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Amalia Ortega, artista: “Lo doméstico se ha infravalorado por su asociación con lo femenino e invisible”

Hasta el 16 de abril está disponible la exposición Altares Domésticos en la Galería Zunino

Hay lugares que habitamos a diario sin llegar nunca a verlos del todo. Rincones donde se acumulan jarrones de barro, flores secas, mantelería hecha a mano o bandejas de cobre. Piezas inmortales que muestran el peso de los recuerdos. Donde los objetos no son solo objetos, sino que han dejado una huella emocional en nuestra vida.

Para la artista sevillana Amalia Ortega, nada de esto es simple decoración o consumo. Son, en realidad, los cimientos de la intimidad. En su última exposición, Altares Domésticos, Ortega reivindica el papel del hogar como algo más que una casa con tareas repetitivas. La muestra como el escenario donde ocurren el afecto, la pérdida y el transcurso silencioso del tiempo, es decir, la vida.

La obra de la artista sevillana propone huir de la era digital y parar, reflexionar y contemplar. Este ejercicio de resistencia se refleja en sus pinturas, que actúan como espejos de una memoria colectiva. Elevando lo cotidiano y ordinario a lo más especial, Ortega desafía las jerarquías del arte, recordando que lo sagrado no siempre se encuentra en las catedrales. También hay un pedacito en cada mesa, en cada casa. Amalia nos invita a detenernos, mirar de cerca y a preguntarnos qué objetos de nuestra vida guardan en silencio nuestra propia historia.

La intimidad doméstica de Amalia Ortega

Pregunta: ¿Qué tipo de relación tienes con los objetos que aparecen en tu obra: son recuerdos, presencias, reliquias, historia?

Respuesta: Muchos de los objetos que aparecen en mi obra vienen de una memoria muy concreta, que forma parte de mi biografía. Sin embargo, otros son objetos encontrados, que de alguna manera activan en mí una sensación o una memoria difusa. Me interesa ese punto en el que dejan de ser cosas funcionales para convertirse en depositarios de tiempo, de afecto, de ausencia.

P: Altares domésticos es un título muy sugerente: mezcla lo íntimo con lo ritual. ¿Cuándo aparece esa idea de “altar” en tu imaginario y qué significa para ti en esta exposición?

R: La idea de altar aparece en el momento en que soy consciente de que hay objetos que se disponen de una determinada manera, de un modo ritual, para constituir una especie de ofrenda. Una ofrenda que se dispone sobre un espacio humilde, pero adornado, vestido para darle dignidad. El gesto de ordenar los objetos con cierta intención, aunque no sea consciente, de depositar algo sobre una mesa con amor.

P: En esta muestra, conviertes lo cotidiano en algo casi sagrado. ¿Crees que lo doméstico está infravalorado como territorio artístico?

R: Sí, creo que lo doméstico ha sido históricamente relegado, quizá por su asociación con lo femenino, con lo invisible, con lo que no forma parte del relato oficial. Sin embargo, es en lo doméstico donde ocurren todas las grandes cosas: el nacimiento, la muerte, el paso del tiempo, la pérdida, el afecto, el amor. Mi trabajo intenta eliminar las jerarquías entre lo oficialmente importante y lo que no lo es.

Cotidianidad e idealismo

P: ¿Qué fue lo primero: el concepto de “altar doméstico” o la aparición de ciertos objetos y escenas que pedían ser pintados?

R: Diría que fueron primero los objetos, su memoria, y los espacios que ocupan. Con el tiempo, al verlos reunidos, entendí que había algo ritual en esa acumulación, en esa forma de disponerlos. El concepto de “altar doméstico” llegó después, como una manera de nombrar el hilo conductor entre mis obras.

P: ¿Qué esperas de esta exposición?

R: Espero dar a conocer mi peculiar manera de entender la pintura, mi mirada hacia lo cotidiano. Me gustaría ayudar al espectador a detenerse, a conectar con el tiempo contenido que es el de la pintura, con ese instante eterno, frente a las imágenes rápidas de los entornos digitales. Me gustaría que quien vea la exposición se detenga un poco más de lo habitual, que mire de cerca, que reconozca algo propio en esos objetos o en esas escenas.

