Más de dos horas de música, invitados, homenajes y emoción certifican que el legado de Er Migue sigue más vivo que nunca sobre los escenarios.
No era un concierto cualquiera y el público lo sabía antes incluso de que se apagaran las luces y sonaran las primeras notas. 15 años después de despedirse de los escenarios, Los Delinqüentes regresaron a Cádiz con la gira del 25 aniversario de El sentimiento garrapatero que nos traen las flores. Un disco que marcó a toda una generación y convirtió a tres jóvenes de Jerez en referentes de una manera distinta de entender la música y la vida. Las más de dos horas de música en el Cádiz Music Stadium fue mucho más que un repaso a sus grandes éxitos: fue una celebración de la amistad, la música y la memoria compartida.
La celebración de Los Delinqüentes
Quedó claro desde el inicio que el gran protagonista de la noche era también la gran ausencia. Miguel Ángel Benítez, Er Migue, apareció una y otra vez sobre las pantallas mediante recreaciones audiovisuales que acompañaron al espectáculo con sensibilidad y realismo. Mucha emoción entre los asistentes, pero también entre sus compañeros. Marcos del Ojo, El Canijo de Jerez, y Diego Pozo, El Ratón, entregados totalmente, pidieron al público que hiciera vibrar el estadio en su homenaje.
Si algo caracteriza a Los Delinquentes es su capacidad para pasar de la nostalgia a la fiesta sin perder autenticidad. Bastaron unos acordes para que el Cádiz Music Stadium se transformara en una enorme reunión de amigos. Hubo pocos móviles levantados y muchas manos marcando el compás, palmas y gargantas cantando prácticamente cada estrofa. La complicidad entre El Canijo y El Ratón, junto al público, reforzó esa sensación de pertenencia a una misma familia.
El fin de una rivalidad
La conexión entre Cádiz y Jerez fue otro de los grandes hilos conductores de la noche. Entre referencias al carnaval, al futbol, las zambombas y a las tortillitas de camarones, la banda reivindicó una identidad compartida, alejada de cualquier rivalidad. Los guiños constantes a la cultura gaditana fueron recibidos con el mismo entusiasmo, confirmando que el universo garrapatero se siente como en casa en la Bahía.
El escenario también se abrió para recibir a compañeros de viaje. Tomasito volvió a demostrar su energía inagotable. Paco Lara aportó la elegancia de una de las figuras imprescindibles del sonido garrapatero. Con las pataitas de Pepe El Caja. Las apariciones de El Selu de Cádiz y la chirigota de El Airon terminaron de fundir el concierto con el espíritu del Carnaval de Cádiz. Todo con total naturalidad, como si nadie hubiera sido invitado porque, en realidad, todos formaban parte de la misma familia.
«Cádiz para los gaditanos»
Entre tanta celebración también hubo espacio para mirar a la realidad. “Cádiz se vende”. Ese fue el mensaje que la banda lanzó para denunciar las dificultades de acceso a la vivienda en la ciudad. Un pequeño cartel y una reivindicación breve, pero lo suficientemente contundente que conectó de inmediato.
El desenlace volvió a llevar la mirada hacia Migue Benítez. El Canijo, con la camiseta histórica del Jerez Deportivo, y El Ratón con la camiseta del Cádiz CF, fundidos en un abrazo bajo una fotografía de los tres integrantes originales de Los Delinquentes. Una imagen sencilla, pero suficiente para resumir el sentido de la gira. El grupo ha logrado mantenerse vivo con el paso del tiempo, y también esa filosofía despreocupada y libre bautizada como el “sentimiento garrapatero”.
La despedida, al más puro estilo de las bulerías de Jerez, puso el broche a una noche difícil de olvidar. Más de dos horas después de su inicio, nadie parecía marcharse del CMS con la sensación de haber asistido únicamente a un concierto. Una reunión de viejos y nuevos amigos, un homenaje a quienes ya no están, y una demostración de cómo tres jóvenes jerezanos de 20 años han trascendido de los escenarios para convertirse en memoria colectiva. Ellos son Los Delinqüentes.


