Según canta Sade en Pearls, hay una mujer en Somalia que es como tú, pero vive una vida que no ha elegido
En la película Superempollonas (2019), de Olivia Wilder, las protagonistas son dos chicas muy estudiosas que toman como referente a Malala Yousafzai, una activista ganadora del premio Nobel de la paz de origen paquistaní que le plantó cara a los talibanes porque quería seguir yendo a la escuela, y que desencadenó un movimiento por la educación de las niñas en todo el mundo.
Un acto tan simple como es el ir a clase resulta a veces ser un privilegio. Lo que para nosotras supone una parte más del día a día —e incluso una tarea pesada— para otras mujeres en el mundo es un sueño que están muy lejos de cumplir. Y aunque parece evidente que debemos luchar por los derechos de las mujeres en todo el mundo, en ocasiones es difícil ponerse los zapatos de alguien que te queda tan lejos.
Como presenta Sade en su canción Pearls, hay una mujer en Somalia que es igual que yo pero que no vive como yo. Ella es mucho más fuerte, pero no por elección propia, sino porque no le ha quedado más remedio que endurecerse para sobrevivir. La supervivencia de esta mujer es sumamente complicada porque vive en un mundo que la odia y la reprime. Y, aunque es fuerte y valiente, llora y sufre como lo haríamos todas si existiera una fuerza tan grande que está por encima de la naturaleza y nos empuja hacia el suelo.
Hay una mujer en Afganistán, en Siria o en Somalia que es exactamente igual que yo. Tiene las mismas capacidades que yo. Tiene la misma personalidad que yo. Hablamos igual. Nos reímos igual. Nos gustan las mismas cosas. Nos emocionan los mismos temas. Tenemos los mismos sueños. Si la famosa teoría del doppelgänger de que todos tenemos un doble en el mundo fuera real, esa chica podría ser mi doble. Pero la única diferencia que existe entre nosotras es el sitio en el que nacimos. Y ella ha tenido la mala suerte de nacer en uno de esos países que deshumanizan a las mujeres, donde apenas tienen derechos. Y, aunque suene ególatra, es mucho más fácil ponerse en el lugar de alguien que asimilas como igual.
Angelina Jolie habló de esa mujer en su discurso cuando ganó un Oscar. Su reflexión invitaba a pensar en lo aleatoria que es la fama y el talento. A cualquiera le puede tocar nacer con un don para cualquier tipo de arte. Cualquiera puede estar destinado a hacerse mundialmente conocido por su trabajo. Pero este talento no se puede desarrollar de ninguna forma si el entorno que te rodea no te lo permite, por lo que estaríamos hablando de un boleto de lotería que no se puede cobrar.
Y aunque no solo hay que preocuparse por lo extraordinario —y cualquier persona en una situación desfavorecida merece nuestra atención— es cierto que pensarlo así nos da otra perspectiva. Quizás la razón por la que algunos triunfamos en algo es porque hay alguien mejor que nosotros que no ha podido tomar el mismo camino.

Según un informe de La coordinadora de organizaciones para el desarrollo, de los veinte peores países para nacer mujer, dieciséis se ubican en el continente africano. En muchos de estos países no pueden acceder a la educación en ningún momento de su vida. Y son los que llevan la delantera en el porcentaje de mutilación genital femenina.
En países bajo el régimen talibán, muchas niñas y mujeres han sido despojadas de sus vidas y derechos fundamentales. Esto truca por completo su educación y desarrollo personal. Por ello, en marzo, el mes de la mujer, es imperativo reivindicar el bienestar y el trato digno para todas ellas.


