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Regina Rodríguez: «’Palomitas de madrugada’ es el gran viaje de mi vida»

La segunda novela de Regina Rodríguez, de la mano de Suma

Un viaje a la vocación, a encontrar la motivación de la vida, a encontrar el mejor camino para pasar este tiempo de búsqueda. Suma vuelve con la segunda novela de Regina Rodríguez tras Las bragas al sol, Palomitas de madrugada.

Rita es una chica que está perdida, de trabajo en trabajo, está buscando su vocación. Se encuentra con el Desastre, una oficina en ruinas que están tratando de levantar para convertirla en coworking.

Gracias a las amigas de toda la vida, las amistades que encuentra en el camino y a Noah, un amor muy intenso, Rita trata de encontrar este sueño que la inquieta y trata de escribir una novela con la que lleva años luchando. Una historia en la que veremos el camino de Rita y la acompañaremos en todas sus aventuras.

Pregunta: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de escribir Palomitas de madrugada?

Respuesta: Es una historia real. Mientras vivía la historia pensaba “yo no sé si voy a llegar a escribir o no, pero es tan heavy lo que estamos sintiendo aquí dentro, es tan guay, que yo algún día tengo que encontrar la manera de escribir esto, de dejar testimonio”. Cuando empecé con Las bragas al sol, siempre tuve clarísimo que iba a ser la segunda novela. Porque el gran reto siempre ha sido cuando vives algo tan intenso, cuando te conviertes, que todos nos convertimos en zombis de lo que vivimos.

Porque se alinearon tanto los planetas para todo el mundo, no solo para mí que tengo mi umbral de la emoción en los suelos, sino que fue algo mágico. Mi reto era ¿cómo voy a transmitir toda esta emoción en estas páginas? Cuando acabé, después de dos años y medio, lloré una hora entera de la emoción tan grande que sentía. Porque pensé que lo había conseguido, lo había escrito. Además, creo que sí que trasciende. Fue muy guay que pude llamar a todos los personajes que salían para compartirlo. Y ahora se lo están leyendo ellos. Es brutal.

P: ¿Quién es Rita, nuestra protagonista?

R: Rita es una tía que tiene 32 años, que tuvo una experiencia bastante intensa, que es lo que inspiró mi primera novela, Las bragas al sol, que se fue a hacer de au pair a Atlanta. Allí se encargó de tres niños superdotados y vivieron muchas aventuras. Pero su viaje es que fue a buscar su vocación. Igual que yo, Rita volvió de Atlanta con la vocación: ella quería escribir. Pero en Palomitas de madrugada es el último año después de unos ocho años donde ella lleva saltando de trabajo en trabajo, sin encontrar algo que realmente la motive. Porque hay una intencionalidad, hay una exigencia a la vida de “yo no quiero hacer cualquier cosa”. Esto es importante porque es lo que la mueve siempre. Hay trabajos que podrían estar bien, pero yo quiero uno que me flipe.

Salta de trabajo en trabajo y llega hasta uno que está haciendo de comercial de vinos, que es como empieza la novela, en Japón. Allí pasan unas cosas que después se entienden, pero la echan del trabajo. Después de echarla del trabajo es cuando ya toca fondo. En medio de un ataque de ansiedad llega, se planta, empujada por una mano mística de nombre Ricardo que es un personaje que yo creo que va a volver a salir, porque es como la punta de un iceberg de un gigante.

Entra en este edificio que aparentemente está en ruinas, pero que ahí dentro es donde pasa la magia. Allí es donde se encuentra una serie de personajes tan distintos como una tía vestida de novia que entra un martes cualquiera, el tío que le lleva la red es al Papa de Roma, una astróloga que todo lo lee en clave, un tío que acaba de vender su empresa por trescientos millones de dólares a Silicon Valley y está deprimido porque no encuentra novia y está siempre en un tamborcito allí…

A Rita, lo que le pasa cuando entra allí, es que siente que la energía que hay allí, la gente, sus sueños… Ella se ve representada en ellos. Porque el sueño que tiene ella es muy intangible, no sabe cómo abordarlo y es un sueño en el que ella quiere escribir. Tampoco quiere ser una superescritora, pero quiere sacar la historia que lleva dentro, su voz, domarla para sacarla. Allí hay gente, que es irrelevante si consigue el sueño o no, si suben o bajan del escenario al final, pero todo lo que pasa en todas las páginas de la novela, lo relevante es el camino. Parece muy cliché, pero es la verdad. Lo que fue realmente apasionante fue cómo todos intentábamos hacer lo que podíamos para sernos fieles.

