Después del éxito de No Dormirás, el quinto libro catalán más vendido en Sant Jordi 2025, Oriol Canals vuelve con una novela llena de giros, secretos y dilemas morales
La historia comienza con una dolorosa paradoja: Jesus María Barceló, el cardiólogo más famoso del mundo, necesita un trasplante de corazón para poder sobrevivir. Junto a esta impactante noticia justo el día de su cincuenta cumpleaños, recibe como regalo cinco cajas, tres de ellas con corazones arrancados de otras personas. Los Mossos d’Esquadra y los periodistas se implicarán a fondo en una investigación que sacará a relucir los trapos sucios del sistema sanitario y la doble moralidad que todos escondemos.
Un thriller donde todos esconden algo
Lo que en un principio parece una historia sencilla sobre un asesinato se convierte rápidamente en una trama mucho más compleja. La novela juega constantemente con las apariencias y consigue que el lector sospeche prácticamente de todos los personajes.
Una de las cosas que más sorprende durante la lectura es precisamente la cantidad de subtramas que Canals consigue introducir y conectar. No hay una única investigación que avance de principio a fin. La trama está formada por diferentes historias que terminan encontrándose. Los personajes están relacionados entre sí de una manera u otra y, aunque en ocasiones sus conexiones parecen lejanas, terminan teniendo consecuencias para el resto. Una conversación, una llamada telefónica o una decisión tomada por un personaje pueden acabar afectando directamente a otro.
Esta estructura es uno de los puntos fuertes de la novela. El lector sabe que todas esas historias tienen que acabar encajando, pero no sabe exactamente cómo. Por eso mismo resulta complicado dejar de leer. Incluso cuando toca cerrar el libro, la historia continúa dando vueltas en la cabeza y aparecen teorías sobre qué puede ocurrir después.
Los giros argumentales funcionan especialmente bien porque no están pensado únicamente para sorprender, y se relacionan con las debilidades de los propios personajes. La venganza, el desamor, el dinero, la ambición o el afán de poder son algunos de los motivos que provocan las decisiones más importantes de la historia. Canals consigue así que el misterio no dependa únicamente de descubrir quién es el culpable, y al lector le interese entender por qué cada personaje ha llegado hasta ese punto.
La moralidad como protagonista
Al principio parece sencillo distinguir entre víctimas y culpables, pero esa división se vuelve cada vez más difusa. Los personajes han cometido errores y muchos de ellos están dispuestos a hacer cosas cuestionables para protegerse a sí mismos.
Uno de los ejemplos más claros aparece cuando un grupo de personas es señalado como responsable de uno de los delitos. El hecho de que tengan mala reputación facilita que sean culpados, aunque realmente no sean los responsables. La situación resume bastante bien una de las cuestiones que plantea el libro: hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar una injusticia para obtener un beneficio propio. Esa facilidad que tiene el ser humano de mirar a otro lado cuando le conviene es una crítica brillante que hace el autor.

La corrupción, los secretos, las infidelidades, los paraísos fiscales, las coacciones o las acusaciones falsas aparecen a lo largo de la historia y contribuyen a construir unos personajes que están lejos de ser perfectos. Nadie actúa siempre correctamente. Y precisamente por eso resulta tan difícil confiar en ellos.
Esta doble moralidad es uno de los aspectos más interesantes y mejor construidos de El Quinto Corazón. La novela plantea cuestiones éticas constantemente y lo hace, además, con bastante ironía. No se trata de personajes buenos que se enfrentan a personajes malos, son personajes que, en diferentes momentos, han tomado decisiones pensando en su propio beneficio o incluso, para tratar de evitar las consecuencias de sus actos.
Gabriela y el periodismo
Entre todos los personajes, Gabriela es una de las figuras que más dinamismo aporta a la novela. La periodista se convierte en la encargada de tirar del hilo de la investigación y de conseguir información que permita avanzar en el caso. Su papel termina siendo incluso más relevante que el de los propios Mossos d’Esquadra, que quedan en un segundo plano durante buena parte de la historia.
Sin embargo, Gabriela tampoco es una heroína tradicional. Es una periodista que busca descubrir la verdad, pero no siempre utiliza métodos que puedan considerarse moralmente correctos.
Oriol Canals, director del periódico catalán Ara, demuestra conocer el mundo de las redacciones y lo incorpora a la historia con mucha naturalidad. Las referencias al periodismo aparecen en diferentes momentos como la obsesión por conseguir la noticia más leída, la necesidad de escalar dentro de una redacción, la presión por conseguir información exclusiva o los riesgos que algunos periodistas están dispuestos a asumir para adelantarse a la competencia. También se pone el foco en las entrevistas, que están especialmente bien construidas y aportan algunos de los momentos más interesantes de la investigación.

