¿Tráiler de un conflicto armado u otro episodio de Guerra Fría?
Cuando Dominique La Pierre relataba el fin del bloque soviético en Érase una vez la URSS, no parecía augurio de nuevos conflictos, y menos armados… Ello nos hace reflexionar nuevamente, de cuán frágiles son las sociedades pacíficas.
Hoy, es Ucrania quien la ve amenazada, el país fronterizo de los grandes imperios.
Caído el muro hace ya más de 30 años, comienza 2022 con un aluvión escalofriante de titulares, casi a diario, de las necesarias negociaciones diplomáticas entre OTAN (liderado por Estados Unidos), Ucrania y Rusia.
¿Negociaciones? El Kremlin amenaza de una posible invasión armada a un país descaradamente vulnerable. Para ello coloca desde diciembre, ya contabilizados, unos 170.000 militares, algo más de ¼ de la totalidad de sus tropas, en su frontera con Ucrania.
Entendamos el conflicto: Ucrania, un país con fronteras de juguete
Las fronteras de “La puerta de Europa” según algunos historiadores, nunca han sido debidamente respetadas. De hecho, han sido tradicionalmente fruto de antojo de la potencia de turno a la que le apetece dominar el territorio. A lo largo de los siglos, han tenido lugar tramas épicas a la par que dramáticas: nacimiento y destrucción de civilizaciones, mestizaje….
Por hablar sólo del siglo XX, tras un pequeño período de independencia entre 1917-1921 en el que junto a los polacos, los ucranianos consiguieron frenar el avance comunista hacia el Oeste y acabar con las tropas bolcheviques rusas cerca de Varsovia, Polonia resistió como país independiente, pero Ucrania nuevamente fue reconquistada por sus vecinos del este.
Hasta 1991, los ucranianos vivieron bajo el poder del régimen totalitario comunista como parte de la URSS. Tras 70 años de rusificación, nace una nación independiente, ansiosa por consolidar los cimientos de una identidad propia.
Dicho esto, hay que señalar que el interés de la actual Rusia es solo de carácter geopolítico y estratégico. Ucrania, el «granero de Europa», no acumula, exceptuando el cultivo de cereales en sus extensas estepas, excesiva riqueza, ni recursos industriales.
En contraste, sí es un claro puente entre la Europa Occidental, que hoy se extiende hasta las fronteras este de Hungría y Polonia, y la Europa Oriental representada hoy sólo por Rusia.
¿Un Putin decepcionado?

Hay algo en el discurso de Putin que no desprecia a la verdad, aunque con matices. En 1990 la OTAN acepta fijar una línea roja: no extenderse más allá de los países que la formaban al caer el Telón de Acero. Sin embargo, varios países como Polonia, Lituania, Letonia y Estonia de Europa central y oriental, que formaban parte de la Unión Soviética, o de su esfera de influencia, se han unido a la Alianza Atlántica a lo largo de estos años. Ello ha desplazado su frontera hacia el Este.
No hablamos de una humilde expansión. La OTAN, ha duplicado su tamaño y actualmente domina todos los países de la frontera con Rusia, salvo Georgia y Ucrania. Por ello, si se adhiriera esta última, Moscú se quedaría a escasos quinientos kilómetros de la frontera con la OTAN.
Ergo, si Ucrania se une a este tratado de defensa mutua, constituiría “EL” precedente para encender la llama de Rusia. Supondría jugar una carta que Putin no está dispuesto a aceptar, pues arguye que se trata de “el patio trasero de Rusia, determinante para su seguridad”.
Asimismo, se suma un componente sentimental que supone una herida para Rusia con posibilidad de perpetuarse. Kiev, fue la antigua capital de la Rusia de los siglos IX al XIII, “Rus de Kiev”.
Sin embargo, lo que Putin no cuenta, es que quizás estas anexiones y amiguismos recientes entre países, no han sido solo buscados por la OTAN, sino por los propios ex miembros de la URSS. Anexiones altamente incentivadas por la ocupación militar de Crimea en 2014, una lesión que ha marcado el devenir de un movimiento pro europeo a lo largo y ancho del país.
Península de Crimea, tensiones desde 2014
Ucrania lucha, contra los separatistas pro rusos en la región del Donbás por Crimea, que desde 2014, es de soberanía rusa tras su invasión sin prácticamente resistencia ni intervención de ningún otro país. Apoyados siempre por Rusia armamentísticamente, los separatistas consiguieron que el territorio crimeo, pasara a ser ruso con un referéndum considerado ilegal por la Comunidad Internacional.
Crimea, la joya de la corona
Situada al norte del Mar Negro, Crimea había sido anexionada por el Imperio Ruso en el en el siglo XVIII, pero era una histórica reclamación ucraniana.
Sorprendió, sin embargo, que en 1954 el entonces líder de la Unión Soviética Nikita Jrushchov, cediera a esta reclamación ucraniana y dejara que esta formara parte del país ucraniano, pero siempre bajo el manto común soviético.
En 1991 con la caída URSS, y Ucrania independiente, ésta mantuvo buena sintonía con el Kremlin con gobiernos pro rusos al poder que en modo alguno, inquietaban al vecino ruso.
En cambio, todo se va a pique cuando comienzan acercamientos de los ucranianos con la Unión Europea, con la que formaliza acuerdos oficiales de asociación en 2012. Así, se acrecienta tensión con una Rusia celosa, y de la nada, el presidente pro ruso, Viktor Yanukovich, frena todo lo firmado en 2013.
