El claro ejemplo de una obra contemporánea que viene a romper los patrones tradicionales del teatro para sumergirnos de lleno en una nueva realidad teatral
La obra, estrenada en Nave 73, retrata el aislamiento de las cinco hermanas, que eligen vivir fuera de la sociedad para buscar su libertad.
En 90 minutos que dura la obra de teatro, el equipo consigue que el público llore al entender la realidad, se ría del absurdo y quiera luchar. Una obra reivindicativa, que desde la base de los westerns clásicos, consigue encogerle el corazón a todo el que lo vea.
El esfuerzo técnico
La unión de cada uno de los departamentos en esta obra, hace que logren alcanzar una simbiosis teatral preciosa de ver. Conseguir generar el espacio perfecto para ensalzar el trabajo de las actrices y crear el lugar seguro para las cinco hermanas, no debe haber sido trabajo sencillo.
La coreografía, por Amanda Nóbrega, es una de las cosas que más llama la atención. La sutileza y la fuerza que provoca, es majestuoso de ver. Conseguir encajar en una historia un baile, una dinámica de movimiento en grupo, no es sencillo. Y en esta obra, se introduce en diversas ocasiones, aportando un dinamismo super potente.

El espacio sonoro, por Esther Toledo, es otro de los fuertes. Consigue adentrarte en la realidad de las 5 hermanas y en su aislamiento. Además de acompañar la personalidad de todas y crear un hilo argumental sonoro perfecto.
En cuanto a la escenografía y la iluminación, son la combinación perfecta. Esta primera por Claudia Villoria y Pablo Orteu, y esta segunda por Itxaso Larrinaga y Oriol Pamies. Ya nada más entrar a Nave 73, el público se queda curioso mirando la escenografía. Realmente se siente como acabar de entrar a un western clásico. Y después, con el paso de los minutos y los movimientos de luces, es imposible no apreciar el trabajo que todo eso conlleva. Ambos dos departamentos, envuelven a las actrices y a la historia, creando una ambientación maravillosa.
En cuanto al diseño gráfico por Alberto Zárate Telidji y la fotografía por Marta Oltra, Álvaro García y Alberto Zárate, ya se reconfirma las muchas ganas que los profesionales tienen de sacar proyectos con tanto valor social hacia delante. Y más, uniendo las nuevas técnicas del teatro como es añadir audiovisuales dentro de la propia obra, para aportar un valor más.
Entre todos logran hacer que el público disfrute de cada uno de los 90 minutos, y que en cuanto se apagan las luces, cada uno de los espectadores se levante de su silla para aplaudir. Sin duda, todos ellos, se merecen un gran aplauso.
La historia y sus personajes
Angélica Moyano ha creado a 5 hermanas perfectamente imperfectas para romper los patrones del western clásico y contar así una historia desgarradora y real. Ella es la dramaturga, la directora y además una de las actrices que le da voz y cuerpo a una de las hermanas.
«Tanto en forma y contenido la obra es coherente, porque se ve a un grupo de mujeres en ficción que se apoya y se escucha, y en la realidad ha sido también así.» – Angélica Moyano
Junto a ella, Paula Gironi, Amanda Nóbrega, Claudia Villoria y Natalia Zamora. Sin duda, pocas dinámicas son tan cautivadoras como la de las hermanas. La química de estas cinco actrices, donde además se combina la interpretación tradicional con nuevos patrones como el baile, el canto o la poética, llega al corazón de los espectadores.

La obra retrata el aislamiento de las cinco hermanas, que eligen vivir fuera de la sociedad para buscar su libertad. ¿Cómo se consigue que espectador entre en la historia? Primero, creando un espacio seguro, que como tanto Angélica Moyano como Claudia Villoria contaron en la entrevista, ellas lo hicieron creando una comunicación horizontal entre directora y actrices.
Además, con un guion y un trabajo espléndido. Las hermanas son divertidas, frescas, carismáticas, tienen miedo y dudas, se cuestionan a sí mismas y al mundo en el que viven. La creación de personajes, la sincronía de las hermanas y la pasión de las actrices, hacen de esta obra una ventana al futuro. Tanto por esto, como por su mensaje, creo que queda ya constancia de la potencia de todas las artistas involucradas.
Esta es otra ventana que se abre en el teatro español. Desde el arte se pueden cambiar las cosas, se puede educar y se pueden enseñar realidades a ratos olvidadas. Una obra que ojalá sea el ejemplo para nuevas generaciones para explorar caminos de conciencia social.