Una crítica al sistema sanitario
La novela también utiliza su trama criminal para hablar del sistema sanitario y de las desigualdades que pueden existir dentro de él. El dinero y el poder tienen un peso importante y el libro plantea cómo determinados privilegios pueden facilitar el acceso a aquello que otros tienen mucho más complicado conseguir.
Todo esto se mezcla con las cuestiones éticas que aparecen en la historia. Los personajes toman decisiones que afectan a la vida de otras personas para proteger sus propios intereses. La medicina, que debería estar vinculada al cuidado y a la protección de la vida, aparece así rodeada de intereses personales, secretos y conflictos.
El propio protagonista representa una contradicción especialmente llamativa. Jesús María Barceló es el cardiólogo más famoso del mundo y ha dedicado su vida a salvar corazones, pero de repente es él quien necesita desesperadamente uno para sobrevivir. La paradoja es potente, aunque la novela lleva esta premisa hasta un terreno bastante extremo. Su cumpleaños número cincuenta, su fama internacional y las cinco cajas con corazones humanos hacen que en un principio pueda resultar demasiado idílico y difícil de imaginar.

Un comienzo apresurado
El inicio es precisamente uno de los aspectos que menos convencen. En apenas unas páginas se presentan acontecimientos muy importantes: el cumpleaños de Barceló, su necesidad de un trasplante y la aparición de las cajas. El lector entra en la historia de manera muy brusca, sin apenas tiempo para conocer al protagonista antes de que comience el conflicto.
Además, los primeros capítulos pueden generar cierta sensación de uniformidad entre los personajes. Al principio parece que todos hablan de una manera similar y cuesta diferenciarlos por su personalidad. Sin embargo, esta impresión desaparece conforme avanza la novela. Los personajes van adquiriendo una voz propia y terminan siendo reconocibles y sus actuaciones encajan con su forma de ser.
El otro punto que puede resultar más pesado son los numerosos detalles médicos. Los tecnicismos aportan credibilidad a la historia y ayudan a construir el mundo profesional de Barceló, pero en algunos momentos ocupan demasiado espacio y pueden hacer que la lectura resulte menos ágil para alguien que no esté familiarizado con la medicina.
A pesar de ello, el ritmo mejora conforme avanzan las diferentes investigaciones. La cantidad de subtramas hace que siempre haya algo nuevo que descubrir y consigue mantener la atención incluso cuando una de las historias pierde fuerza.
Un final sorprendente
El desenlace es importante ya que, al fin y al cabo, es el que te dejará con un sabor agrio o dulce al terminar la lectura. En El Quinto Corazón, el final consigue sorprender y demostrar que aquellas piezas que parecían independientes tenían una explicación. Sin embargo, la resolución de una de las últimas traiciones resulta algo apresurada. La explicación permite cerrar la trama, pero su desarrollo resulta demasiado rápido en comparación con la importancia que acaba adquiriendo. Es uno de los pocos momentos en los que la novela parece necesitar una explicación inmediata para resolver una de sus piezas.
Aun así, el resultado final deja una sensación muy positiva. El Quinto Corazón consigue el objetivo esencial del thriller; mantener la curiosidad hasta el último momento. Los giros son difíciles de anticipar y el lector está constantemente intentando descubrir qué personaje está diciendo la verdad.
Paralelismos en el mundo del thriller policíaco
La novela recuerda en cierta medida a El cuarto mono, de J. D. Barker, por su componente policial y la presencia de un asesino en serie, aunque El Quinto Corazón apuesta por una trama más ligera. También comparte algo con Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, donde desde el principio conocemos algunos de los acontecimientos que van a ocurrir y, por tanto, el interés no está únicamente en descubrir qué va a pasar, sino en conocer las consecuencias después del suceso.

Al terminar el libro, algunas frases permanecen en la memoria. Entre ellas, una resume especialmente bien la esencia de la historia: “cuando pones tu vida en manos de una persona antes debes asegurarte de no haberla herido”. También quedan otras reflexiones como “en los peores momentos solo los inteligentes conservan el sentido del humor” o la idea de que la dopamina aumenta cuando la recompensa no es predecible.
Esta última frase explica por qué El Quinto Corazón consigue enganchar tanto. El lector nunca sabe exactamente cuál será el próximo giro. Es un thriller que genera interés y crítica a partes iguales, pero que, sobre todo, consigue que sea imposible confiar completamente en nadie. Porque en esta historia puede haber culpables, víctimas y personas que investigan, pero inocentes, al menos del todo, parece que no hay ninguno.