Todas aquellas aventuras, lo que vive a caballo entre Barcelona, sus azoteas y la Cerdanya, de donde es Rita, aquellas montañas, las dobles amistades, las de toda la vida y las nuevas en las que es superrefrescante, que ya se siente parte de todas ellas. Con todo esto y con amor, que sale allí una historia de amor increíble, encuentra su voz. O la reconoce porque a la tenía. Este edificio crece con ellos. Estaba en ruinas y al final ya no lo está. Ahora es algo no corporativo, pero está bien. A mí me gustaba la esencia esta de los inicios, del polvo del garaje, de Silicon Valley… Esta idea del origen real, de estar en la batalla y en lo más incipiente.

P: Hablas de la amistad durante toda la novela, no solo las amigas de toda la vida, sino estas personas que encuentra Rita en el camino y que se hacen muy importantes para ella. ¿Cómo quisiste enfocar este tema de la amistad dentro de la novela?

R: Es algo que yo conozco muy bien porque mis amigas y mis amigos son mi religión. Para mí son muy importantes. Cuando te pasa algo así, como me estaba pasando a mí, que de repente escribes y explota, tener a tu gente cerca superfuerte para cuando pasa un tren con tu cara que te puedas reír. Esto es muy importante.

Inevitablemente si hablaba de lo que pasó en el Desastre, hablaba de amistad.

Y si hablaba de amistades nuevas, tenía que hablar de amistades viejas, las de siempre, las históricas, la que no tienes que hacer nada porque solo el hecho de estar con ellas es familia. También me interesaban las amigas de toda la vida porque yo quería hacer esta doble trama entre la Cerdanya y Barcelona. Y al final, sin hacer spoiler, pero de alguna manera se entrelazan las dos casas, todos los amigos. Es algo que creo que todo el mundo conoce. No he sentido nunca tradición, pero sí que hay unos espacios físicos, San Joan por ejemplo, que es una fiesta muy importante y, o estás con unos, o estás con otros. Sí que los puedes mezclar, pero no te apetece. Está esta transición que me interesaba, explorar la amistad.

También hay algo que se puede doble leer, pero toda la gente del Desastre, en ningún momento hablo de su edad. Porque había gente que estaba en los 20, en los 30 y en los 40, y era irrelevante. ¿Por qué a las amistades las tenemos que definir a partir de la edad? Yo tengo a amigos de 63 años y son grandes amigos. Es a nivel de conexiones vitales y ya está. El Desastre era eso. A mí me flipa.

Nace desde muchos puntos de vista, pero ese es uno muy importante. Yo, cuando tenía 20 años, fui a una conferencia de un filósofo y antropólogo que se llamaba Jorge Wagensberg, que habló de cómo Da Vinci daba mucha importancia a las plazas del pueblo. Porque en la plaza del pueblo, tú tienes muchas perspectivas del mismo tema y era fascinante, te enriqueces ya solo por estar allí y escuchar. En cambio, cuando aparecieron las universidades, el punto de vista era más homogéneo, por tanto, menos interesante.

Esto, el Desastre, estas nuevas amistades, es la plaza del pueblo. Tienes una astróloga y tienes un religioso y tienes un supercientífico y tienes una que ha estado rompiendo el negocio familiar, la quinta generación, y el otro que viene de Silicon Valley. No solo son momentos vitales que llegan de todas partes del mundo y supongo que, cuando vienes de una experiencia internacional como yo viví dos años fuera, hay cierta actividad, cierta intensidad variopinta que echas de menos. Yo la encontré allí. Es lo más cercano a viajar.

‘Palomitas de madrugada’ para mí es el gran viaje de mi vida e hice el gran viaje de mi vida a dos esquinas de mi casa.

No tienes por qué cruzar el Atlántico. Lo guay fue que ahora, cuando hice la primera presentación en Barcelona, que fuimos quinientos y cincuenta eran los personajes, después nos fuimos a hacer unas birras y hay cosas que solo puede entender la gente cuando lo has vivido y compartir con la gente que lo has vivido. Era muy evidente que, cuando estábamos todos juntos, de esto que te decía de ser zombis de aquellos años y de todavía estar sorprendidos de lo que vivimos. Porque ahora hay muchos coworkings, pero aquello no tenía ni nombre, no existía el concepto de coworking. Vivir aquello, sentíamos que formábamos parte de algo muy grande y muy trascendente. Y lo fue, lo fue para todos. Independientemente si conseguimos el sueño o no.

Cuando vuelves de un viaje así, te tienes que valer con lo que tienes, con lo que tú has vivido, porque es imposible de explicar.

P: En Palomitas de madrugada hay una historia de amor en la que vemos su evolución y qué es lo que ocurre al final con Rita y Noah, este chico del que se enamora. ¿Cómo quisiste desarrollar esta historia dentro de la novela?