Esto provoca la reacción de la mayoría de los ucranianos, dando lugar al movimiento denominado Euromaidán, de talante nacionalista, derechista, y europeísta. Comienzan así una serie de revueltas que además de cobrarse la vida de más de cien personas, derrocan al gobierno ucraniano con la huida de su presidente.
Se suman incluso, acontecimientos que perturban aun más el conflicto: el ataque al avión Malaysia Airlines por un misil de fabricación rusa en territorio ucraniano (del que nadie se hace responsable), o la expulsión de Rusia del G8.

Armas de Rusia
- Gas Nord Stream 2 y Europa
Berlín y Moscú, comparten numerosos acuerdos económicos y lazos históricos de amor – odio. Actualmente Europa es enormemente dependiente del gas ruso, dependencia que se extiende a prácticamente todo el norte del continente europeo.
Durante semanas, la canciller alemana ha tratado de no hacer referencia al Nord Stream 2 (un segundo gaseoducto más al sur del actualmente existente, que traerá el gas ruso en mayor volumen a toda Europa).
Es un asunto que se ha tratado de sortear continuamente. Por su parte, Joe Biden asegura que el proyecto se detendría en caso de que Rusia inicie otra agresión militar a Ucrania. No es casualidad. EE. UU. también que quiere vender gas a Europa, oponiéndose desde el principio al gasoducto porque, argumenta, aumentará la dependencia de Europa respecto de Moscú.
- Otras armas clave
Conviene mencionar, la creciente capacidad militar rusa, el fortalecimiento de su divisa, y los acercamientos con China, consecuencia de una claro deseo por parte de las autoridades rusas de recuperar su estatus de gran potencia, sin o perdido, bastante depauperado tras la caída del URSS.
Putin, desde su llegada en el año 2000, ha desarrollado una política dirigida a obtener una posición ventajosa internacionalmente: ha destinado grandes inversiones en equipaje militar y entrenamiento de soldados.
Por otro lado, la cabeza de Rusia Unida (partido en el que se sustenta el poder político de Putin tras prácticamente eliminar toda oposición), no se ha privado de contactos con el presidente chino Xi Jinping, lo que conlleva un acercamiento interesado con China, la superpotencia que amenaza con quitar a EE. UU. la condición de primera potencia económica y militar.
¿Qué puede pasar?
Todo lo mencionado, desemboca en una actitud empoderada por parte de Rusia. Tras la anexión sin oposición de Crimea, su aumentado potencial militar, económico y político, resultan en una creciente animosidad frente a una nueva expansión de la frontera del denominado bloque Occidental formado por la Unión Europea y la Alianza Atlántica.
Pese a que la posición adoptada por Rusia pueda parecer intimidante, resulta cuestionable pensar que esta actitud hostil sea realmente decisiva sobre lo que podría pasar, pues sigue teniendo como bando antagónico potencias mundiales también fuertes en combate.
En un conflicto así, todos tienen algo que perder, pero siempre mucho poder que demostrar:
Estados Unidos, que no quiere bajo ningún concepto, ceder terreno ante una posible alianza ruso – china, y sobre todo, que otros, llámese la Unión Europea, no incrementen sus lazos con este bloque.
Se intuye, sin embargo, que Biden no va a responder y en todo caso buscaría traer mercenarios e incomodar la posición rusa. El presidente de la Casa Blanca afirmaba ayer mismo, que Rusia ya ha puesto en marcha su plan de invadir Ucrania y le ha ofrecido a Vladimir Putin una reunión urgente para que frene el sospechado inicio de ataque.
La OTAN en conjunto, que cada día se presenta más dividida en la gestión del conflicto, entre otras causas, porque Francia o Alemania no quieren renunciar a sus negocios de gas y no dudan en tachar de la lista de objetivos a Ucrania.
Asimismo, se prevé que la OTAN no entraría en guerra armada ya que Ucrania no es parte de la organización. Pero, sí seguiría facilitando armamento y apoyo logístico a Ucrania, aparte de reforzar su frontera Este con el envío de tropas y equipos militares a los países fronterizos, desde Lituania hasta Bulgaria.
Rusia, a la que no le tiembla el pulso en poner al límite la situación, y mucho menos la de desmembrar o desestabilizar Ucrania y sus fronteras. Desde diciembre, no ha cesado en extender ejercicios militares y en hacer maniobras conjuntas con su aliado Bielorrusia.
Y como no, la voz ignorada de Ucrania que vuelve a ser ninguneada una vez más en la historia.
El problema real, es que el ego de ambos imperios supera lo moral y desprecia lo especial de las naciones, que es la identidad y cultura que nace y evoluciona con el trascurso del tiempo.
Las ansias expansionistas y la necesidad de poderío solo resultan, como siempre, en vidas perdidas y cientos de miles de afectados constantemente. Los países no dejan de alertar a sus nacionales de la necesidad de huida de las fronteras por la tensión presente. Los ciudadanos que han emigrado superan ya el millón y medio.
Entonces… ¿Hay buenos o malos? Ahora mismo es difícil de determinar, pero lo que es fácilmente determinable es que Ucrania no tiene la culpa. Solo es espectadora, como siempre, de un torneo de potencias mundiales que juegan a establecer gobiernos afines egoístamente.