P: ¿Cuánto de memoria personal de Amalia y cuánto de memoria colectiva tiene la exposición?

R: Hay una base de memoria personal, inevitable, pero no me interesa que mi obra sea leída desde lo autobiográfico. Aspiro a que esas imágenes activen también una memoria compartida, algo que nos pertenece a todos.

Un altar desde dentro

P: ¿Cómo ha sido el diálogo con el espacio expositivo? ¿Te interesa que la exposición funcione como un recorrido narrativo o como una suma de piezas autónomas?

R: La exposición no está concebida como un recorrido narrativo, sino más bien como una constelación: cada pieza tiene su autonomía, pero también establece relaciones con el resto, como escenas que dialogan en voz baja.

P: ¿Qué papel juega el tiempo en tus obras?

R: Juega un doble papel: como tiempo invertido en el proceso, ya que son obras muy elaboradas, muy minuciosas, cuyo propio desarrollo se asemeja a una oración, a un mantra, a una meditación.

Por otro lado, me interesa especialmente el tiempo detenido, ese momento en el que algo parece suspendido. La pintura, en ese sentido, tiene una capacidad muy particular para condensar el tiempo.

P: Mirando tu trayectoria, tu obra ha transitado por distintos medios (pintura, fotografía, vídeo, obra gráfica). ¿Qué te ha dado cada uno y por qué en esta exposición la pintura parece ocupar un lugar tan central?

R: Cada medio me ha permitido acercarme a las imágenes de maneras distintas. Habitualmente he elegido el medio que consideraba adecuado para cada proyecto, para contar lo que quería contar en cada momento. En la actualidad, la pintura me parece el medio más adecuado para expresar las ideas que me interesan.

P: ¿Sientes que Altares Domésticos es una continuidad natural de tus trabajos anteriores o un punto de giro?

R: Creo que he llegado a este punto creativo de un modo muy fluido y acorde con mis creaciones anteriores. Quizá aquí hay una mayor depuración, una reducción de elementos, una atención más insistente en ciertos motivos. También es, de alguna manera, una vuelta al origen, ya que mis primeras exposiciones fueron de pintura.

De lo profesional a lo personal

P: En tu carrera has mantenido un interés por lo íntimo y lo simbólico. ¿Qué obsesiones se repiten en tu obra y por qué crees que vuelves a ellas?

R: Vuelvo una y otra vez a lo íntimo, a lo doméstico, a lo femenino, a lo que de algún modo conecta con mi infancia y mis recuerdos, al pequeño relato. Supongo que son temas que no se agotan, que siempre se renuevan y que me interesa seguir habitando desde distintos lugares.

P: Además de tu producción artística, eres profesora. ¿Qué te aporta la docencia a tu práctica creativa y qué te exige en términos de tiempo y energía?

R: La docencia me obliga a reflexionar y verbalizar cosas que a veces son intuitivas. Me obliga también a conocer la obra de otros artistas, a indagar en cuestiones y temas interesantes para mí. Eso es muy valioso, ya que me pone en contacto con otras miradas, con otras formas de entender la práctica artística. Pero, al mismo tiempo, exige mucho tiempo, por lo que es difícil mantener el equilibrio adecuado entre dar y preservar un espacio propio de trabajo.

P: Después de esta exposición, ¿hacia dónde sientes que se dirige tu trabajo? ¿Hay un nuevo tema o una nueva necesidad que esté apareciendo?

R: Siento que estos temas aún no están agotados, por lo que seguiré profundizando en ellos, con otras composiciones y otros planteamientos. Lo que sí va ganando terreno en mis altares son las plantas y las flores en diálogo con la cerámica. Tengo mucho que hacer aún en ese campo.

P: Y para terminar: si el espectador saliera de la galería con una sola pregunta, una enseñanza o un pensamiento en la cabeza, ¿cuál te gustaría que fuera?

R: Me gustaría que el espectador saliera con unas preguntas muy simples: ¿qué objetos de mi vida están cargados de sentido para mí?, ¿qué recuerdos y sensaciones despiertan en mí?, ¿cuánta atención dedico realmente a los pequeños detalles del día a día y cuánta felicidad me aporta el simple hecho de observarlos?

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