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Luis Maesso: tacones, revolución y zarzuela

Luis Maesso es uno de los protagonistas del último Proyecto Zarza, una propuesta del INAEM y el Teatro de la Zarzuela para traer de vuelta al género y dar voz a una nueva generación de actores y actrices

El “Proyecto Zarza” nació bajo la premisa de crear una zarzuela para jóvenes hecha por jóvenes. Así fue como conocí a Luis Maesso, encarnando el papel de La Gran Vía en la obra que lleva su nombre. Apenas reconozco al chico que estudia partituras, ensimismado, sentado en la acogedora cafetería de Matadero. Pero es él, la misma Gran Vía que vestía una faldita de Chanel y cantaba pasodobles; los movimientos y la melodía de su voz le delatan.

Este ha sido su cuarto montaje en el Teatro de la Zarzuela, pero el actor lleva formándose en teatro desde los trece años, pasó por las aulas de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) para estudiar teatro musical y se marchó un año a Londres, donde reconoce haber visto el mejor teatro, pero también el peor. Ha participado en proyectos audiovisuales, obras de teatro, musicales, toca la guitarra, es percusionista de un grupo y cofundador de la compañía teatral InDubio. Sin embargo, la zarzuela era también para él un género desconocido, que llegó a su vida casi de forma accidental

Pregunta: ¿Cuál era tu relación con el género antes del “Proyecto Zarza”?

Respuesta: En la RESAD estudié teatro musical porque me gustaba el teatro y la música, pero realmente ni esto ni los musicales han sido nunca mi fascinación. Sé de ópera y sabía de zarzuela por mi padre, que le recuerdo cantando zarzuelillas en la cocina cuando yo era pequeño. Fue a partir del “Proyecto Zarza”, de presentarme a audiciones, que comencé a interesarme realmente por el género.

P: Llegaste al  proyecto gracias a La Revoltosa en 2017.

R: Cuando vi La revoltosa aún estaba estudiando en la RESAD y un amigo lo acababa de dejar para participar en la obra. Cuando fui a ver eso pensé, «esto es increíble». Para mí, La Revoltosa, es el mejor proyecto zarza que se ha hecho, recuerdo verla y pensar que era fascinante porque era joven, fresca, respetuosa con la música y con los temas, un montaje redondo. Si con catorce años hubiese visto eso, una de dos, o volvía o me dedicaba al teatro. Iniciativas como el “Proyecto Zarza» son lo único que pueden hacer que la gente vuelva a interesarse por un género tan denostado como es la zarzuela.

P: ¿Cómo se viven estos montajes desde el lado del actor?

Trabajar en el teatro de la Zarzuela, diría más, en el INAEM, siempre es garantía de tiempo y calidad. Igual a la gente le puede parecer poco tiempo, pero fliparían si supiesen la de cosas que yo y cualquier actor hemos hecho de para mañana tienes que cantar cinco temas y sólo te sabes dos porque los otros tres los cantaste de coña en un restaurante el otro día y el traje lo tienes que llevar tú, además no hay prueba de sonido y no sabes si van a haber cien personas o doscientas. Aquí tenemos el libreto con meses de antelación, así que cuando llegamos al primer ensayo ya te sabes todo, de hecho, en dos semanas de trabajo constante solemos tener toda la obra montada, luego ya es cuestión de pulir. Sí que es verdad que cuando llegamos al teatro tenemos tres días para ensayar con vestuario, caracterización y peluquería, ahí si que decías: ¡hostias! Sobre todo por todos los cambios que hay que hacer durante la función, no te podías relajar.

P: Viniendo del mundo del musical, ¿cuál es la mayor diferencia respecto a la Zarzuela?

R: Es una pregunta difícil, porque el teatro musical es contar una historia con música, con canto y a veces también con bailes, sin embargo, lo que es la lírica que comprende la zarzuela y la ópera, es más bien lo contrario, música teatralizada, lo más importante es la música y la historia es secundario. Pero hay puntos de unión tanto en teatro musical como en la lírica, todo depende de la historia que se cuenta. Para interpretar La Gran Vía, hay que cantar bien, tener voz, pero también tener mucha gracia, hay cosas que tiene que cantar un cantante de lírico y no un actor de teatro musical, por una cuestión de potencia y coloratura en la que un cantante lírico está especializado, pero también hay una exigencia física, de movimientos e interpretación que sólo un actor puede ofrecer. El problema es que los dos carecemos de lo otro.

