Pepitas recupera la novela El pisito, base del emblemático largometraje homónimo y muestra de la inventiva inigualable del gran Rafael Azcona
La habitual agudeza de Azcona empapa El pisito, una novela inmortal que supone solamente una pequeña parte de su brillante legado.
«Ya nos vamos acostumbrando a que -con mayor o menor fortuna, con mayor o menos grado de repercusión- la cultura española se acuerde de sus creadores a golpe de centenario», expresa el editor de Pepitas Julián Lacalle ante la última víctima de este lamentable fenómeno, el prolífico guionista Rafael Azcona. Con motivo de tan rotundo aniversario del responsable de clásicos de nuestro cine como Plácido, El verdugo, La vaquilla, El cochecito, La lengua de las mariposas o Belle Époque, la editorial logroñesa arguye que qué menos merece un genio como Azcona que ofrecer la oportunidad de redescubrir sus facetas de novelista y poeta, tanto tiempo a la sombra de su obra cinematográfica.
Una novela como El pisito encapsula la esencia de la lucidez de Azcona a la perfección, única por su ácida fusión de costumbrismo, picaresca y esperpento. De esta forma, personajes emblemáticos son desdibujados por una situación aparentemente surrealista en la que siempre asoma la cruda realidad. Es así una obra maestra de la sátira y denuncia social que, a pesar del abismo de años que la separan del tiempo presente, habla a las nuevas generaciones de un problema que conoce bien: la perenne crisis de la vivienda.
Redescubriendo El pisito
Publicada en 1957, El pisito sigue a Rodolfo y Petrita, una pareja que llevan 14 años esperando para conseguir una casa y finalmente casarse. La entrañable anciana que realquila la habitación en la que vive el protagonista quiere traspasarle el confortable piso cuando finalmente fallezca. No obstante, las amenazas del propietario de vender la casa por sus problemas de salud llevará a la pareja a tomar una medida desesperada. Así, deben recurrir al matrimonio con la anciana para poder heredar la propiedad.
Con una estilo austero y afilado, y una trama tanto cómica como desgarradora, Azcona ilustra las desgraciadas vidas de sus personajes, arruinadas por el sacrificio de la juventud, el estancamiento en sus trabajos y el conformismo en su pareja. Se trata de esta forma de una historia agridulce que cobraría vida bajo las lentes neorrealistas de Marco Ferreri dos años después. Se convertiría así instantáneamente en un hito cinematográfico eterno e iniciaría la célebre carrera como guionista del autor.

La cinta es la perfecta adaptación de este observador análisis de la miseria de la sociedad española. Memorable es la escena de un niño pequeño sentado en un orinal sobre la mesa en la que Petrita y su hermana preparan la comida, una demostración de las paupérrimas condiciones de vida a la que están abocados a vivir a los personajes. Su impaciente necesidad por hacerse con una casa en la que vivir dignamente es alarmantemente similar a las demandas de la clase media del siglo XXI, haciendo así de El pisito no solo un análisis de su tiempo, sino también un escaparate de problemas que perviven décadas después.
Acerca de Rafael Azcona
Es innegable que Rafael Azcona es uno de los guionistas españoles más célebres de la historia del cine. Nacido en Logroño en 1926, el autor se trasladó con 25 años a la capital, donde comenzó a trabajar en la revista satírica La Codorniz. El pisito supone su primer éxito cinematográfico y colaboración con el director Marco Ferreri, al que seguiría El cochecito. Recogió siete premios Goya, trabajó con Luis García Berlanga, José Luis Cuerda, Carlos Saura o Fernando Trueba. Sin embargo, también cosechó un importante corpus literario. La editorial Pepitas ha rescatado algunas de sus obras más notables como El pisito, Los muertos no se tocan, nene o El repelente niño Vicente.


