Las marcas estadounidenses encuentran dificultades tras las nuevas políticas arancelarias de Trump, así como inversiones en firmas europeas
American Eagle, Capri, Ralph Lauren, Abercrombie & Fitch y Levi’s declinaron hacer comentarios o señalaron a organizaciones comerciales, como la Federación Nacional de Minoristas (NRF) y la Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado (AAFA), para obtener respuestas. Gap Inc, Tapestry, Nike, Nordstrom, PVH, J Crew, URBN y New Balance no respondieron a una solicitud de comentarios.
Cómo afecta a las casas de moda
La administración debe reconocer que los aranceles impactan significativamente a los minoristas, especialmente a los más pequeños, que no pueden adaptarse rápidamente. Hay preocupaciones sobre cómo esto causará pérdida de empleos y quiebras, reduciendo la confianza del consumidor.
Los aranceles de hasta el 54% obligarán a muchas marcas a subir precios en un 15%. Se sugieren formas de ayudar a los consumidores, como ser transparentes sobre el aumento de precios, aunque hay miedo de molestar a la administración. Algunos países ya han impuesto o amenazado con aranceles en respuesta a las políticas de Trump, como China con un 34% y la UE evaluando gravar importaciones y servicios tecnológicos estadounidenses.
Opciones europeas tras la imposición de aranceles
En vez de zapatillas Nike, Converse o Vans , los consumidores europeos empezaron a optar por alternativas más locales como Superga (Italia), Veja (Francia), Novesta (Eslovaquia) o incluso marcas en auge como Axel Arigato (Suecia) y MoEa, experta en zapatillas veganas diseñadas con desechos orgánicos.
Esto mismo sucedió en la zona del denim. Ante el tradicional vaquero Levi’s, se consolidaron marcas como Pepe Jeans (Reino Unido), Closed (Alemania), Nudie Jeans (Suecia) o Dr. Denim, que lograron establecer una conexión con una generación que persigue la sostenibilidad sin sacrificar el estilo.
En el sector de la moda femenina, diseñadores franceses como Sandro, Maje, Ba&sh o Sézane adquirieron relevancia ante marcas como Calvin Klein o Guess. Su propuesta, que se adapta mejor al gusto europeo y se fabrica en la UE, ayudó a su crecimiento cuando los aranceles hicieron menos competitivos los productos de Estados Unidos.
Además, se observó la transformación en accesorios y bolsos. El incremento en el costo de marcas como Michael Kors o Coach dio paso a opciones como Lancaster (Francia) o Coccinelle (Italia) , que proporcionaban productos de alta calidad, diseño elegante.
En definitiva, lo que comenzó como una guerra comercial terminó por ser un acto involuntario de impulso para la creatividad y la industria europea. Mientras Estados Unidos levanta muros arancelarios, Europa teje una red de marcas más cercanas, conscientes y con sello propio. Porque en la moda —como en la política— no siempre gana quien grita más fuerte, sino quien sabe adaptarse con inteligencia y estilo.