P: Y también está la dificultad de no ir microfonados.

R: He actuado en salas para tres personas y en teatros para miles de personas, ahí o vas con micro o sin él, en cambio, el Teatro de la Zarzuela es una excepción. No se lleva micro pese a ser un espacio tan grande, es muy difícil y cansa mucho porque hay que llenar todo el espacio con la voz. El actor debe saber llamar la atención para que el teatro cobre silencio y se le oiga, no es solamente hablar fuerte, es captar la atención, meter pausas, mirar, dirigirse a un lado y al otro. Es necesario estar muy implicado, mirando a todas partes, haciendo gestos y dirigiéndose al público para que este no se pierda.

En la versión de «La Gran Vía» adaptada por Enrique Viana para el “Proyecto Zarza” 2025, la zarzuela original se actualiza para reflejar problemáticas contemporáneas de la emblemática avenida madrileña. Personajes alegóricos como la Gentrificación, la Especulación, la Inteligencia Artificial y la Vivienda Turística conviven con figuras clásicas como la legendaria Menegilda y el Caballero de Gracia, dando forma a un sainete que satiriza fenómenos actuales como la contaminación lumínica, acústica y atmosférica, manteniendo el espíritu crítico y humorístico de la obra original.

P: En esta obra interpretas tres personajes, La Gran Vía, una rata y la Calle del Clavel ¿cómo fue el proceso de casting?

R: En las pruebas del “Proyecto Zarza» generalmente siempre se pide un monólogo y una canción o dos. Como actor tienes que saber para que te presentas, que te van a pedir más allá de una zarzuela, se trata de un proyecto para gente joven, tienes que llevar algo fresco y alegre. Este año, para La gran vía, podíamos llevar uno de dos monólogos a elegir, se sobreentendía que el de la Gran Vía iba para chicas, pero aún así lo elegí porque era el que más me gustaba y sabía que al director, Enrique Viana, la cuestión de género le da igual. Sólo dos chicos lo hicimos y a Enrique le gustó la propuesta y me la compró, aunque eso implicase cambiar su idea original de cerrar la obra con el personaje de la Gran Vía cantando un chotis.

P: Algo sorprendente fue que todos los actores ibáis vestidos como mujeres.

R: Una cosa que nos pasó el primer día con Enrique y que a todos nos llamó la atención fue que dijo: «Aquí todos vais de mujeres y con tacones, no quiero nada de pluma, que nadie haga la pluma». Nos quería decir es que no hiciesesmos el ‘maricón’, el cliché afeminado y un poco discriminatorio con las personas gays, ya no estamos en los 80. Viana es un tenor lírico que sabe más de Zarzuela que nadie, con cuarenta años empezó a hacer espectáculos propios que poco a poco han ido derivando en lo que ahora hace, monólogos en los que él interpreta a un personaje que es Enrique, un señor vestido de mujer que se dirige hacia sí mismo como un hombre pero que actúa, habla y hace cosas que son de mujer. A él le da igual, dice «yo soy Enrique y en mis espectáculos hago esto», tiene una pluma que quizá no sea tanto eso como el hecho de ser un hombre que se ha criado con mujeres. No habla ni deja de hablar de su vida privada, él performa su género de esta manera.

P: Los montajes de Zarza van dirigidos a jóvenes como vosotros, el elenco. En este sentido, ¿tenéis oportunidad de intervenir en el texto de la obra?

R: No, de hecho en mi monólogo Enrique me corregía hasta el orden de las palabras en enumeraciones. Me dirigió mucho el cuerpo, cómo quería cada gesto, incluso las pausas que tenían que durar un tiempo exacto. Otros directores priman la idea, pero Enrique no, así que mi desafío personal con este personaje era no hacer lo que Enrique haría. Creo conocerle y saber qué es lo que quiere después de haber trabajado con él, había momentos en los que yo mismo me sonaba a Enrique, así que buscaba crear un personaje diferente.

