El 12 de octubre tuvo banda sonora propia en Espacio Zity. Marina Reche puso el corazón y Ana Mena convirtió el recinto en una fiesta de luces, baile y grandes éxitos para celebrar el día más especial de Zaragoza
Las calles se llenan de gente, las plazas respiran fiesta y la ciudad encuentra en sus propias tradiciones una forma de reconocerse. Pero los Pilares también se viven frente a un escenario, con miles de personas cantando al mismo tiempo y canciones que terminan formando parte de un recuerdo compartido. En ese contexto, Espacio Zity recibió a Marina Reche y Ana Mena en una noche que tenía todos los ingredientes para dejar huella.
Después de varios días de música en el recinto, las fiestas seguían demostrando que todavía quedaban muchas historias por contar. Marina Reche fue la encargada de abrir la noche con una propuesta cargada de sensibilidad, mientras que Ana Mena tomó el relevo para desplegar su faceta más festiva. Dos artistas, dos maneras de entender el escenario y un mismo objetivo: ponerle música a una fecha que Zaragoza siente como propia. Porque, cuando la ciudad celebra su día grande, cualquier excusa es buena para sumar una voz más al coro.

Marina Reche puso el corazón antes de que llegara el brillo
La primera parte de la noche tuvo a Marina Reche como protagonista. La artista catalana salió al escenario dispuesta a compartir con el público algunas de las canciones que han ido construyendo su identidad musical. «Lo he intentado», «No Fue Así«, «A X Ti», «Mil Preguntas» y «No Me Ves» fueron algunos de los temas que sonaron durante una actuación marcada por la emoción y la cercanía.
Aunque no era la cabeza de cartel, Marina Reche encontró su espacio en una noche en la que las expectativas estaban puestas también en lo que vendría después. Y ahí estuvo una de las claves de su actuación: entender que no siempre hace falta ocupar el centro de todas las miradas para conectar con quienes tienes delante. Su música, construida desde las emociones y las experiencias personales, encontró un lugar entre miles de asistentes que también tenían sus propias historias que cantar.
Su paso por Espacio Zity sirvió para preparar el terreno sin renunciar a su personalidad. Frente a la energía que suele asociarse a las grandes noches de las fiestas, Marina apostó por otro tipo de conexión, una más íntima, aunque compartida por todo un recinto. En Zaragoza también había espacio para detenerse un momento, mirar hacia dentro y dejar que las canciones hicieran su trabajo. Porque antes de que llegara la purpurina, ya había motivos para emocionarse.
Con el público preparado para lo que estaba por venir, el escenario se disponía a cambiar de registro. La noche todavía guardaba su carta más esperada y el ambiente comenzaba a anticipar una actuación en la que el baile, las luces y los grandes estribillos iban a tomar el protagonismo.

Ana Mena convirtió Espacio Zity en una noche de clásicos
El momento de Ana Mena llegó con «Carita Triste«, una elección que sirvió para arrancar su actuación y marcar el tono de lo que sería el resto del concierto. Acompañada por su equipo de bailarines, con una puesta en escena pensada para mantener el ritmo de principio a fin, la malagueña desplegó esa mezcla de actitud, coreografías y melodías pegadizas que caracteriza sus directos.
La propuesta musical miró especialmente hacia los éxitos que han acompañado su trayectoria. «Música Ligera«, «Un Clásico» y «Lárgate» formaron parte de un repertorio que buscaba conectar con el público desde los primeros acordes. No era una noche para detenerse demasiado en el presente discográfico, sino para recorrer canciones reconocibles y convertirlas en parte de una celebración colectiva. En una fecha como el 12 de octubre, con Zaragoza volcada en sus fiestas, la fórmula tenía sentido: canciones conocidas, un escenario en movimiento y miles de personas dispuestas a dejarse llevar.
Ana Mena supo aprovechar ese contexto para ofrecer un espectáculo de ritmo constante. Su equipo de baile acompañó cada cambio de canción y reforzó una puesta en escena en la que la imagen y la música avanzaban de la mano. La artista se movió con soltura por un repertorio que invitaba a cantar, bailar y olvidarse durante un rato de todo lo que quedaba fuera del recinto. Si Marina Reche había puesto el corazón al comienzo de la noche, Ana Mena se encargó de llenar el espacio de brillo.

Una hora de disfrute por todo lo alto en el día del Pilar
Sin embargo, la duración del concierto también generó comentarios entre parte del público. La actuación se prolongó durante aproximadamente una hora, un tiempo que algunos asistentes consideraron insuficiente para una noche tan señalada. La percepción es comprensible: cuando se espera a una artista de su popularidad, siempre queda la sensación de que todavía podría sonar una canción más. Aun así, la duración no impidió que el espectáculo mantuviera su ritmo ni que el público disfrutara de una selección centrada en sus temas más reconocibles.
El cierre llegó con «Las 12«, poniendo el broche final a una actuación que apostó por los éxitos, el baile y una estética llena de destellos. La purpurina no fue únicamente una cuestión visual: también estuvo en esa manera de convertir un concierto en una celebración compartida, en la que cada estribillo encontraba respuesta entre el público.
Los Pilares todavía tienen mucho que ofrecer, pero el 12 de octubre ya dejó una de esas imágenes que explican por qué la música ocupa un lugar tan importante en estas fiestas. Marina Reche aportó sensibilidad y Ana Mena hizo lo propio con su energía y sus canciones más populares. Dos actuaciones diferentes para una misma ciudad, en su día más especial. Porque Zaragoza no solo se viste de fiesta cada octubre: también necesita canciones que le recuerden por qué merece la pena celebrarlo.


