuperar el control y de castigar a quienes considera responsables. Sin embargo, cuanto más se aferra a ella, más se aleja de la posibilidad de recuperar lo que tenía y quién era.

Clayface plantea que ser víctima de una injusticia no convierte en legítimo todo lo que se hace después. Y que entender el origen de un monstruo no significa absolverlo de sus delitos.

Un monstruo no tan diferente a Frankenstein

Basta con recordar la novela de Mary Shelley para encontrar un paralelismo evidente. Tanto la criatura de Frankenstein como Matt Hagen comparten una existencia marcada por la transformación física y la dificultad de encontrar su lugar en el mundo. Los dos descubren que la apariencia puede condenarlos antes de que tengan la oportunidad de demostrar quiénes son.

En sus historias también se encuentra una idea atribuida a Nicolás Maquiavelo, “Es mejor ser temido que amado, si no se puede ser ambas cosas”. Sin embargo, ninguna de las dos historias presenta esa sustitución como una verdadera solución. El rechazo alimenta el resentimiento y el deseo de aceptación termina transformándose en algo mucho más temible.

El amor aparece en la película como una posible salvación pero también como una de las principales fuentes de sufrimiento. Hagen busca en los demás la confirmación de que todavía merece ser querido. “Seré quien tú quieras que sea” – dice Matt en uno de los fragmentos más emotivos. En otras palabras, está dispuesto a renunciar a sí mismo con tal de conseguir que alguien lo ame. Pero está condenado a que no le puedan amar si ni él mismo sabe quién es. 

Estreno en cines

Mañana, 22 de noviembre, Clayface llega a los cines para avisarnos de que Halloween está a la vuelta de la esquina. Es una película que te hará salir de la sala con la piel de gallina y con unas cuantas reflexiones en la cabeza. Porque, detrás de cada monstruo, hay algo humano con lo que podemos sentirnos identificados.

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