P: Alguna vez has dicho que el “Proyecto Zarza” es lo que te hubiera gustado ver a tí.

R: De pequeño recuerdo que lo único bueno de ir al teatro era perderme el cole. Me gustaban las clases de actuación , ir a un monólogo o un musical, pero con el instituto no porque sabía que lo que iba a ver iba a ser un rollo. La Verbena de la Paloma, éramos chicos jóvenes hablando de nuestros problemas, del amor, los celos… Esto generaba muchas discrepancias, en los coloquios, había gente que decía «Es la primera vez que vengo a la Zarzuela y habla de mí», aunque también la había que se levantaba del teatro y se marchaba porque decían que aquello era un insulto.

P: ¿El público de la Zarzuela es especialmente exigente?

R: Es un público más conservador que otros, no sólo en un ámbito político, sino que es gente mayor que quiere ver la Zarzuela que ellos recuerdan de cuando eran jóvenes, en cuanto ven un cambio ya piensan que hemos estropeado la obra. La mayoría de las obras de zarzuela se les cambia poco, hay chistes que llevan haciéndose igual desde que se estrenó la obra, el caso de La Gran Vía es diferente. Del texto original de 1886 no queda nada, Enrique Viana es una persona muy culta y muy posicionada en la actualidad a nivel social y político, sus palabras son muy contemporáneas, quería hablar de los problemas de hoy en día. Montajes más convencionales como Agua, Azucarillos y Aguardiente no han sido criticados a muerte, pero tampoco han conseguido que alguien se vea identificado con ellos.

P: Y a nivel personal, ¿cómo es ser artista?

R: Antes de entrar a la RESAD yo iba a la universidad y vivía ese proceso como un trámite, igual que cuando iba al instituto. De pronto, cuando me propusieron entrar y estudiar arte dramático, todo me parecía increíble. Es una pasión, pero es un oficio muy precario en el que un año tienes mucho trabajo y te va muy bien y al siguiente no. El 86% de las personas que están dadas de alta como actores se encuentran de baja, yo mismo trabajo de actor pero también como instructor de fitness. Muy malo tiene que ser el proyecto para que yo no lo quiera hacer, aunque con los años me he vuelto selectivo. El teatro es como ser futbolista para mí, que la gente te vitoree por salir a hacer algo que te encanta y que la gente disfrute contigo y te dé las gracias.

P:¿De qué forma se gestiona esta inestabilidad?

R: Estamos todos con terapia, ansiedad, antidepresivos… Lo mejor que te puede pasar es entrar en proyectos del INAEM como el proyecto Joven del clásico, que te dan estabilidad. Otra cosa que también va muy bien son los musicales, pero son audiciones durísimas que te miden desde cuánto te tiembla la voz hasta qué tan guapo eres o cómo de rizado tienes el pelo. Y luego está el  hecho de que un musical que vaya bien puede estar cinco años, como personaje secundario estás muy tranquilo, pero como protagonista vives una exposición brutal a nivel de medios y vocal que quema mucho psicológicamente.

P: ¿Qué pasa si no te escogen?

R:Te lo replanteas todo, si les caerás mal o si será por perfiles. He estado fuera de 3 producciones Zarza, este año me han cogido, pero no sé si volveré el año que viene. Es un trabajo psicológico muy duro de autovalidación y decirte que no pasa nada si no sale algo bien. Además, es algo que nunca te va a dejar de importar porque nunca se acaba.

P:¿En qué podremos verte próximamente o qué te gustaría hacer?

En junio tengo unos bolos de una obra que presentamos en el festival de Mérida del año pasado, Casandra o el elogio del fracaso y con mi compañera de InDubio vamos a intentar conseguir una residencia de teatro en Valladolid. En estos momentos de incertidumbre y parón uno siempre intenta hacer cosas, estudiar casting, grabar escenas para promoción actoral o cosas así. Me gustaría trabajar en algo que me guste y que tenga buenas condiciones materiales, y dentro de esto cabe todo tipo de propuestas, teatro, cine… No me cierro a nada.

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