Hay dos cosas que siempre he idealizado: los años ochenta y París. Y en esta película ambos convergen. Con sus cosas bonitas y sus cosas feas
Los pasajeros de la noche, el nuevo film de Mikhaël Hers es puro y humano. Retrata a varios personajes en el contexto del mandato de François Mitterrand, la droga como emergente pandemia y la vida en sí misma, cada uno en una etapa de transición distinta.
Matthias (Quito Rayon Richter) sigue en el instituto. Se ve atrapado en un sistema que no atiende a las necesidades de los jóvenes que van más allá de memorizar Historia. Solo quiere escribir poesía y besar a una chica. Lo que aprendemos más tarde es que son precisamente la escritura y una chica lo que marcará su vida.
Su hermana Judith (Megan Northam) está acabando el instituto. Empieza a militar en la política, que se convierte en su razón de ser. Muchos jóvenes franceses encuentran en la revolución su forma de vida. Y más en esa Francia que daba la bienvenida a la izquierda.
Elizabeth (Charlotte Gainsbourg) es la madre de ambos jóvenes. Acaba de divorciarse y necesita empezar a trabajar. Por su insomnio, es oyente de un programa de radio nocturno: Los pasajeros de la noche. Decide enviarle una carta a la presentadora, Vanda Dorval (Emmanuelle Béart), pidiéndole trabajo, quien tras una breve conversación la contrata. Allí conocerá a Talulah.

Talulah (Noée Abita) es una joven cuyo pasado decide no compartir. Sabemos que llega a París desde Bretaña con poco más que una mochila y la esperanza de sobrevivir. Con 18 años y siendo mujer, vivir en la calle es mucho más duro de lo que ella espera. Una noche acude a la radio a contarle su historia a Vanda. Elizabeth y sus hijos la cuidan y la introducen en su familia. Talulah cae en los brazos de la reina de los barrios de París: la heroína.
Todos somos pasajeros de la noche
Las adversidades son el personaje transversal de esta historia. Cada personaje con las suyas intenta seguir adelante. Cada historia es importante, y la maravillosa interpretación de todos los protagonistas hace tangibles todos los sentimientos que transmiten sus personajes.
La película alterna las imágenes en ‘cinemascope’ con planos en 4:3, grabados en 16 mm. A nivel cinematográfico, es una propuesta muy interesante que ayuda al espectador a sumergirse en esos románticos (o sobre-idealizados) años ochenta.
Todo es pasajero. Todos somos pasajeros. Ya sea de la noche o de las distintas etapas de la vida. Todos pasamos para dejar nuestra historia. Y siempre habrá alguien que piense que tu historia merezca la pena ser escuchada.