R: No preveía que esta historia de amor iba a ser tan grande. Cuando había empezado a escribirlo, decidí que me voy a enamorar. Me voy a enamorar, voy a poner toda mi artillería y mi maquinaria que yo conozco como persona que se ha enamorado y lo voy a poner.

También nace de que hay una coincidencia importante con esta historia de amor, y yo tuve una coincidencia así. Cuando la viví dije “yo esto lo voy a utilizar en algún momento porque a nivel estructural me parece un impacto”. La coincidencia es muy importante. También me permití mucho volumen de muchas cosas sabiendo el final. Tenía muy claro cuál sería el final. Que, ahora que ya tengo lectoras que se lo han leído, hay varias hipótesis del final y esto me interesa un montón. Quería dejarme ir. Me dejé ir como si fuera una noche de verano eterna. Lo hecho tanto de menos. Me voy a releer el libro porque hecho muchos de menos a los personajes. Me pasó también con Las bragas al sol. Que los llamo, pero me gusta mucho cómo están allí.

Me gusta escribir historias donde te quedarías a vivir, y yo me quedaría a vivir allí para siempre.

Porque es el hecho de las palomitas no es gratuito. Una palomita es el preludio del show, el preludio de la aventura. Todo está a punto de empezar. Ahí está Rita durante toda la novela. Que después lo que se viene es muy guay también, que es lo que estoy viviendo ahora, pero también me interesaba mucho esta historia de amor por la analogía de los sueños, por el proceso creativo, por la gente que lo siente tan intensamente, que necesita perseverar y tener el coraje de perseguirlos. También porque hay mucha gente que al final se da cuenta de que no tiene el talento suficiente para seguir consiguiendo el sueño.

He escrito mucho este libro con Bob Dylan de fondo. Soy una fanática de Bob Dylan y además salió la película A Complete Unknown, y yo me la ponía de fondo a veces mientras escribía, cuando repasaba. Escribo siempre en bares, pero repaso en casa y a veces me ponía la peli de fondo para ambientarme.

Aquella ansia que Bob Dylan tenía, que no podía hacer otra cosa que no fuera ser un músico inmenso, me basé en esto. Por eso, cuando alguno de estos personajes no consiguen sus sueños, pensaba mucho en Bob Dylan si no hubiera podido ser músico, y pensé también la suerte que he tenido he tenido yo de que mi historia haya explotado, que haya funcionado y la pena que tendría tan grande de no poder seguir escribiendo. No pensaba que el luto sería tan inmenso porque solo de imaginarlo lloré un montón.

P: Hablando de esta vocación, al final vemos como en muchos casos no solo hace falta vocación. El talento, la suerte para llegar a donde quieres llegar, son también necesarios.

R: Todas las páginas son la aventura, es el camino que recorrimos, que fue lo realmente apasionante. Obviamente que ojalá todo el mundo que lo intentamos allí hubiera conseguido su sueño. Porque es muy duro. El verano pasado, que estaba todavía escribiendo, fuimos a una carnicería de mi pueblo. Mi hijo tenía cuatro años. Es una carnicería que tiene muchas camisetas de fútbol. Es un tío que tiene dos años más que yo, el que lo lleva, y mi hijo le preguntó “¿por qué hay tantas camisetas de fútbol?” y él le dijo “yo tenía un sueño que era ser jugador de fútbol y yo jugué en Primera División, pero llegó un momento que me di cuenta de que no se iba a cumplir”.

Yo, mientras lo decía, que justo estaba escribiendo esto, pensaba que es muy duro. Tienes que hacer un luto, como tantos lutos hacemos en la vida, de amistades, de amores, de pisos. Él, cómo lo contaba, pensé “es que es esto”. Lo decía con dolor, con resignación, pero también estaba en un lugar feliz, era el negocio de sus padres. Pero los que hemos podido conseguir este triunfar mínimamente, publicar, que tengas lectores con lo tuyo, es una suerte enorme. Hay millones de libros absolutamente fantásticos que por alguna razón no se han alineado los astros, y tienes que tener suerte también. Te lo tienes que currar a muerte obviamente, multiplícalo por mil, pero después necesitas un poco de suerte.

P: Durante la novela, viajamos a muchos lugares como Barcelona, Japón, Atlanta… También vas mucho al pasado, vuelves a presente, cuentas una historia anterior. ¿Cómo hiciste esta estructura?

R: No voy con ningún plano. George Martin dice que hay escritores arquitectos y escritores jardineros. Los arquitectos tienen que tenerlo todo pensado. Yo no tengo edificio, tengo un jardín. Más o menos sé, sigo un poco el viaje del héroe. Un poco estructural, después me cargo algunos pasos, pero para entender el viaje de los personajes hago esto. Después, en cada capítulo digo “en este capítulo va a pasar esto”. Más o menos tengo algo genérico, pero después es apasionante ver como tú eres la primera lectora de la novela porque lo que te sale es nuevo.

Los flashbacks siguen esta tendencia de libertad, lo que me venga. Mientras tenga sentido y la trama vaya avanzando. A lo mejor, el éxito de Las bragas al sol me dieron esta libertad, pero también es que yo hice Las bragas al sol como me daba la gana. Esto yo creo que es verdad. Cuando tu sientes esta verdad, esto traspasa las páginas. Y llega al lector. Por eso, después todo el mundo me preguntaba “después del megaéxito de las bragas, ¿cómo te pones?”. Me pongo igual o más de la emoción de ya ha gustado y mi voz funciona, y voy a seguir aquí.

Agradecida de poder sentarme tranquilamente. Porque si hubiera tenido veintisiete lectores, entonces a lo mejor sí que tienes que cambiar algo. Pero también te digo que no sé si hubiera sabido cambiar algo porque me sale así. Me gustaría poder tener la capacidad o la paciencia de estructurar un poco más, pero no sé si mi mente funciona así. Veo objetivamente los beneficios que tendría poder anticiparme, pero es que a mí lo que más me gusta es escribir y con los dedos voy pensando, voy abriendo camino. A veces me he encontrado algún problema que es como “¿cómo tiro por aquí?, si lo hubiera sabido antes…”, pero también es una manera de trabajar. Porque igual que lo pienso antes, lo pienso después.

P: También me ha parecido muy divertido cuando hablas de esta Barcelona más moderna, con coworkings, con la gente que se pone blusas de su abuela… ¿Cómo quisiste introducir esto en la novela?

R: A mí me pasó cuando entré que pensaba “esta gente es modernísima”. Después te das cuenta de que no, pero el primer impacto de dos o tres personas dije “uh”. Entonces Rita, como quiere integrarse y como nunca queda claro si lo que llevan es de abuela o es moderno, ella probaba. Es una cosa que me hacía gracia de “me voy a poner este outfit a ver si alguien me lo comentan”. Y cuando el megahipster le dice “tú molas mucho” es como ya está, es el mejor día de mi vida. Porque es el hecho de pertenecer a la tribu.

P: ¿Cómo ha sido el proceso creativo de Palomitas de madrugada? ¿Se ha parecido al proceso de Las bragas al sol?

R: El lugar desde donde he escrito, desde libertad y humor, el mismo. Pero sí que es cierto, y me lo he notado y se nota, que he ganado oficio. Así como en Las bragas al sol me cargué ciento cincuenta páginas, aquí no me he cargado nada. Porque ya iba mucho más al grano. He aprendido un montón. Espero que en este aprendizaje no pierda cosas interesantes que mientras aprendía también de alguna manera se quedaron y enriquecieron la novela. Creo que la optimización es la mejor en todos los sentidos.

P: ¿Cómo decidiste el título, Palomitas de madrugada?

R: Después de poner el mejor título que voy a poner nunca, que es Las bragas al sol, no quería buscar un homólogo. Me he pasado tres años escuchando “Los calzoncillos en la sombra”, “Los sostenes mojados”… Es como “por favor, podéis ser un poco más originales”. No buscaba un homólogo real, pero quería que tuviera profundidad. Y el momento en el que Rita se rinde, después de todos estos años que no está escribiendo una novela, porque en realidad está perdida y no sabe qué decir, le da vergüenza cuando la gente le pregunta qué hace con su vida, qué es lo que me pasaba a mí y yo no sabía qué decir porque no tenía trabajo y decía estoy escribiendo una novela”. Hasta que la gente me decía “hace diez años que estás viendo novela”.

En el momento de Palomitas de madrugada es cuando está harta, está cansada y está con una persona que para ella es una amistad muy unidireccional, de estas que solo existes tú y la otra persona, que son maravillosas. Hay cosas que solo se las puedes decir a la otra persona. Además, es una persona muy importante para Rita. Aquel momento es como “ya no puedo más, voy a comerme estas palomitas marranas a las cinco de la mañana porque todo me vale, mientras diga la verdad y me saque este peso que tengo encima”. También es en la mitad de la novela, que en la mitad de las películas, de las historias, todo cambia. Eso me interesaba, y cuando escribí el título, lo sentí, era este.

P: ¿Qué esperas que se lleven los lectores cuando lean Palomitas de madrugada?

R: Quiero que cuando acaben el libro, lo abracen. Y sientan que acaban de vivir un viajazo y que de alguna manera los haya llevado a los sitios donde empezaron a soñar. Que recuperen aquel momento de fue muy bestia. Que de esperanza, independientemente de la edad, y que cada uno tiene sus circunstancias y a veces no te puedes permitir soñar, como le pasaba a la abuela de Rita. Pero que la gente que pueda permitirse ese lujo, adelante.

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